Tres hotelazos de Marrakech para darse un festín

Hay hoteles en Marrakech que constituyen un destino en sí mismos. Tanto es así que lo mejor que puedes hacer en ellos es encerrarte y dejar la ciudad para otro momento o directamente para otra escapada porque lo tienen todo. Cierto es que en plan gastronomista lo que más te interesará es conocer y degustar su respectiva oferta gastronómica pero es que es tan amplia en cada caso que necesitarás horas para evaluarlas todas. Si en lugar de entregarte al hedonismo, lo que te pide el cuerpo es callejear e ir de bocado en bocado en pleno bullicio urbano, sigue mejor la ruta que resiguió el colega Ferran Imedio en la misma ciudad marroquí.

Volviendo a mi periplo por esos hotelazos que cuentan su extensión por hectáreas y el número de restaurantes con los dedos de casi toda una mano, veréis que a los tres reseñados podréis acceder sin necesidad de alojaros, por lo que podéis comer en uno, cenar en otro e incluso tomar una copa o un té marroquí en el último de la lista. Si os lo podéis permitir, y recuerdo por ello que tanto la celebración de Año Nuevo como el Día de Reyes están a la vuelta de la esquina, no dudéis en despertaros en uno de ellos en vuestra visita a Marrakech. Los tres son un lujazo.

  • La Mamounia. Desde que vi por primera vez sus interiores aunque fuera fugazmente en El hombre que sabía demasiado, supe que valía la pena pisarlo. Recorrer sus pasillos y sus cuidadísimos jardines, pero también descubrir su bar Churchill in situ, disfrutar de su pastelería al aire libre o de un cóctel en la terraza del Italiano como recomendaba igualmente por aquí  Laia Zieger.
    Camino de su primer centenario, La Mamounia se ha renovado varias veces desde que apareciera en la película de Hitchcock sin perder su majestuosidad. Puedes palpar la Historia en sus paredes, dejarte la vista en su azul Majorelle, sus columnas, sus fuentes (de vida) y sus cristales; envolverte de los aromas de sus árboles frutales y de su huerto de hierbas; y, cómo no, saborear la cultura gastronómica propia. Desde el recibimiento con una buenísima leche de almendras casera acompañada de dátiles hasta las pastelas, el cous-cous y los tajines del restaurante marroquí, apartado lo justo del inmueble principal para dotarlo de mayor singularidad. La carta se reduce a una sucesión de los platos más típicos del recetario marroquí, servidos en generosas raciones desde el aperitivo al postre. Es precisamente en el apartado dulce donde el chef local se permite más licencias creativas. Intimidad en las mesas, música folclórica de fondo y respeto a las tradiciones como filosofía vital de esta cocina.
    En los restaurantes italiano y francés se hace una evidente concesión a dos de los culinarios mejor valorados a nivel internacional, lo que llevaría a replantearnos para cuándo por cierto un guiño al español…
    Junto a la piscina, en La Mamounia sirven una cocina de producto y aires mediterráneos que conviene complementar con una sobremesa al sol porque en Marrakech rara vez te hará mal tiempo. Y aunque lloviera, te aseguro que a este hotelazo siempre le pondrías buena cara. Sumérgete sino en su spa y ya contarás. Avenue Prince Boulay Rachid. (Fotos La Mamounia: Alan Keohane).
Le Francais La Mamounia
Le Français, uno de los cuatro restaurantes de La Mamounia, que además cuenta con dos coctelerías.

 

  • Royal Mansour. Entre villas y riads transcurre la vida de este hotel rodeado de olivos y casi pegado a la mezquita Kutubía, por la que acabarás pasando tarde o temprano. Resguardado del desesperante tráfico urbano que bordea la medina, el Royal Mansour sirve de oasis para celebrities que encuentran aquí la intimidad que buscan, por lo que no te extrañe estar en el restaurante Le Jardin, magníficamente asesorado por el chef Yannick Alléno, y descubrir quién se sienta en la mesa de al lado. Irás del Oh! al Wow! más descarado…
    Palabras mayores para la propuesta de fine dining que representa Le Grande Table Marocaine, donde podrás sentarte a compartir mil y una delicias de autor cual tapitas, especialmente en la mesa comunitaria. Lástima, eso sí, que sólo abra en horario nocturno para favorecer el rodaje de otros emplazamientos llamados a despertar el interés de un cliente sumamente exigente. Tanto el restaurante francés como el de cocina marroquí que quedan junto a la entrada defienden bien sus cartas sin excesivos alardes. Corrección ante todo.
    No te vayas sin deleitar al menos la vista con la espléndida vitrina dedicada a la cocina dulce supervisada también por Alléno, como las propuestas de casual food de su spa con vistas y esa coctelería para ensimismarse ya no sólo con las diferentes copas. Rue Abou Abbas El Sebti. 

la-grande-table-marocaine_royal-mansour

 

  • Mandarin Oriental. Está un pelín apartado de ese armónico caos que distingue a Marrakech entre todas las cosas, pero si lo que buscas precisamente es desconectar rodeado de lujos, éste es tu sitio. Escápate sobre todo de día para disfrutar de la luz de sus campos, de las aguas de su lago y de los colores que sutilmente rompen con el imperante blanco y negro.
    Su doble oferta gastronómica de autor apuesta como siempre suele hacerlo esta cadena por nombres que, o bien se circunscriben a la cultura local o bien acercan culinarios lejanos en virtud de su alcance internacional. En este caso, para su restaurante Mes’Lalla, el Mandarin Oriental ha apostado por la personalísima cocina de Meryem Cherkaoui. La chef firma una carta de platos que a partir del legado tradicional exhiben su carácter y su creatividad ante la riqueza de la despensa marroquí.
    Los panes y resto de masas son apreciablemente caseras, al igual que esos dulces o petit fours que no empalagan al término de la experiencia. A tener en cuenta la bodega, la música en vivo y ese servicio tan marca de la casa.
    Si en lugar de empaparte bien de la cultura que te recibe prefieres optar por el célebre estilo chino de Hakkasan, pásate mejor por el Ling Ling, la izakaya de cocina vista, música dj y gran ambiente hasta la madrugada. Piensa que la cama la puedes tener tan cerca que no te importará que se haga de día.
    Junto a esos dos tótems están también la cocina mediterránea que se despliega en las mesas de la piscina exterior donde el tiempo siempre acompaña, y Le Salon Berbère, para atender a las apetencias más comunes. Route du Golf Royal.
meslalla mandarin oriental
El restaurante de cocina marroquí Mes’Lalla, en el Mandarin Oriental Marrakech.

 

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Belén Parra

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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