La grappa que despierta y gradúa todas las emociones

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La grappa que despierta y gradúa todas las emociones

Conocí a Giannola Nonino en Barcelona cuando aún no tenía la menor idea de la existencia del Premio asociado a su grappa. La entrevisté para El Mundo y me cautivó su llaneza. Es expansiva en sus formas, afectuosa en sus actos y muy brava, ya no sólo en el sentido más italiano de la palabra. Conectamos. Enseguida supe que querría reencontrarla.

He tenido la oportunidad de hacerlo recientemente con motivo de la 42ª edición del Premio Nonino en el que ejerce de anfitriona junto a su marido Benito y sus hijas Cristina, Antonella y Elisabetta. Una cita que es todo un acontecimiento reservado para bastantes privilegiados. Ríete tú del premio Planeta o los de Protagonistas. Nada que ver ni que se le parezca. Tampoco se paraliza Italia, pero sí ese refugio del Friuli donde se encuentra Ronchi di Percoto y se elabora de forma artesanal la mejor grappa.

La convocatoria se prolonga durante dos jornadas en las que estás continuamente compartiendo mesa. En la bienvenida que te permite conocer a los premiados -ojo que los Nonino se han adelantado hasta en cinco ocasiones a los Nobel-; en la cena de recepción de invitados; en la ceremonia de gala de entrega de los premios; en la despedida… Y en cada mesa, además de las grappas de la casa con sus diferentes graduaciones y sus respectivas ‘reservas’, siempre una selección ottima de aperitivos y platos de la gastronomía italiana.

De la tradicional y de la contemporánea. De la de un dos estrellas Michelin a la de raíces de una trattoria de cocina friuliana. Este año servían el D’O de Davide Oldani y el Da Toni de Varmo, a los que puso la guinda la sacher vienesa capricho de Benito Nonino. Pero también los bomboloni, los bombones, las frutas caramelizadas, los marrons glacés y las benditas chiacchiere… El maridaje, huelga decirlo, incluía grappa, champán, vino tinto, vino blanco y cócteles a discreción.

Más allá del festín y de la fiesta, ambos continuos, cabe destacar la implicación de la familia Nonino para que el día D no falte nada ni nadie. Del primero al último de los miembros de la cuarta, quinta e incluso sexta generación de la saga, todos intervienen en la celebración de un premio que este año ha distinguido a Alain Touraine, Lars Gustafsson, la asociación Nati per Leggere y los viticultores Simonit & Sirch. Como una secuencia salida de Sonrisas y lágrimas, la gala de entrega de galardones presenta todos los alicientes para la risa, la sonrisa, la emoción y la lágrima. Incluso la localización y la escenografía son de película.

Entre los coros y los músicos profesionales, los bailes tradicionales, los alambiques a pleno rendimiento, las crêpes flambleadas y la grappa de copa en copa, cuesta poner el punto y final a la ceremonia. Me pregunto cómo debió acabar aquí en su día Marcello Mastroiani, quien en otra fiesta en París acabó arrodillado ante Giannola Nonino por elaborar “la mejor grappa del mundo”. La acababa de conocer. Como yo hará ahora cinco meses. Son encuentros que marcan. Como cuando acudes a tu primer Premio Nonino, aunque sólo sea como mero pero privilegiadísimo invitado.

 

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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