Last Monkey: lo más grande de Asia es mini

Pues hay gente que disfruta complicándose la vida. En el pasado, Stefano Mazza fue director de arte en una agencia de publicidad de Milán que le pagaba un pastón, pero, total, pa qué, si no lo podía disfrutar. Vino para Barcelona y estuvo trabajando 11 años como grafista en TV3. Un amigo que curró por aquel entonces con él me aseguró (sin mentir): “Era el mejor del equipo”. Pero Stefano metía los cuernos a la tele estudiando cocina. Hasta que acabó trabajando entre fogones.

Stefano, el alma mater de un proyecto más enorme de lo que parece.

No esperéis una carrera entre estrellas (aunque le fichó Paco Guzmán en los tiempos del Santa), sino un tipo que se pelea para hacer bien, casi perfecto, todo lo que hace. Acabó abriendo un italiano en Sant Gervasi (La Piccolina, nombre muy propio para un local de 10 m2) que dirigía él solito. Cuando la cosa no daba ya más de sí, buscó aires nuevos y acabó en el barrio de Sant Antoni. “Salí de mi zona de confort: ¿por qué insistir en la cocina italiana? Sí, ya sé que gusta a todo el mundo. Pero en Sant Antoni no había casi oferta asiática”. Recuperó lo que había aprendido de un antiguo jefe suyo, el chef estadounidense Thang Phgam: hay que ser irreverente, atreverse a fusionar, a crear y a encontrar una personalidad propia.

La sopa de soja con su dumpling fue un incio buenísimo.

Hace casi un año abrió Last Monkey. Un pequeño local en la parte baja de la calle Comte Borrell. Reformado, decorado, diseñado y conceptualizado por él, que trabaja consigo mismo en la cocina (con una pequeña ayuda los fines de semana) y sin casi equipo de sala, aunque muy eficiente. En la minúscula cocina de 4,20 m2, se mueve como pez en el agua, a pesar de que lo único que no es minúsculo en todo el restaurante es él.

A la dcha., la berenjena confitada, su plato estella. A la izquiera, el mini ‘wonton’ frito de ‘pulen pork’.

Porque los platos que sirve también son enormes. Muy a su estilo, cuando se propuso aprender a cocinar a la asiática manera, lo aprendió a fondo.  Y su carta, sorprendentemente variada atendiendo a las dimensiones del local y del equipo, es una fuente de buenas sorpresas.

El ‘gyozellino’ conecta la Italia natal de Stefano con la cocina asiática que ahora le inspira.

Nos presentó unas bravas Tokyo-Mumbai que nos hicieron olvidar las locales. La mini sopa de soja con dumpling fue reparadora en ese día de primavera lluvioso. Nos encantó su fantasía italo-oriental: un gyozellyno de ricotta y espinacas, cual tortellino relleno, pero con soja coreana fermentada y mayo de kimchi. Nos sorprendió que consiguiera su plato estrella con una receta vegetariana (la berenjena confitada en aceite y soja con salsa ‘sweet’ chili).  Unos adictivos boqueroncitos crujientes con sichimi togurashi y algas y el mini tartar coreano de vaca vieja demostraron su domino del pescado y de la carne.

El ambiente del local, como todo lo demás, es también obra de Stefano.

Llegó la cuenta y regresamos a lo minúsculo: ¡26 euros! Alcanzar los 30 euros en este restaurante moderno y creativo es una proeza. “Bueno, todo me lo he hecho yo, me ahorro muchos costes y la cocina asiática no debería ser especialmente cara”, dice con naturalidad. Qué grande y que mini es a la vez Last Monkey.

Last Monkey

Cómo llegar

Carrer Comte Borrell, 70. Barcelona.
Tel. 93 532 89 95
www.lastmonkey-bcn.com

Cenas de lunes a sábado. Comidas viernes y sábado.
Precio medio: 25 €.

Josep Sucarrats
Josep Sucarrats

Lo más fácil es que os lo encontréis comiendo, escribiendo o hablando, tres de las actividades que más le gustan practicar. Director de la revista gastronómica Cuina, también es colaborador habitual de Catalunya Ràdio, de la revista Time Out Barcelona y de varios medios más. Es coautor del libro ‘Històries de la Barcelona Gormanda’ (Angle Editorial, 2014) y de 'Teoria y práctica del vermut' (Now Books, 2015).

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