Un mundo conectado por el vino: tendencias y hábitos en un mundo global

Hablar de tendencias en el consumo de vino es entender qué bebemos hoy y porqué, para así trazar pistas sobre el qué y el cómo beberemos en un futuro cercano. Hoy lo hace Rafa Moreno, editor de Vinacora.com.

Pero más allá de cifras y estadísticas, prestaremos atención al trasfondo cultural, de tradición y de cómo se percibe el vino en las distintas sociedades, todo en un nuevo contexto global, económico y social que ha supuesto un cambio en la manera de relacionarnos con nuestro entorno y por extensión, también con la cultura del vino.

Identidad Vs Globalización: La identidad como supervivencia

Ante un mundo globalizado, donde los estándares de producción se han homogeneizado dando lugar a vinos excelentes pero faltos de personalidad, la auto afirmación y la reivindicación de la propia identidad son la respuesta de los elaboradores que se quieren diferenciar, haciendo de su labor una suerte de ejercicio de introspección, de arqueología de lo propio, si se quiere. Un perderse para después [re]encontrarse.

Visto el factor humano, no debemos olvidar las consecuencias del progresivo aumento de las temperaturas que derivan del cambio climático para con la vid. Sus efectos son evidentes y afectan decisivamente, no solo a la calidad de los vinos, sino al futuro mapa de variedades.

Así, esta convergencia entre lo cultural y lo climático no da más alternativa a las bodegas que escuchar y entender este nuevo contexto y sus nuevas reglas de juego. Y lo hacen volviendo a poner un pie en el pasado para sobrevivir a un futuro incierto, recuperando variedades autóctonas, rescatándolas del olvido, gestionando la tierra de manera responsable, buscando la máxima expresión del terruño en cada copa. La identidad como supervivencia.

Tendencias y paradojas entre consumidores

Hoy, nos seducen los vinos con certificación ecológica, orgánica, biodinámica, o incluso los naturales; los espumosos rosados viven un momento de forma envidiable; los tintos de crianzas parciales y pura fruta mandan, así como los blancos secos, jóvenes y aromáticos.

¿Pero es así en todo el mundo? Bien, obviamente lo anterior descrito es la tendencia generalizada y excepciones las hay en todos los rincones del globo. Pero si atendemos a las exportaciones de las bodegas, a las cartas de vino en los restaurantes, al mundo blogger y prensa, la respuesta a la pregunta es SÍ.

Pero una cosa son los efectos de la convergencia tecnológica y el libre acceso a la información y otra cosa es cómo y quién consume estos perfiles de éxito y como son entendidos. Para ello, estableceremos comparaciones culturales entre los países europeos de arraigo vitivinícola y aquéllos no productores que se abren al mundo del vino, los llamados BRIC, a los que en breve se podría sumar México.

Es innegable que la nueva aparición de clases medias y altas en países de pujanza económica y de elevada población ha abierto al sector múltiples oportunidades comerciales, aunque para afianzarse deba comprender la visión sobre el mundo del vino de estos nuevos consumidores en potencia.

Del mismo modo que para los europeos tradicionales el consumo de vino era un hábito, un elemento común en las comidas, para los nuevos consumidores de estos países emergentes es un símbolo de prestigio y estatus, de modo que su consumo no entra en la cotidianidad y resta para momentos puntuales en sociedad.

Esta dicotomía crea paradojas entre la juventud: Mientras los europeos miran al vino desde el retrovisor y el desdén como algo viejo que no les pertenece, quizás a ojos chinos o rusos, por poner dos ejemplos, el vino es modernidad y prestigio social. Pero tener los medios y el entusiasmo no es suficiente.

Es el papel de las bodegas educar a este nuevo consumidor, inseguro e inmaduro, sin tradición a la que aferrarse y que busca prescriptores internacionales que le digan qué beber. Este hecho es de suma importancia y afecta al perfil de muchos vinos que buscan, ante todo, agradar a tal o cual crítico para asegurar la entrada en tal o cual mercado, haciendo que indistintamente de su origen, el producto final carezca de personalidad.

Pero en un mundo tan cambiante esta apuesta resulta algo cortoplacista y simplista. Al fin y al cabo, el boca a boca sigue siendo el mejor prescriptor, en Burdeos y en Nueva Deli, y el riesgo se premia, la autoría se aplaude.

Tendencias de futuro inmediato

Cabe diferenciar, atendiendo a lo anterior, entre las tendencias de consumo en los países tradicionalmente elaboradores y los que no lo son:

En los países productores tradicionalistas los winelovers buscan, más allá de los aromas y sabores, la comodidad y el consumo responsable, es decir,  menor graduación, certificaciones ecológicas y expresión del terroir. El consumo en casa sigue decreciendo, buscando en los momentos de ocio en sociedad, mayor calidad y un mayor número de referencias, pues en su ánimo y naturaleza está el descubrir, la curiosidad.

Distinta es la situación en los países sin herencia vitivinícola, donde el prestigio es la clave y el estatus percibido del vino viene dado por su penetración entre las clases altas. La tendencia de penetración del mundo Vino consiste en el efecto cascada, haciendo llegar a las clases medias productos de buena calidad a precios razonables. Ahí está la oportunidad.

Aunque si en algo convergen las nuevas generaciones de amantes del vino es en el “menos es más”. Menor consumo pero de mayor calidad y discurso propio. Y están -(estamos)- dispuestos a pagar por ello.

 

 

 

Rafa Moreno
Rafa Moreno

Editor de Contenidos y Social Media Strategist. Guionista de formación, escritor de vocación y 'wine lover' por convicción. Soñador frecuente, viajero ocasional. No le gusta bailar.

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