No está ‘Malamén’

Autodefinición de Malamén: “bendita bodega” (o así reza su cartel). Y poca cosa más podríamos añadir. Porque si por nosotros fuera, le dedicaríamos un rosario.

Bendita sorpresa: Malamén (por la unión de ‘mal’ y ‘amén, pero también porque en catalán significa ‘mal’) es uno de los grandes descubrimientos de los últimos meses (abrió a principios de año). Te esperas un local de modernos más. Uno más. Y sí, efectivamente, es un local de modernos. Pero también un formidable bar-restaurante para todo gourmet que se precie y que aprecie la restauración simple pero de nivelazo con toques creativos, tanto en sabor como en estética. Destaca por la calidad de los ingredientes de temporada empleados. “A través de nuestros platos, lo que hemos querido es rendir tributo a la cocina de nuestras madres y abuelas con productos del día que trabajamos con técnicas originarias de donde son cada uno de los miembros del equipo: Venezuela, Suecia, Pamplona,…”, explica Humberto Cruz, alma máter de Malamén . Una señal de que este local se convertirá en una referencia en la ciudad es que en menos de 6 meses ya está entre los más valorados por los usuarios de Tripadvisor.

Bendito sea su interiorismo: Acogedor y con vitrinas repletas de botellas; espejos dispuestos como un puzzle; una larga barra de mármol en torno a la que sucede la vida del restaurante; lámparas de diseño minimalista con luz calidad… Desde la puerta de entrada del local, en la que reina un neón rosa estilo graffiti que podría hacer alusión al infierno (aunque este local es más bien el paraíso), hasta la tapa del váter todo está cuidado y dispuesto con gusto y cariño. Tanto es así que nos preguntamos cuánto tiempo tardarán en aparecer como it-place en una revista especializada para gente estilosa y ‘pastosa’. La decoración es obra, en gran parte, de Humberto, apasionado del interiorismo.

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Bendita sea su gente: El equipo entregado y muy cercano está compuesto por personas de todo el mundo, guapas y muy cool. Aquí nada falla, ni el peinado o ‘look’ de los profesionales de sala o cocina, ni la sonrisa de anuncio que esboza cada uno de ellos, ni su servicio,buen humor o pasión. Todo parece sencillo y todo parece fluir, una delicia para el comensal. Además, se prodigan en consejos y explicaciones en torno a cada plato y vino, disfrutando de este protagonismo como enanos y contagiando este ‘buen rollo’ a lo largo de toda la comida. “No tenemos ningún tipo de pretensiones. Siempre nos ha gustado montar cenas en casa y nuestros invitados nos preguntaban por qué no abríamos un restaurante. Pues esto hemos hecho. Y es un placer ver a la gente disfrutar”, confiesa Daniel Gallego uno de los dos socios de Malamén.

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Bendita su cocina: desde la sala se puede observar esta coreografía única y perfectamente dominada que hace funcionar la cocina de un restaurante, en este caso a la vista de todos a modo de ventana indiscreta. La tentación de seguir mirando es aún mayor ya que la abertura que asegura el show es donde el chef sueco, David Elfstrand (habitual de los fogones de la alta gastronomía) da el último toque a sus recetas, ese que les hace mágicos tanto para el paladar como para la vista (los platos, abundantes y muy variados, son presentados como obras de colores, texturas, formas, etc.).

Bendito sea Malamén. Y amén.

 

 

He aquí una pequeña muestra de lo que paso por nuestra mesa:

  • Las croquetas son simplemente espectaculares y seguro que muy pronto encabezarán los rankings dedicados a esta especialidad (seduciendo el morro fino de la mismísima autora de La felicidad en una croqueta, mi querida Laura Conde). Su relleno cambia cada día, según los productos del mercado y la inspiración del chef. Probamos la de bresaola y la de calamar en su tinta, ambas con mucha chicha y mucho sabor.

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  • Esa bonita creación era un espléndido tomate raf relleno de arenque ahumado, cebolla roja y crema de queso.

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  • El solomillo de buey se rendía al cuchillo sin resistencia y se derretía en boca, soltando todo el jugo de la cocción para hacer feliz a las papilas. En este momento, dejé de existir para mi marido (con el que compartía velada) y supe que me prefería su trozo de carne. Y lo llegue a entender cuando hinque el diente a la chicha servida con patata confitada, aro de cebolla en tempura y mantequilla de tomate seco.

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  • Otro plato interesante resultó ser el tartar vegano que ya desprendía un seductor aroma vegetal cuando lo dejaron en la mesa, como una invitación a hacer la boca agua. Remolacha, crudité, mostaza de elaboración propia al miso y tostadas caseras. Siguió un insuperable  lomo de atún con chimichurri ahumado.

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  • Pensé que había tocado el cielo cuando probé esta tarta de queso Idiázabal con crumble de avena y nueces. Potente y suave a la vez, con cuerpo cremoso y muy ligera a la digestión.

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  • La tartaleta de chocolate mole (acompañada de dulce de leche, avellanas, especias, chile y crema fresca) olía a misa… y sabía a paraíso.

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Malamén

Calle Blai, 53 – Barcelona

Tel. 932 52 77 63

Precio medio: a partir de 25 euros.

 

Laia Zieger
Laia Zieger

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que ha trabajado en El País y El Periódico de Catalunya, colabora con medios de ambos lados del Pirineo, y coordina el portal www.vinovidavici.com. Es autora del libro ‘Portraits de Barcelone’ (Hikari Editions, 2016).

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