“¿Quién es el último?”

No sé hasta qué punto conviene recomendar o hablar de esos restaurantes con los que no va la crisis. Me refiero a esos que registran llenos a diario. Son probablemente más fenómeno social que gastronómico, pero tampoco se deberá comer tan mal en ellos cuando pueden renunciar incluso a las reservas. Tanta gente no puede estar equivocada. ¿O sí? Traslado mi curiosidad tanto a aquellos que los frecuentan como a quienes crean conocer el secreto de su éxito. Éste es un pequeño muestreo de una realidad que me rodea, que seguramente se quede corta (sería una buena señal para el sector) y que con toda probabilidad se refleje en otras ciudades. Desde aquí emplazo a mi colega Javier Sánchez a que aporte su pequeña lista de esos establecimientos ‘llenos hasta la bandera’ en Madrid. Hete aquí aquellos, de corte gastronomista, en los que no cabe un alfiler en Barcelona:

 

PACO MERALGO. Coged cualquier día de la semana, sea para comer o para cenar, y deberéis tener cuidado al abrir (y cerrar) la puerta. Básicamente para no topar, sin querer, con nadie de dentro (ni de fuera). Eso, si habéis conseguido un taburete de esos altos -estáis en una “Alta Taberna” (sic.)- antes que cuantos, al igual que vosotros, también han decidido picotear en el lugar. La cocina no tiene más truco que la inmediatez y la pequeña ración de cocina tradicional catalana a precio razonable. Tapeo puro y duro a la orden del día (¿alguien por aquí aún recuerda los clásicos del primerísimo L’Olivé?) y paellas que los sábados y domingos se pueden encargar para llevar. Se nutre del boca-oreja y de las recomendaciones de numerosas guías turísticas, por lo que no es de extrañar que a lo largo de alguna de las barras o mesas se escuchen varios idiomas.

Muntaner, 171. Teléfono: 934 30 90 27.

 

FRANKFURT PEDRALBES. Un clásico (en especial, los días de partido en el Camp Nou y durante las épocas de exámenes universitarios). Entre las facultades y el cuartel del Bruc se erige esta ‘institución’ en la que hay que comer sin manías. De pie y con ese penetrante olor a fritanga. Entre los bocatas, apenas sorpresas: frankfurt, bratswurt, malagueña, bacon, lomo, sobrasada…. Y en cuanto a los puntos de cocción y las salsas, mejor avisar con tiempo o callar para siempre porque el servicio es frenético y el personal no está para historias. No cierra ni el día de Navidad, en el que apenas abre unas horas pero siempre hace caja. Los precios podrían estar en consonancia con el barrio en el que se encuentra, pero tampoco se trata de un local barato. Los bocados rápidos no desmerecen la calidad de la materia prima.

Jordi Girona, 4. Teléfono: 932 03 30 88.

 

Fachada del Kiosco, frente a la estación de França.KIOSCO. Abrió con el ‘boom’ de las hamburgueserías y ahí sigue, aguantando el tirón con nota. Se distingue por una oferta gourmet y un servicio que recuerda a esas interminables colas de ‘fast food’, capaces de acabar con la paciencia de cualquiera. No es un lugar apto para comer a gusto, aunque los bocados sean un gusto (incluidos los que se llevan las patatas de acompañamiento). Mi recomendación es optar por el ‘take away’ al que tanto se apuntan quienes van y vienen de la cercana estación de França. De las diferentes burguers puedes elegir su respectivo pan y sus respectivos extras, pero no así su punto de cocción (siempre “al punto”). Soy fan de la Clásica y la Catalana, que también se sirven con una mayonesa casera de receta “secreta”.

Marquès de l’Argentera, 1. bis. Teléfono: 933 107 313..

 

La sala de la casa de tapas Cañota.

CAÑOTA. Éste es el claro ejemplo de que si atiendes a la realidad y sabes escuchar a la demanda, obtienes tus frutos. El local surgió del ingenio refundador de los hermanos Juan Carlos, Borja y Pedro Iglesias y su apuesta por el tapeo ‘low cost’ con producto superior ha calado entre el gran público. La respuesta ha sido tal que ha sorprendido hasta a los propios Iglesias. Hay tapas del mar, también las de toda la vida, cuencos, tazones, un ránking mensual de los platillos que más gustan (con sorteo incluido), la propuesta del cocinero invitado (tras Dani García ahora le ha tocado el turno a Juan Mari Arzak, de cuyas tapas te informaremos en unos días), un concurso para el ‘cocinillas’ que se atreva, postres que despiertan la memoria, amén de un servicio ágil y fiel a la casa madre (Rías de Galicia). Destaca también su imagen corporativa, que es un simpático guiño a la gastronomía popular (muy en la onda gastronomista) y a la vez toda una declaración de intenciones.

Lleida, 7. Teléfono: 933 25 91 71.

Entrada al novísimo Bardot de Enric Granados.

 

BARDOT. Es el local de moda, y con las modas ya sabemos lo que sucede: que hay que dejar pasar el tiempo para valorarlas en su justa medida. Está en boca de todos y en un emplazamiento tan de paso que es objeto de la curiosidad de muchos. No lleva abierto ni cuatro meses y ya es harto difícil encontrar mesa cualquier mediodía laborable. ¡Incluso la larga barra está hasta los topes! No quiero pensar qué ocurrirá el día que tenga por fin terraza… Por lo pronto, es la envidia de la competencia, que no es poca a su alrededor. Juega a su favor su interiorismo (del omnipresente Lázaro Rosa-Violán), la exposición de producto (desde el sabroso pan del Forn Sant Josep a las latas de caviar o el jamón cortado ‘in situ’) y la cocina vista. Lástima de la lentitud del servicio, del precio de algunos platos de la carta y de la interpretación ‘sui generis’ de ciertos clásicos de grandes de la cocina.

Enric Granados, 147. Teléfono: 932 002 214.

 

Tu turno, Javier.

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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