Las rosquillas de tía Pili

Cuando en la casa del pueblo hacemos reunión familiar para tomar café y aparece mi tía Pili con una bandeja de rosquillas, se oye un conjunto de exclamaciones a cual más elocuente, desde un simple pero expresivo ¡ohhh! al “jo, yo estaba a dieta” (estaba, en pasado) o mi petición de siempre: me tienes que pasar la receta.

Es uno de mis propósitos -no sé si llegaré a cumplirlo algún día-, recopilar todas las recetas familiares. Al menos, recoger algunas aquí me ayuda a que no se pierdan. Porque esta receta es viejuna donde las haya, por lo visto mi abuela -a la que apenas conocí- era toda una experta y mi tía Pili heredó su gracia haciéndolas. Escrita en un papel a punto de desintegrarse, llama la atención porque en lugar de dar el peso de los ingredientes, la medida se realiza con media cáscara de huevo… ¡supongo que en los años 40 no debían haber muchas básculas de cocina en los hogares! Y quizás por ese motivo se requiera hacerlas una y otra vez para alcanzar el ojo experto de mi tía Pili. Por cierto, que también he alucinado con uno de los ingredientes: ¡gaseosa de sobre! ¿Os atrevéis con una receta de las de antes?

Ingredientes:

6 huevos

5 medias cáscaras* de licor de anís

5 medias cáscaras* de aceite de oliva

7 medias cáscaras* de leche

7 gaseosas

10 cucharadas de azúcar

la ralladura de naranja y media

harina “hasta endurar” (hasta el vocabulario de la receta es viejuno)

aceite para freír y azúcar opcional para el toque final

** coger media cáscara de uno de los huevos empleados (una de tamaño mediano) para que nos sirva de medidor de los ingredientes.

Elaboración:

La única explicación que tiene anotada la receta es la siguiente: “batir los huevos con el azúcar pero poco”. Entendemos que a esa mezcla se añade el anís, el aceite, la leche, los sobres de gaseosa, la ralladura de naranja y, por último, la harina hasta que la masa se endurezca. “Pero que no quede una piedra”, me dice, “solo hasta que no se te quede la masa pegada en los dedos”.

Me explica que luego hay que hacer porciones pequeñas y con los dedos se agujerean en medio para dar forma a la rosquilla justo antes de freírlas en abundante aceite. Al sacarlas de la sartén, ponerlas en un plato con papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.

Opcionalmente se pueden acabar con un ligero rebozado de azúcar: para ello primero hay que mojar muy rápidamente la rosquilla en un bol con agua y meterla luego en otro bol de azúcar, también rápidamente para que no se lleve más de la cuenta.

 

Isabel Loscertales
Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.

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