Siete alternativas a la bechamel tradicional

Tanto si la leche te sienta mal, como si es la harina lo que detestas o tu bestia negra son las grasas saturadas de la mantequilla, puedes elaborar igualmente una señora bechamel casera prescindiendo de estos ingredientes. Incluso de todos a la vez. Los puristas dirán que a ese mejunje sin harina, leche o mantequilla no se le puede llamar bechamel porque no son lo mismo dos peras que dos manzanas, pero nosotros hemos decidido pasar de esas categorías y optar por salsas alternativas que funcionarán igual de bienque nuestra amiga la bechamel tradicional en croquetas, canelones, lasañas o verduras al horno.

Pero empecemos por las cantidades, que en este caso variarán en función de los ingredientes que elijamos y, por supuesto, en función de lo espesa o líquida que nos guste esta salsa o que requiera el plato en el que vamos a incluirla. Pero podríamos decir que las medidas estándar de una bechamel tradicional son medio litro de leche entera, 50 g de mantequilla a y otros 50 g de harina (algo más si vamos a elaborar unas croquetas). Partiendo de ahí, cada uno que adapte las cantidades a sus gustos y necesidades cuando se ponga manos a la obra con estas salsas alternativas mucho más ligeras y elegantes que la bechamel tradicional.

1- Sustituimos la leche por caldo de verduras casero. Y nos queda una bechamel fantástica para acompañar unas verduras al horno gratinadas o unas croquetas de verduras. De hecho, si hemos hervido un brócoli o una coliflor, una buena opción es preparar la bechamel con el caldo sobrante, un toque de harina y mantequilla, poner al horno a gratinar con un buen queso y… ¡delicia al canto!

2- Mantequilla por aceite de oliva. Sustituir las grasas saturadas de la mantequilla por las poliinsaturadas del aceite de oliva suele ser una buena idea. Nuestra recomendación es evitar el virgen extra y utilizar un aceite de oliva de sabor discreto, incluso uno de girasol o sésamo puede funcionar.

3- Leche por bebidas vegetales. Pero cuidado, porque buena parte de las leches vegetales tienen un sabor dulzón que tal vez siente mal al plato que estamos elaborando. Recomendamos evitar algunas de sabor muy marcado, como la de almendras, nueces, avellanas o avena, y optar por las de sabor más discreto, como la bebida vegetal de arroz o la de soja. Que sea ecológica y sin aditivos, pues las industriales suelen llevar azúcares añadidos que conviene evitar porque modificarán el sabor del plato.

4- Trigo por otros cereales. Podemos sustituir la harina de trigo por centeno, espelta, kamut, trigo sarraceno, arroz o cualquier otro cereal que nos siente mejor. Cambiará levemente el color de la bechamel, que tendrá un sabor, además, mucho menos harinoso y nos sentará infinitamente mejor.

5- Mantequilla por mantequilla vegana. Podemos comprarla hecha o elaborarla en casa, de manera que siempre tendremos nuestra mantequilla o margarina vegana lista para desayunar.

6- Harina por harina de garbanzos. Además de ser muy nutritiva y estar deliciosa, pues su sabor es discreto y apenas notaremos al diferencia con una bechamel tradicional, la harina de garbanzos no tiene gluten, de manera que es perfecta tanto para celíacos como para todos aquellos que en los últimos tiempos han decidido seguir la tendencia ‘gluten free’.

7- Tuneos al gusto. Una vez cogido el truco a tunear la bechamel, podemos ir improvisando en función del plato que vayamos a cocinar. Podemos elaborar, por poner un ejemplo, una bechamel de almendras con bebida vegetal y harina de este fruto seco, que será perfecta para algunos platos. Yo misma tuneo a menudo mis lasañas caseras, que las hago de cualquier cosa –como esta de espinacas–, con una bechamel suavísima de almendras que le da un toque fantástico al plato. Y muy discreto, tanto que incluso Élida, mi madre, que no es nada amiga de innovar ni en la cocina ni en la vida, se ha rendido a ella.

 

 

Laura Conde
Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.

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