Todo lo que aprendí sobre el gin-tonic

Si bien muchas tendencias acostumbran a saturarnos y hasta a hacernos reír, hay que reconocer que la ‘gintonicmania‘ ha servido para mejorar en mucho la calidad y la oferta de las ginebras y para que las sirvan con más gracia en los bares… ¿Recuerdas esos vasos de tubo con el triple de licor que de refresco y con ese sabor más alcohólico que el de 90º? ¡Menudo suplicio hasta que lograbas equilibrar la mezcla! Ahora que ha cambiado tanto la cosa y que probablemente te hayas convertido en un aficionado a esta copa… ¿qué sabes del gin-tonic? Hace poco estuvimos en una masterclass, invitados por la ginebra Oxley, y esto fue lo que nos enseñaron.

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La ginebra ultrapremium Oxley, la única destilada en frío.

Para empezar… ¿alguna vez te has preguntado qué es la ginebra exactamente? Muy filosófica no es la cuestión, pero igual te pica la curiosidad. Pues se trata de un destilado de unos 37’5º con aroma predominante de bayas de enebro. El enebro o Juniperus comunis, por si te sigue interesando poco la filosofía en estos momentos, es un arbusto que da unos pequeños frutos redondos de color púrpura oscuro. Estos son la base aromática de cualquier ginebra, aunque luego le puedan añadir otros ingredientes al gusto. La destilación, por otra parte, es el proceso para obtener aromas y sabores en un líquido.

Existen tres grandes grupos de ginebra según su elaboración:

– Por Denominación de Origen. Sólo existen dos: Xoriguer (Mahón, Menorca) y Plymouth (se elabora en el convento Black Friars en Plymouth, en el suroeste de Reino Unido).

– Distilled & Blended. Se le añade un plus tras la destilación: azúcar, un macerado…

– London Dry. Elaboración clásica, una vez destilada no admite aditivos. Esta a su vez se subdivide en otros tres tipos: las destiladas con calor; la infusionada en vapor (como Bombay Sapphire) o las destiladas en frío (un sistema nuevo inventado por Oxley).

La fabricación de esta última es curiosa por innovadora, pues hasta ahora todas precisaban de calor para conseguir la ebullición. Este proceso afecta supuestamente el sabor de los botánicos, por ello, basándose en la Ley de Boyle y tras muchas investigaciones, lograron llevar el líquido a ebullición sin necesitar calor. En este punto los de letras nos perdemos por completo, pero el quid de la cuestión es que en un alambique especial al bajar la presión y la temperatura a -5º, pumba, eso se pone a hervir, el líquido se condensa en una sonda de frío y así se logra la ginebra. Claro, antes le han echado manualmente catorce botánicos, entre los que ya sabes que está… ‘voilà!’: el enebro. Otros: pieles de cítricos frescos, vainilla, un botánico inglés llamado Reina de los Prados, etc. El resultado es una ginebra artesanal (solo se elaboran 240 botellas al día), fresca y con los sabores botánicos muy presentes, intensos. Diríamos que es un paso más en la alta gama, una ginebra Ultra Premium que cuesta 57 € la botella y que se sirve en los locales más exclusivos.

La mejor manera de catar una ginebra para apreciar sus características por completo es tomarla sola, sin hielo, en una pequeña copa. Vamos, que hay que ser valiente si no estás acostumbrado a sabores tan fuertes. Para la cata olfativa, tras agitar el líquido es mejor esperar unos segundos para que se vaya la sensación alcohólica y que se aprecien las notas especiadas.

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Angostura de naranja, una rodaja de lima y un twist de lima kaffir, los ingredientes que harán más especial tu gin-tonic.

La parte que más suele gustar: ¿cómo se prepara un buen gin-tonic? El mejor ‘perfect serve’ según el bartender de Oxley es el que sigue la tradición y “busca la simpleza y no hacer macedonias”. Ante el debate de si mejor copa de balón o vaso old-fashioned, él prefiere el primero porque así no calientas la bebida con la mano. Al grano: comenzamos por verter en la copa unas gotas de angostura de naranja para aromatizar (mejor si se tiene un atomizador, con un flash sería suficiente). A continuación se enfría la copa con unos cuantos hielos, se elimina el exceso de agua y se llena toda la copa con cubitos (de esta manera logramos que el gin-tonic no quede tan aguado). Añadir 5 centilitros de ginebra y verter la ginebra acompañándola con una cuchara para no romper la burbuja (o directamente al hielo). Adornar con una rodaja entera de lima y añadir un twist de lima kaffir, típica del sudeste asiático (rallar muy poquito pues su aroma es muy potente y especial). Por último, remover una sola vez con suavidad para no romper el carbónico. Lista para servir y disfrutar.

 

 

 

 

 

Isabel Loscertales

Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.

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