Gresca Bar, amor por los vinos naturales

Hace algo más de tres meses que Rafa Peña, alma de Gresca, amplió su restaurante para dar cabida a un bar à vins donde los vinos naturales son los protagonistas absolutos. Y así nació Gresca Bar, el “hermano pequeño” de uno de los grandes clásicos barceloneses, esos que no aparecen en listas soleadas ni estrelladas pero que los entendidos aplauden de manera unánime.

El 80% de la carta de Gresca Bar son caldos naturales en un local que –significativo- no cuenta con tirador de cerveza. “Se trata de una cuestión de filosofía y de gusto personal”, explica Peña, que defiende que una vez adentrado en los vinos naturales –más limpios, más vivos– ­no se puede volver atrás. “Aunque contamos con algunos elaborados de manera convencional y con cerveza, lo que buscamos es reivindicar y dar a conocer los vinos que nos enamoran”, explica.

Su bodega suele albergar unas 400 botellas, de las que se encuentran disponibles por copas unas 14 referencias. “Intentamos tener tanto perfiles avanzados como otros más básicos para facilitar la iniciación en este tipo de vinos”, matiza Peña. Se nota en la pasión y la simpatía con que Sergi Puig, sumiller, propone y explica cada copa.

Y aunque la gran estrella de Gresca Bar son los vinos, en la parte sólida de la carta no faltan opciones a la altura de lo que se bebe. Algo tan ¿sencillo? como el pan con tomate resulta ya una declaración de intenciones: apología del buen producto.

Su versión de la ensaladilla rusa con verduras de temporada; el bikini de queso comté y lomo ibérico –intensidad y lujuria–; o la estupenda col marinada con vinagre, parmesano, frutos secos y mayonesa de alcaparras dan fe de ello.

Pan de barra cortado muy fino a cuchillo, panceta aun más fina, lomo ibérico y queso comté.

Gresca Bar es el sueño cumplido de Peña. Una idea que se fue fraguando lentamente a lo largo de muchos viajes a Francia motivados por su amor a los vinos, y que pudo hacerse realidad hace unos meses cuando el local contiguo al que ocupa su restaurante en la calle Provença desde hace diez años quedó libre.

Tomada la decisión, fue cuestión de unir ambos espacios por la trasera, donde ahora se ubica la cocina que da servicio a ambas zonas. El “nuevo Gresca”, el resultado de la anexión del bar à vins al restaurante, ocupa 170 metros y tiene capacidad para unos 50 comensales. El bar cuenta con seis pequeñas mesas y dos zonas de barra –una en la entrada del local y otra que mira directamente a la cocina.

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Montadito de anguila con “pickle”, crema agria y rúcula sobre brioche. La col nunca ha sido tan sexy.

De momento, Gresca Bar permanece cerrado los martes y miércoles, aunque en breve pasará a abrir todos los días de la semana. Y Barcelona agradecerá tener más días a su disposición una de las nuevas joyas del Eixample.

Gresca Bar
Provença, 230.
Tel. 93 451 61 93.

 

 

 

 

Alba Laguna

Alba Laguna

Barcelonesa de adopción con DO valenciana, trufista y quesera devota. Entre el periodismo y la comunicación, pero siempre con la vista puesta en la buena mesa. La encontrarás fácilmente en algún bar de toda la vida o indagando nuevos sitios donde comer.

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