Tapeo al borde de un ataque de nervios

Luces bajas, farolillos, velitas, lámparas vintage, flores artificiales, patitos de goma, copas sobre botellas, un maniquí suelto y esa Gioconda siempre escrutadora. No, no hablo de un local cualquiera. Lo sé. Y su escenografía almodovariana e indefectiblemente kitsch me decía que no me había equivocado de sitio. Escuchar los hitazos de Julio Iglesias a todo trapo como hilo musical ya fue el detonante definitivo para sentarme con decisión en una de sus mesas. Aunque fuera en la aséptica terraza. Esto es Sa Lola y hay que probarlo. Un gastrobar atípico en una localidad costera como Blanes -ya saben, ese punto limítrofe entre el Maresme y la Costa Brava-. Tanto es así que sus impulsores prefieren dejarlo en un no menos inclasificable “bar gastronómico”. Un excéntrico lugar para el tapeo de culto auspiciado por la factoría Adrià, de la que tanto el chef Rafa Salinas como Albert Mir en sala han sabido exprimir su distintiva creatividad. Ahí están los homenajes y los guiños en la carta e incluso en la decoración.

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Las burguers vienen con pistolas, según la salsa.

Sa Lola es un local para el divertimento, para la sorpresa, para el recuerdo, para el cachondeo e incluso para el petardeo. ¿Por qué no? Hay que tener agallas para promover una apuesta de tal magnitud fuera de la órbita urbana, pero en el riesgo está también la satisfacción y por ahora, veo que tanto Rafa como Albert todavía sonríen… El espíritu Tickets deambula por el ambiente, por el finger-food, por los envases y los recipientes, y por la rutilante oferta de platillos que desespera y alienta a partes iguales a los ideólogos del gastrobar. Pese al escaso año que llevan tentando a la clientela con presentaciones fuera de lo común en la zona, RafaAlbert se tienen aún que esmerar para que la gente entre al trapo y entienda que la buena cocina no tiene por qué estar reñida con los juegos de palabras, las piruetas y el romanticismo más naíf. Sólo queda descartado el sinsentido.
Que si hay alguna queja, siempre se pueden pasar cuentas por escrito -junto con la factura llega el cuestionario de valoración-. “Cualquier comentario es bienvenido”, argumenta Albert. Pues nada. Ya sabéis. En cuanto lo probéis, ya podéis dejar vuestra opinión por aquí, que en Sa Lola seguro que os leen…

Para quienes hayan formado su paladar bajo las exquisiteces de la gastronomie divine, la capacidad de sorpresa se queda en mero dejà vu, pero la curiosidad permanece intacta. Por ello uno cae irremediablemente ante las bravas al estilo Arola (en lugar de cilíndricas, más ‘cuadradotas’); las mini burgers (que de tan buenas y tan mini saben a poco); y las olivas esferificadas que siempre hay quien aún no ha probado.

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Mejillones a la brasa y mayonesa de humo (by Josper).

Ir más allá supone pedir los mejillones a la brasa y mayonesa de humo (Josper mediante); el interminable canelón de aguacate relleno de cangrejo; la tortilla de patatas al cubo (o sea, en taco) o los langostinos Corn Flakes.

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El dúo de cornetes de helado de chicle.

La carta de vinos barre para casa al predominar las referencias made in Catalonia, lo que a buen seguro seducirá a mi querida colega Carme Gasull.

Y en cuanto a los postres, sólo diré que los probé todos. Desde el ‘premiado’ tiramisú a los cornetes de helado de chicle (¡explosivos como los Boomer!), la piña 2 texturas y 2 temperaturas al ron, la menta y la vainilla de Madagascar y el coulant de chocolate.

Platillo va, copita o chupito viene, la velada (especialmente, si se comparte en grupo) acaba entre risas flojas, batallitas varias, nostalgias y zarpazos de honestidad de esos sobre los que construyen sus mundos oníricos tanto Julio Iglesias como Pedro Almodóvar. Catarsis culinaria (y/o colectiva). Papeleta o papelón, según se deguste.

Lo mejor: El constante replanteamiento de la oferta de platos y las explicaciones de la sala sobre cada enunciado.

Lo mejorable: Esos platillos clásicos que de darles tantas vueltas, pierden su singularidad.


Sa Lola
. Passeig Pau Casals, 59. Blanes (Girona).
Telf. 972355219
Horario: Abierto mediodía y noche. Cierra martes y miércoles.
Precio medio: 25 euros.

 

Belén Parra

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

1 comentario
  1. Cenar en Sa Lola no es una simple comida, es un espectáculo de sabores y sensaciones que te dejan con un sabor de boca exquisito! La noche perfecta! Y si tienes suerte Albert os hara un gintonic personalizado y os deleitara con unos trucos de magia!

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