Barra alta: un viaje lleno de sabor y sentido común

Cuánta falta hacen restaurantes como Barra alta, de los que trabajan con sentido común, de los que saben tocar el producto lo justo y necesario para darle matices y juego, no para enmascararlo o estropearlo. Y en este caso, con una mirada gastronómica más allá de nuestras fronteras en muchos de los platos para compartir que elaboran.

Nota alta para Barra alta, desde la cerveza del principio, muy bien tirada, hasta el postre: cuatro tipos de chocolate con aceite de oliva arbequina y sal que recuerda al chocolate con aceite y sal de la abuela.

Porque en el trasfondo de Barra alta está la cocina de toda la vida, sea la que ofrecen en la carta, en las sugerencias o en el menú de mediodías laborables. Solo que además de hacer croquetas, puedes pedir unos buñuelos de bacalao con ajo negro y miel, o unos nuggets de salmón ahumado con mayonesa de miso rojo.

¿Quieres ostras? Vale, puedes tomarlas tal cual salen de la costa de Normandía o de Marennes-Oléron (sudoeste de Francia), pero mejor que pruebes las que llevan el cóctel clamato (a base de tomate y agua de las mismas ostras) o las que te sirven tibias porque llevan caldo dashi de setas y espuma de rustido.

A la ensalada de bogavante le dan una vuelta por Tailandia con un ajoblanco de coco, mango especiado y maracuyá. Un toque thai muy light, lleno de sutilidad y color que no mata el bogavante en un delicado equilibrio.

Más ‘exotismos’. Para un tartar de bogavante y vieira, ellos te lo aderezan con mayonesa acevichada, cebolla morada, cilantro y sésamo, y lo ponen sobre una tortita de maíz, en plan mexicano, pero está crujiente así que no puedes enrollarla como si fuera un taco. Todos los sabores aparecen con nitidez en el paladar, que se llena de la untuosidad de la refrescante mezcla. Un ejemplo del buen hacer de los cocineros de Barra alta.

Y cuando hacen lo más tradicional, no fallan, sea una vieira a la plancha con espárragos, alcachofa confitada y crema de azafrán; unos guisantes del Maresme sofritos con tripa de bacalao, butifarra y cebolla, a los que añaden cococha de calamar y carpaccio de bacalao soasado; o una pluma ibérica de bellota que es pura mantequilla en la boca.

Me gusta este restaurante que ocupa el local de lo que en su día fue La Porteria. Con la reforma, les ha quedado un espacio de lo más agradable, de esos tan fotogénicos aunque dispares con un móvil.

Bajas unos escalones y topas a la entrada con la barra frente a la cocina a la vista; más allá, unas mesas elegantes y una especie de mini reservado con la pared de obra vista.

Daniel Roca es uno de los tres jefes del cotarro junto con César Guillén y Marco Arriaga. En sus currículums figura su paso por templos como El Celler de Can Roca, Dos Cielos, Tickets, Niño Viejo, Comerç 24, Tapas 24, La Taverna del Suculent… Top, top, top.

Pero me cuenta Daniel que han pretendido lo contrario: “socializar” la buena comida con sus precios ajustados. Le creo. De hecho, hace lo mismo con los vinos de la carta; te los puedes llevar a casa al precio de la tienda y si quieres tomarlos allí te cobra 6 euros por el descorche y el servicio en una copa Riedel impecable. En cualquier otro restaurante te clavan lo que quieren y más, y tú ni te enteras.

Se agradece encontrar un sitio donde es cierto ese lema tan gastado de “cocina honesta”.

Barra Alta

Laforja, 11. Barcelona.
Teléfono: 93 639 31 34.
Horarios: de lunes a miércoles, de 13.00 a 16.00 horas, y de jueves a sábado, de 13.00 a 16.00 y de 20.00 a 00.00 horas.
Precio medio: 30-35 euros (el menú de mediodía cuesta 14,95 euros).

 

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Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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