Cinco motivos para reservar ya en El Cinco

El Cinco es lo último y a la vez lo primero del chef Josep Armenteros. Es su restaurante más personal; el más suyo. Está concebido como exquisito punto de encuentro donde picar, comer, cenar, copear y hasta bailar en esa Barcelona ‘diagonalera’ donde tantas horas eché entre las puertas del Pokin’s, los neones del Pippermint, los skaters del Turó Park, el Área Beethoven y su vecina Fibra Óptica. Todo ese bullicio está hoy en calma ante el predominio de Cafés con terracitas al sol, pastelerías venidas a menos, hipermercados, sucursales bancarias y, por fin, un 5 que devuelve cierta animación a ese polo de atracción que siempre ha sido la plaza Joan Llongueras.

Así las cosas, ahí van cinco motivos por los que deberías visitar o reservar ya mesa en esta reciente apertura en la zona alta de la ciudad:

  1. Su chef. De hombre en la sombra de cocineros de la talla del gran Carles Gaig y amigo para siempre de Ramon Freixa, Josep Armenteros pasa por fin al primer plano para liderar una ambiciosa propuesta culinaria que tiene por objeto recuperar el buen hacer de la cocina tradicional para ponerla al día en estudiadas presentaciones que no descuidan ni la calidad -léase el sabor- ni la cantidad.
  2. Su atípica carta. Sin rodeos ni enunciados de literatura barata, la carta de El Cinco va al grano. Pocos ingredientes, cero tipismos -la excelente croqueta de carrillera sería la excepción que confirma la regla-, casquería, largas cocciones, postres integrados como platos tan loables como el resto, ni un cebiche, ni un tataki… Por no hablar de los platos de cuchara de cada viernes, las sugerencias del día que surgen de la visita al mercado y ese menú de mediodía tan completo como económico.
    La jugosísima y crujiente croqueta de carrillera.

     

  3. Su cocina dulce. La sensibilidad de Armenteros para con los postres se evidencia en su destacada preeminencia en la carta y en el menú del día. Apuesta siempre por uno con fruta, otro con el mejor chocolate, un tercero de corte tradicional y un cuarto que rompe con todo lo anterior, teniendo también en cuenta esos ingredientes. Elección argumentada, nula improvisación y precisión bien ejecutada. Su equipo de pasteleros tienen en él al mejor maestro.
    Lingote de chocolate Araguani. Como un Snikers, pero en bueno.

     

  4. Su coctelería. La barra de la sala que se vislumbra desde la calle es sólo un aperitivo de lo que espera en la planta sótano. Otra barra que nunca se acaba, bartenders que disfrutan de sus creaciones, luces bajas, vinilos enmarcados, escenario repleto de sofás, baños de diseño, pista de baile… Un punto y aparte antes o después de la comida o cena; ideal parejas o grupos.
  5. Su puesta en escena. Hay aspectos intangibles que sólo aprecias cuando te abstraes un pelín de todo una vez en la mesa. Desde un gesto o detalle del personal a la premeditada ausencia de sumiller; del uso de una vajilla hecha a mano a la referencia embotellada única y solamente para El Cinco y que, por tanto, no podrás catar en otro lado. De las cómodas butacas a los productos de alta gama que el restaurante se gasta; de la terracita que está al caer al parking que facilita el acceso… ¿Sigo?·El Cinco. Plaza Joan Llongueras, 5. Barcelona.
    938 580 813.
    Precio medio: 35 euros. Menú de mediodía de lunes a viernes: 19,50 euros.


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Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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