Dónde y qué comer en Port Aventura… sin vértigo

APPPATHmediterraniabrportaventura-mediterraniaexteriores3Hace años que la alta cocina española ha adelantado a la francesa por la derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo. Por mucho que le pese a mi querida ‘expatriée’ Laia Zieger. Pero, ¿qué pasa con la cocina popular, nuestra razón de ser? Pues voy a ser sincero. Ni idea, porque no he comido lo suficiente en el país vecino como para dar una opinión más o menos fundamentada.

Pero sí os puedo decir que si los parques de atracciones más importantes de cada país fueran el espejo del alma gastronómica, ganaríamos por goleada otra vez. Estuve el año pasado en uno muy conocido de París y sufrí por el pobre Mickey, viejo amigo de mi infancia, y me pregunté cuándo los (algunos) franceses perdieron la ‘grandeur’ en los fogones. En cambio, cada vez que he ido a Port Aventura (y son unas cuantas ya), me he llevado una agradable sorpresa a la boca. El pasado fin de semana, sin ir más lejos.

Antes de que los gourmets quieran atarme a un asiento del Dragon Khan y dejarme ahí un día entero dando vueltas, debo avisar de antemano que no es este un destino gastronómico, y que por lo tanto hay que juzgarlo en su justa medida. Y que si se sabe qué y dónde comer, llegaréis a disfrutar en algunos momentos como me pasó a mí. Bien por las ensaladas, las hamburguesas de ternera, las patatas fritas que las acompañan (¡excelentes!) y por una paella y unos calamares de los que os paso a dar cuenta en esta gastrocrónica. Creo que un parque que recibe a 3,8 millones de visitantes al año y los trata gastronómicamente con respeto merece un post sobre lo que se que se come allí.

 

VIERNES

bufet port aventuraAparezco casi a traición a última hora de la noche tras salir de El Periódico de Catalunya. Como me alojaba en el hotel Gold River, tenía derecho al bufet libre nocturno. Lo primero que recibo es una sonrisa, nada que ver con el maldito “je suis desolée, la cuisine est fermé” que escucho tan a menudo al otro lado de los Pirineos. Ni una mueca, y eso que el personal debía de llevar bastantes horas de tralla en el cuerpo. Segunda sorpresa. En las bandejas no había sobras, restos, migas, cachitos sueltos. Me sentí reconfortado. Si pagas, aunque llegues el último, tienes derecho a que te traten igual que si eres el primero.

la foto 4 (1)La presentación del bufet mantenía la dignidad a pesar de la hora, todo estaba caliente y en buen estado aparente. Así que ataqué, plato en mano, varias de las propuestas, todas ellas sencillas. Cogí un poco de ensalada (bien), empanada gallega (bien de nuevo, la masa aguantaba como una campeona), verduras a la plancha (un poco sosas), una pizza (la base, fina, seguía crujiente), arroz Jambalaya con salchichas, tomate, cebolla y especias (me pareció un milagro que casi a las 11 de la noche no fuera un pastiche, aunque tampoco era el mejor arroz que he comido en mi vida, cierto) y una hamburguesa (no, no era un zapato, sino una pieza tierna de una calidad similar a la que como en casa). De postre, escogí un kiwi tamaño XL y una manzana muy sabrosa. Me fui a la cama contento. Me parecía, como así fue, que no iba a sufrir mucho por la manduca.

 

SÁBADO

la foto 3Por la mañana, de nuevo me tocó ir al bufet: unos trocitos de tortilla de patata, un yogur y un zumo de naranja (de bote, sí, pero no el líquido ese de color que sabe a medicina que se estila en establecimientos con centenares de clientes). Un desayuno digno y ligero para afrontar una matinal con Dragon Khan y Stampida en la agenda, además del ‘show’ de Polinesia Aves del paraíso, con pájaros y pajarracos increíbles.

la foto 4la foto 2A la hora de comer, con la adrenalina a niveles algo elevados, me planté en el Racó de Mar, en la zona del Mediterráneo, del que tenía un excelente recuerdo de mi última visita, hará ya un par de años. De este notable restaurante recordaba su paella, así que la volví a pedir. Y volvió a convencerme por su potente sabor. ¿Cuántos establecimientos son incapaces de servir una así? Aluciné también con los calamares a la andaluza, rebozados con harina de pescado, tiernos, nada grasientos… Memorables,  la verdad. ¿Para qué el limón o la mayonesa si estaban tan buenos, si hacía años, ¡años! que no probaba unos ejemplares así de ricos?

la foto 5Me sorprendió también la focaccia de queso de Brecco con pesto rojo y piñones por su suavidad y finura. Y flipé con la ensalada mediterránea en la que no se escatima nada; con fundamento, como diría Karlos Arguiñano: mezclum de lechugas, tomate, aceitunas, naranja, anchoa, una picadita de almendras, atún y huevo duro con vinagreta… Los canelones caseros que se zamparon mis hijos llevaban una bechamel de vicio. Solo me falló el lomo de bacalao con muselina de pimiento; no me convenció por su textura, se desmigaba con mucha facilidad para mi gusto.

 

la foto 4 (2)A la hora de la cena, cambié el bufet por un vale ‘dine around’ (según el hotel varía entre 20 y 22 euros) para el restaurante Grand Opera, que está junto al Gold River y al que pueden acceder cualquier persona; no es obligatorio que sea cliente del hotel o visitante del parque. Se accede a través del hotel y ya está. La carta del Grand Opera es corta y tiene un aire entre tex-mex y yanqui. Aposté por el combo que incluía los jalapeños, los aros con cebolla, los nachos gratinados (soy un comedor compulsivo de nachos, lo admito) y las alitas de pollo, tiernas, jugosas, sabrosas. Sensacionales.

la foto 2 (3)Vicio total, pringue en los dedos, en la boca y en el estómago que quise compensar con la ensalada César, cuya lechuga me sorprendió por su carnosidad y frescura. También ataqué una hamburguesa con queso y cebolla confitada cuyo pan se había pasado por la plancha para que fuera más crujiente; venía acompañada con patatas fritas, acaso mejores que las del bufet. El solomillo de ternera con foie, patatas trufadas y salsa de moscatel, el plato más elaborado, no me gustó tanto a pesar de que estaba muy tierno porque lo presentaron con un corte muy grueso que lo hacía incómodo de comer. El kiwi de postre estaba, simplemente, perfecto.

 

DOMINGO

la foto 1 (4)Tras otro desayuno ligero en el bufet del Gold River, visita al Furius Baco, ese acelerador de partículas humanas. Ya con todo en su sitio, me acerqué a comer al Iron Horse, en la zona del Far West: cocina americana. No soy de costillas con salsa barbacoa, así que las evité y pedí los viciosos nachos, una ensalada de salmón de lo más refrescante y volví a refugiarme en la hamburguesa. En este caso, la BBQ Premium Cheese Burger para ver si siendo más gruesa que la del Grand Opera y con el beicon también funcionaba bien. Excelente también, como lo eran las patatas especiadas con pimentón rojo y cúrcuma. Iba también acompañada de una miniensalada de col, así que esta propuesta, que cuesta 15,8 euros, se puede tomar como plato único al que solo faltaría añadir la bebida para salir servido de ahí.

la foto 2 (5)También probé el Club Sandwich (cuatro cuartos de pollo emparedados en pan de molde crujiente) que venía con su correspondiente guarnición. Ganó de nuevo la hamburguesa. Un sorbete de limón con vodka remató la comida.

Descansé un rato al salir en la zona de Barrio Sésamo mientras mis zagales iban y venían de un tobogán a otro, justo antes de disfrutar de un impresionate Rock Simphony-Mistery , a medio camino entre la ópera rock y el Cirque du Soleil.
De vuelta a casa llamé al masterchef del parque, Jaume Solé, para felicitarle. Dar de comer bien a unas 30.000 personas cada fin de semana, que son las que visitan Port Aventura de media, y preparar un bufet para que desayunen unas 1.000 personas o para que cenen unas 600 solo en el Gold River es para quitarse el sombrero. Me contó que trabajan con muchísimo producto local (de ahí la frescura de las lechugas, la calidad de las hamburguesas, la apuesta por las buenas patatas  para la guarnición…), que tienen menús para celiacos, que dirige un ejército de unos 400 cocineros que sirven en 80 puntos de restauración (casi 50 en el parque, 4 de carta con menús exprés de 22 euros, varios más de frutas y yogures porque quieren servir ‘fast good’, unos cuantos más en hoteles y centro de convenciones)… Y entonces me di cuenta de que tiene mucho mérito ese trabajo.

Pienso en los aeropuertos y hospitales, por donde pasa también mucha gente al cabo del año, y que tampoco son destinos gourmet, y en cambio, comer allí sí es como subirse a una montaña rusa. En Port Aventura, en cambio, el vértigo queda para el Dragon Khan, el Hurakan Condor, el Furious Baco, el Stampida y el Shambhala, que ya es mucho.

 

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

6 Comments
  1. La verdad es que mi experiencia comiendo en Port Aventura no es tan buena como montando en las diferentes atracciones con los enanos… Me quedo con esa foto del arrocito que probasteis.

  2. Te ha pagado alguien de port aventura para decir tanta mentira, solo se come basura, comparado a disney que hay hasta marisquerias y un restaurante con estrella michelin, los camaReros en port aventura son todo aprendices de menos de 20 años de edad con un sin fin de errores en el servicio.
    Me hace gracias que lo compares siempre con disney, sera que port aventura te lo ha pedido a cambio de una recompensa!

  3. Francamente, me troncho cuando ejemplifica su opinión de que España supere a Francia en lo gastronómico con nada menos que… la restauración de los parques de atracciones (que dicho sea de paso siguen el modelo americano, por lo que son ejemplos irrelevantes), que es de lo peor que se puede encontrar en ambos países. Está claro que cada uno puede encontrar la felicidad donde quiere, pero me asombra que se quede pasmado ante un desayuno de huevo revuelto con tres salchichas de supermercado. Por mi parte, la única emoción que me causa la comida basura a precio de oro, tanto por un lado del Pirineo como por el otro, es una legítima indignación ante el atraco perpetrado y la mancha al buen nombre de dos grandes países gastronómicos.

  4. Hola, hoy mismo hemos ido a probar esa paella que me atraía mucho tras leer este post, y no dudo que hace años fuera así, pero a día de hoy (2017), es completamente insípida, nos hemos llevado una buena decepción…, Eso si, la focaccia de queso muy rica.
    Saludos!

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