En bicing a por el Butifarring

Eso que te levantas en Sant Gervasi, por decir algo, con esas ganas de costellada que asaltan de vez en cuando a cualquier barcelonés de pro. Y eso que sales a la calle y te pillas la última de la parada del bicing. Será para subir, que las barbacoas son cosa de Collserola. Pero no: se te pasaría el tiempo de la bici y además, como se sabe, el bicing sólo sirve para bajar, no para subir. O sea que, sin frenos, vas empalmando Via Augusta, Balmes, Pau Claris, Laietana y, venga, que sin comerlo ni beberlo ya te has plantado en la plaça de Sant Jaume. Y te preguntarás que pa qué, que no te suena que ni Mas, ni Trias hayan instalado allí ninguna parrilla ni nada que se le parezca. Pero sabes que un cierto olor a chamusquina te ha seducido cual melodía de flautista de Hamelín. Tachán: esa aroma de encina viene del Call. Montado en tu bicing, te acercas hasta el número 26 y, pam, ves el letrero: Butifarring. No hay duda: es tu día de suerte.

Butifarring exterior
Nos dicen que en una semana este cartel se ha fotografiado miles de veces

Apenas hace una semana que ha abierto Butifarring, que se presenta en sociedad como una bocadillería gourmet especializada en eso, en butifarras a la brasa. Su ideólogo, Eric Camps, maduraba esta idea desde 2006. Por su trabajo, Eric viaja por medio mundo —y siempre que puede, montado en bici, su pasión, más que la tuya con el bicing— y en cada rincón que para a comer espera encontrarse con el mejor bocadillo del planeta. En su memoria palatal triunfan los que le preparaba su padre, con cariño y conocimiento de causa. Pero Eric, obseso a partes iguales del sabor y de la higiene, no acababa de descubrir ningún bar que los sirviera a su gusto. Y fue entonces que se montó el suyo propio, junto con cuatro amigos-socios más. Uno de ellos, Albert Gómez, es además, por lo menos mientras dure la puesta a punto, el amo y señor de la parrilla del local, donde quema la encina que despierta tu pituitaria. Albert, ojo, es un tío formado en el CETT y que ha colaborado con Ferran Adrià y Martín Berasategui, entre muchos otros, según nos cuenta.

Butifarring i patates al caliu
Una butifarring bien acompañada de las patatas ‘al caliu’

Pues los de Butifarring están en esas, ensayando cómo conseguir el mejor bocadillo del mundo, en palabras de Eric, que no se anda con chiquitas. Por el momento lo intentan asociándose con productores que les distinguen de las bocadillerías fast food al uso. El pan, tierno, se lo sirve BonBlat, de Manlleu. La cerveza es artesana, de la Companyia Cervesera del Montseny. En el Penedès encontraron dos cosas: el cava (Mont Marçal) y lo que les da nombre, las butifarras. Se las elabora la charcutería Mitjans, de Olèrdola, bajo el asesoramiento de Albert. Por eso las butifarrings son piezas nunca vistas. Sí, está la clásica —”la que menos piden la gente de aquí y la que piden más los extranjeros”—, pero también la de queso azul Blau de Muntanyola y la de escalivada. Para quienes temen un exceso de grasas, existe la butifarra 100% pollo. La más increíble de todas, eso sí, es la desconcertante morcilla de tortilla de patatas, que se inspira en la morcilla de toda la vida, pero sustituyendo la sangre por huevos frescos batidos. Que no, que no la has probado nunca (y deberías). Además, periódicamente se renueva la butifarra de temporada: han empezado con la de calçots. Esta última es la más cara (5 euros), que ya me diréis. Y más si véis que las otras cuestan entre 3,90 y 4,50 euros. Pero lo que mola de verdad, lo que es realmente único, son esas patatas ‘al caliu’, asadas en la superparrilla de Albert, que te sirven en una cajita recubiertas de alioli o de salsa de bravas, según gustéis, customizadas por el mismo cocinero.

Esta bocadillería está limpia y ordenada —lo que decíamos, a Eric le obsesiona la limpieza— y atiende con el mismo esmero a guiris y a locales. Además se permite el lujazo de reservar las tardes del piso de arriba como espacio gastronómico para montar cursos, catas y eventos de esta guisa. Muerte al fast food sin glamour: aquí se puede entrar con la cabeza bien alta y salir con esa aroma a leña que despertará la envidia a la gente del curro: “Vaya, ¿tienes barbacoa en casa? Jopé, qué suerte”. Pues eso. Que si bajáis hasta el barrio Gòtic en bicing, practicar el Butifarring puede ser la mar de exciting. ¡Garantizading!

Lo mejor: vale, el local va de butifarras, pero las patatas ‘al caliu’ se están convirtiendo en su plato revelación, y no es porque sí.

Lo mejorable: ¡Algo más de postres!

Butifarring
C/ del Call, 26. Barcelona
Tel. 93 412 03 14

Precio medio: 8 euros (existen varios menús).
Desayuno: 3 euros (una flauta de ‘vidre’ con una butifarra, a escoger entre tres tipos, y un café).

Josep Sucarrats

Josep Sucarrats

Lo más fácil es que os lo encontréis comiendo, escribiendo o hablando, tres de las actividades que más le gustan practicar. Director de la revista gastronómica Cuina, también es colaborador habitual de Catalunya Ràdio, de la revista Time Out Barcelona y de varios medios más. Es coautor del libro ‘Històries de la Barcelona Gormanda’ (Angle Editorial, 2014) y de 'Teoria y práctica del vermut' (Now Books, 2015).

1 comentario
  1. Bon Post!! Però nen!. El botifarro negre (morcilla) d’ou amb patates, sobradament inventada com la nostrada Botifarra d’ou per Carnastoltes. Sols i mancaba posar-hi patates Botifarra de trutia de patates. Les altres famolts anys q han estat inventades.
    Salut i trempera!!

    Joan.

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