Enigma: las fotos de lo que NO te comerás

He estado en Enigma, la última y grandísima apuesta de Albert Adrià. Y he flipado. Es un restaurante, sí, pero es otra cosa. “Así sería el Bulli del 2017”, dice él. Un concepto que mira casi al siglo XXII. Y eso que casi no hemos ni comenzado el XXI. Lo notas nada más llegar, cuando tecleas un código de acceso que días antes me habían enviado por mail y te metes en esa especie de nave espacial gastronómica.

Gris en diferentes tonos y texturas, cristales traslúcidos, distribución con un punto laberíntico, un techo de mallas… Te descoloca todo: ese pasillo, esa sala de espera tan futurista, donde ya te dan algo para picar y beber (agua de lluvia embotellada, por ejemplo), esos espacios que irás visitando…

Y te descolora a nivel gastronómico todo lo que sucede a partir de entonces: los cócteles que maridan con pequeños bocados hechos a partir de las bebidas, la plancha donde cocinan in situ lo que te vas a comer, el juego de adivinar qué carajo te estás zampando cuando ya estás sentado en la mesa, el final con las copas en la coctelería que recupera el espíritu del 41º…

Seis espacios, seis maneras de divertirse, seis lugares en los que pruebas muchas cosas, casi 50, y sin embargo no sales con la sensación de no poder más. Y eso es genial.

Me puse a hacer fotos como un poseso, del ‘escenario’ y de los creaciones que desfilaban ante mis ojos: el nigiri de calamar con coco, el cuadrado de alga nori con caviar que te pones en el dedo como un anillo para comértelo, la gamba que arrastran con mimo por la plancha, los guisantes lágrima con caviar helado, el bombón de palomita del 41º… Todo es era superfotogénico.

Me vio Albert haciendo las fotos y me pidió que no colgara nada de platos para mantener el enigma y la gente tuviera ganas de saber qué se come allí. Y de ir, claro.

Me lo pensé y decidí entrar en el juego, enseñar el envoltorio. Que te entren ganas de ir y probarlo. Porque vale la pena, porque es una experiencia única. Eso sí, es cara: 222 euros sin bebidas (90 más con maridaje de vinos). Nada que ver con los precios de sus otros locales: Bodega 1900, Pakta, Tickets, Hoja Santa y Niño Viejo.

Así fue la mía… sin platos. Esta es la crónica gráfica de mi paso por el restaurante Enigma (Sepúlveda, 38-40). Si lo que veis es así de futurista, si aquello fuera una nave espacial creada por el estudio de arquitectos RCR, imaginad lo que comí.

 

 

 

 

 

Ferran Imedio

Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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