Fast food del ‘buono’

Sí, Italia fue el país que acuñó el concepto slow food, pero hoy les hablo de lo contrario, de un fast food que, a pesar de todo, es italiano. Y mira que me cuesta hablar de comida rápida, porque se supone que, por su propia idiosincracia, es fatal. Pero mi amigo periodista friulano Marco Bozzer y la profesora de cocina italiana Giovanna Peracchia (quizá pronto hablemos de su nuevo taller en Barcelona) me propusieron comer con ellos en el Maccaroni. Y, como sé que de cocina italiana saben, pensé que la propuesta tenía garantía, y fui a la calle Corders a ver qué pasaba.

Maccaroni
En la entrada no podía faltar la bici, claro reclamo ‘hipster’

El local ha abierto hace pocas semanas, enmedio de este sarampión de aperturas de restaurantes italianos que últimamente ha contagiado Barcelona (Due Spaghi, Margherita, Dolci Parole…). Maccaroni es el más informal de ellos, cual una adaptación ‘trendy’ de la tavola calda romana (esto sería, más o menos, el equivalente de nuestros bares de tapas en Roma). La oferta de este nuevo fast food se basa en sus cinco tipos de pasta fresca (spaghetti alla chitarra, pappardelle, maccheroncino, spumone y la del día) acompañadas de las pertinentes salsas, que son la gracia del plato.

Emiliano, el jefe de la casa, sugiere siempre escoger primero la salsa —ragù, arrabiata, cuatro quesos, pesto alla genovese…— y luego él propone qué pasta se le adecúa más. Porque de todos debería ser sabido que a las pastas largas se les dan mejor unas salsas (el pesto, por ejemplo) y a las cortas, otras (la cuatro quesos, por ejemplo). De las que probamos, nos gustó especialmente la taggiasca (cebolla tierna, tomate cherry, pesto y aceitunas), que acompañó unos pappardelle. Los postres son también italianísimos, y tuvimos que decidirnos entre un tiramisú y una panna cotta. Escarmentados por ser la panna cotta uno de los postres más adulterados de los restaurantes italianos de Barcelona, escogimos el tiramisú, que triunfó. Lo que nos confirmó que deberíamos haber arriesgado con la pobre panna cotta, ¡quizá nos hubiera sorprendido!

Taggiasca
La salsa taggiasca de este plato triunfó

Lo bueno de este fast food, en realidad, es que es bueno. No tiene, ni de lejos, ninguna pretensión, pero la cocina italiana es resolutiva como la que más, y si el producto es correcto, el resultado también. Y de eso se vale el Maccaroni. Nos gusta tener en la agenda direcciones a las que recurrir a almorzar aquél día que no damos para más. ¡Pero nos gusta también comer mínimamente bien! La pasta fresca se preprara en el mismo local y las salsas también.

Emiliano asegura que todo son productos naturales, lo que significa, como mínimo, que no utilizan precocinados industriales. Con lo cual, si cae ese día en qué no hay tiempo, pero queremos comer con garantías, y da la casualidad que estamos en el barrio de Santa Caterina, es una buenísima opción a tener en cuenta. Además, ofrecen la opción de take away. Porque, acorde con la idea ‘fast’ del negocio, las seis mesitas de este local casi minúsculo no invitan a las largas sobremesas. Pero es que no se pretende que las haya, aunque nuestro espíritu mediterráneo esto lo lleve mal. Mejor llevamos, eso sí, los precios popularísimos de la casa: el menú del día (plato de pasta, postre y bebida) cuesta 6,90 €. Y nosotros, que tiramos la casa por la ventana, pagamos 10. No está mal.

Maccaroni
El local tiene un cierto aire de colmado italiano

Sólo una advertencia final: no pidáis macarrones en el Maccaroni. Ya habéis leído que entre su oferta de pasta no están. O sí. Porque maccaroni, en italiano, significa pastas en general, no exclusivamente nuestros canutillos favoritos. Y de maccaroni, en Italia, hay miles. En el número 6 de la calle Corders, por ejemplo, podréis probar cinco diferentes.

Lo mejor: la salsa taggiasca, la más elaborada. Ideal para pastas largas.
Lo mejorable: hasta ahora no servían café, aunque pronto tendrán. Eso sí, se tendrá que tomar en la barra, no en la mesa. Es el peaje que se paga en un local ‘fast’, ¡qué le vamos a hacer!

Maccaroni
Corders, 6. Barcelona.
Teléfono: 93 319 96 19.
Precio medio: 10 €.
Menú de mediodía: 6,90 €.

Josep Sucarrats

Josep Sucarrats

Lo más fácil es que os lo encontréis comiendo, escribiendo o hablando, tres de las actividades que más le gustan practicar. Director de la revista gastronómica Cuina, también es colaborador habitual de Catalunya Ràdio, de la revista Time Out Barcelona y de varios medios más. Es coautor del libro ‘Històries de la Barcelona Gormanda’ (Angle Editorial, 2014) y de 'Teoria y práctica del vermut' (Now Books, 2015).

1 comentario
  1. No el conec. Pero si he anat al Margherita i necesita mes rodatge. Te algunes punxades i no només a la cuina. Preferixo de carrer del Piazze d’Italia.

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