Madeira, guía para comer y disfrutar de la isla

Madeira es de los sitios de los que vuelves con la sensación de que te han faltado días para disfrutarla como hubieras querido. No es una isla muy grande, pero este es jardín del Atlántico, frondosa, exuberante, montañoso, está repleto de atractivos más allá de su buena gastronomía: deporte, naturaleza, aventura, cultura… Tras visitarla hace unos días, estas son algunas de las cosas que os recomendaría hacer allí cuando vayáis (hay un Vueling cada semana).

Qué hacer en Funchal, la capital

Pasear sin rumbo fijo por el encantador casco antiguo de Funchal. Calles empedradas, edificios de aires coloniales, iglesias coquetas, árboles coloridos… Un aire tropical impregna la atmósfera.

Parar a comer en alguno de los restaurantes de la zona y pedir una espetada, uno de los platos más icónicos de la isla. Se trata de que un pincho de carne o pescado que se hace a la plancha y que se sirve en la mesa colgando de un soporte. El comensal va sacando las piezas una a una. Este plato se suele servir acompañado de una guarnición. La espetada que probé en el restaurante A Muralha, ubicado junto al puerto de Funchal, cerca de la parada del teleférico, llevaba una mezcla de atún, salmón y gamba no estaba nada mal.

 

Entrar en el Mercado dos Lavradores, donde los agricultores de la zona venden sus productos y comprar plátanos, bananas, aguacates, maracuyá, mango. Darles un mordisco y descubrir unos sabores mucho más intensos que cuestan encontrar en nuestro país.

Seguir deambulando por el paseo marítimo rumbo al museo, la estatua y el hotel de Cristiano Ronaldo (para los fans del crack portugués).

Acabar cenando en el Nini Design Center tras admirar su colección de mobiliario orgánico futurista: el restaurante es espectacular por sus vistas sobre Funchal (corona una fortaleza marítima de 70 metros de altura) y por su apuesta gastronómica, de una delicadeza y una potencia de sabores memorables.

Subir al teleférico para tener unas vistas impagables sobre la ciudad y el mar durante los 20 minutitos que dura el trayecto.

Al bajar de ahí, ir en busca de los cestos con los que bajar durante dos kilómetros. Es el reclamo turístico más viejo de la ciudad que, además de ser único en el mundo (eso creo), es de lo más agradable y divertido. No hace falta que os llevéis casco; riesgo cero.

Salir del centro histórico y dar una vuelta por la zona del restaurante Chalet Vicente, una casa señorial como las de ese área que tiene fama por cómo trabajan las carnes pero que es capaz de hacer un arroz de pescado que quita el sentido.

Hacer la Rota dos Cetáceos: subirse a la lancha y meterse mar adentro en busca de delfines, tortugas de mar, ballenas… Y emocionarse cuando los tienes a tres metros de ti, surcando las olas, saltando a un lado y a otro… Un espectáculo inenarrable que se remata regresando a puerto en paralelo a la costa.

Al bajar de la lancha, quedarse en la Marina Funchal y comer una sopa de pescado calentita o cualquier otro plato marinero al bajar de la lancha en O Solar da Santola. O disfrutar de una cerveza artesana con un plato de pescado en Beerhouse.

 

Consejo
Puedes alojarte en mil sitios en Funchal, pero si quieres ir sobre seguro y asegurarte una buena relación calidad-precio te recomiendo el hotel Baía Azul, un cuatro estrellas grande pero aún así cálido y confortable cuyo comedor para desayunar cuenta con unas vistas impresionantes sobre el mar. La mejor manera de empezar cada día con un chute de Madeira en la vena.

Qué hacer en Madeira más allá de Funchal

Santana. Una postal. Junto al ayuntamiento hay una placita con varias casa típicas de de esta población, son candidatas a patrimonio de la Unesco. Se pueden visitar. Son pequeñas y ahora se venden productos de artesanía. Enfrente hay un mercadito de fruta, verduras y hortalizas de los agricultores locales. Santana, además, alberga un parque temático que representa las diferentes áreas de la isla.

Dirigirse al hotel-restaurante Quinta do Furão, en las afueras y derretirse con las vistas sobre los acantilados mientras comes buenos platos tradicionales de la cocina local y portuguesa. Tienen huerto y viñedo propios.

Pico dos Barcelos. Un buen punto de partida para situarse y tomar medidas a Funchal ya que desde allí arriba se ve desde el puerto hasta la icónica iglesia de San Martinho y, por detrás, las montañas que dan forma a la ciudad hasta el mar.

Pico do Areeiro, el más alto al que se puede llegar en coche (1.818 metros). Vale la pena cruzar la montaña sin apenas vegetación para llegar a este lugar presidido por un enorme balón blanco que es una estación meteorológica. Es una de las metas de los ciclistas. Antes o después, sin dejar las altura, hay que asomarse al mirador de Eira do Serrado (1.094 m.), con un hotel: da vértigo y tiene vistas sobre un pueblecito llamado Corral das Freiras. Otra parada obligatoria. Eso sí, para llegar prepárate porque vienen curvas…

Punta de San Lorenzo. Ubicada en el extremo este de Madeira, es el único punto de la isla en la que se ven las costas norte y sur, las islas Desertas, la isla de Porto Santo, el aeropuerto de Madeira, la villa costera de Caniçal y la capilla de nuestra señora de los Milagros, que está en un monte con vistas privilegiadas sobre esta población y el mar.

Ribeiro frío. Criadero de truchas en medio de la montaña que el gobierno de Madeira usa para repoblar los riachuelos de la isla. Ahí nace la levada dos Balcões que acaba con vistas a un valle. Ancha y planita y, por tanto, apta para todos los públicos. Por eso su gran éxito. Pero Madeira tiene levadas para todos los gustos, es cuestión de escoger la que más se adapta a ti.

Cova da Roda. Un camino que se puede hacer en 4×4 y que usan los agricultores para moverse por la zona. De un frondosidad tal que hay zonas en casi oscuridad. Rico en laurisilva, una especie declarado patrimonio de la Humanidad.

Consejo:
La mejor manera de conocer la isla es hacerla en coche y si puede ser de la mano de un guía experto experto como hice yo mucho mejor. Mountain Madeira Expeditions, que cubren toda la isla al volante de sus todoterrenos. Conocen cada levada, cada árbol, cada rincón. Se puede contratar un tour de medio día o de un día. De hecho, mucho de lo que os cuento aquí son anotaciones de sus explicaciones durante la jornada que pasé con ellos dando botes por el bosque, gozando del sol en su Jeep descapotado y subiendo y bajando montañas más o menos frondosas.

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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