Pujol, La Venta y aquel día en que se jodió lo nuestro

Fue a principios de junio, en el restaurante La Venta, un clásico del Tibidabo que recientemente ha cambiado de dueños, un par de emprendedores con su dosis justa de pragmatismo y también la justa de idealismo deseosos de devolver a Barcelona la prestancia de un clásico que, como casi todo, se había ido a pique. Hace poco más de un mes sus propietarios convocaron a la prensa a una cena para presentar su proyecto y mostrarnos su propuesta gastronómica, una cocina de mercado sencilla y honesta, voluntariamente previsible, con platos que van desde un pastel de patata a una merluza rebozada, en un espacio hermoso y apacible en plena falda de la montaña.

Un lugar, La Venta, que tradicionalmente ha reunido a cierto ‘establishment’ de la ciudad cuya máxima en la vida suele ser la resistencia a cualquier tipo de cambio, ya sea gastronómico o social, que suele llevar el polo por dentro de los pantalones y se relaciona de manera superficial en el mejor de los casos (nula en el peor) con cualquier cosa que tenga que ver con innovar, con desafiar lo establecido para crear cosas nuevas, y, quién sabe, mejores.

Y en esas estábamos una noche de verano en el Tibidabo, a principios de junio, varias mesas ocupadas por periodistas degustando una carta impecable, bien resuelta, sabrosa, y disfrutando de la osadía de sus propietarios, dos socios ajenos al mundo de la restauración que un buen día decidieron liarse la manta a la cabeza y ponerse al frente de un restaurante para dar al público, según definieron ellos mismos, una cocina “de segunda división, tal vez, pero capaz de emocionar”.

En algún momento de la cena alguien en la mesa dijo: “Están Pujol y Ferrusola“. Y efectivamente, allí estaban, ocupando un lugar a pocos pasos de nosotros, Pujol y señora cenando solos, un miércoles de junio. Al rato, la pareja, al parecer a instancias de alguien que estaba en el grupo, se acercó al espacio donde cenaba la prensa para saludar.

Entre los periodistas había una mesa ocupada por hombres de mediana edad, en su mayoría con traje y corbata. Uno de ellos era el periodista Arturo San Agustín, autor del libro ‘Cuándo se jodió lo nuestro: crónica de un portazo‘ (Península, 2014), un análisis de la situación política catalana actual a partir de diversas entrevistas a 30 personajes representativos (desde el ex alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, hasta el presidente de Planeta, José Manuel Lara, o Artur Mas, a quien San Agustín ha definido en alguna ocasión como “alguien cabreado, que cree que lo han engañado, pero que en realidad no es independentista”).

Uno de los entrevistados del libro, en que se analiza desde diferentes puntos de vista la relación CatalunyaEspaña tras la transición y el desmoronamiento político, económico y social catalán, es, precisamente, Jordi Pujol, que en aquellos momentos se encontraba cara a cara con San Agustín allí en La Venta, probablemente, intuimos, por primera vez desde la publicación del libro.

Sonriente, contento, siempre junto a su mujer en un discreto segundo plano ejercido durante años, nos pregunta en qué andamos. Se interesa por quiénes somos, por qué es eso del periodismo gastronómico, incluso nos toca afectuoso a los que estamos más cerca. Nos cuenta que le encanta el restaurante, que él viene mucho, que es una maravilla. “Así que hablad bien de La Vela -se equivoca de nombre-, chicos, que se come muy bien”, nos dice, y constatas que no es la primera vez en su vida que habla a un periodista en esos términos. En plena distensión, Pujol se pone serio, mira a San Agustín fijamente y le dice, ligeramente burlón: “Pero a mí, señor San Agustín, lo que me gustaría es saber cuándo se jodió lo nuestro”.

San Agustín, serio, le contesta con evasivas. “Porque, mire, yo me he leído las 200 páginas de su libro y en ningún momento veo cuándo fue que se jodió lo nuestro. Yo, de hecho, no veo que lo nuestro, como usted dice, se haya jodido para nada (Pujol habla catalán pero cambia al castellano cada vez que utiliza la expresión “joder lo nuestro” en sus diferentes formas conjugadas, y resulta gracioso y carismático)”, dice mientras su mujer sonríe, discreta, tras él.

“Usted sabrá”, responde seco San Agustín, que titula así su libro como homenaje al “Cuando se jodió el Perú” de ‘Conversación en la Catedral’ de Vargas Llosa. Ese ‘lo nuestro’ de San Agustín es, pues, una Catalunya que en gran parte construyó Pujol, quien ahora se cree con derecho a irrumpir en una cena para recordarle al periodista que lo nuestro ni está jodido ahora ni lo ha estado en la vida. Y Arturo no quiere jugar, porque ya lo dice todo en un libro muy crítico con el status quo social y político catalán y con el proceso independentista de Artur Mas.

Y tú, desde fuera, no sabes por qué, y te maldices por ello, pero vas con Pujol, que dice “joderse lo nuestro” con mucha gracia mientras su mujer sonríe divertida a sus espaldas. En esos momentos Ferrusola  es ya a nuestros ojos una delicada ancianita tipo Miss Marple y no la persona que un día dijo, con el desparpajo del que no está acostumbrado a callarse nunca nada, cualidad heredada a lo grande por su hijo Oriol, que sus hijos no podían salir al parque a jugar porque sólo había niños castellanos. Y San Agustín te parece un huraño que rehúsa contestar a las zalamerías de esa adorable pareja de simpáticos viejecitos que quieres que se queden toda la noche a tu lado.

“Su problema ha sido siempre el ‘això no toca’, President”, le dice alguien. Y Pujol sonríe: “Es el equivalente al ‘no comment’ de los ingleses”, responde. Y alguien, una voz entre las mesas, le recuerda los matices, cruciales: el paternalismo oculto tras el ‘això no toca’, todo lo que se esconde tras una frase que te está diciendo que no te metas en cosas de mayores, que lo de Catalunya si acaso ya lo llevan ellos y tú mejor te callas.

En cualquier caso, Pujol, al que San Agustín ha acusado públicamente en alguna ocasión de fomentar el odio hacia Barcelona (tradicional bastión socialista) por parte del resto de Catalunya, sale airoso de la afrenta: a los pocos minutos vas con él y no con San Agustín. Y no sabes por qué. Y no quieres ir con él porque su partido representa tantas cosas que detestas. Pero vas con él y no puedes hacer nada.

Y cuando se va te quedas comentando en la mesa que pese a todo es un político transversal, que más que el líder de CiU, Pujol fue directamente Catalunya durante mucho tiempo, el hombre que se indigna cuando alguien insinúa que se jodió lo nuestro porque lo nuestro no es lo nuestro propiamente dicho, lo nuestro es en realidad lo suyo. Y en esa nebulosa de reproches a media voz y tensión disfrazada de chascarrillos gracias al juego que da el verbo que titula el libro, por momentos Pujol logra parecerte un gran hombre, alguien que nos convendría tanto ahora, en época de patinazos de Mas.

El Molt Honorable se largó entre risas, ejerciendo como en la vida de encantador de serpientes, no sin antes estrechar la mano, sonriente, a un siempre malencarado San Agustín, sin imaginar siquiera que esa iba a ser, probablemente, una de las últimas cenas felices de su vida. Porque esta vez sí, lo nuestro, lo suyo, iba a joderse para siempre.

 La Venta. Pza Dr. Andreu, s/n.

Laura Conde

Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. En la actualidad coordina mano a mano con Javier Sánchez www.cocinatis.com, el portal vertical de cocina de Antena 3, y escribe en diversas revistas, entre ellas Time Out Barcelona. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015).

2 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de email no se publicará.

Puedes usar estas etiquetas y atributos <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> HTML

Suscríbete a nuestra Newsletter

Síguenos en las redes sociales
  • twitter
  • facebook
  • pinterest
  • instagram
  • Spotify
Partner
imagen