Para apetitos S, M y XL

Quedamos a una hora, pero yo llego tarde -no ya con retraso- ‘as usual’. Mi cita está por comerse esos dulces que tanto tientan junto a la entrada en un acto de desesperación. Para su suerte -y la mía- el lugar es tan acogedor que, entre los sofás y los libros expuestos (esto fue antes una editorial), puedes entretener la espera. Pese a todo, los aromas que llegan de la cocina y ese continuo trasiego de clientes acaban por desquiciar al más paciente. Estamos (por fin) en Semproniana. La ‘remodelada’ casa de Ada Parellada -lo del restaurante a secas se quedaría corto-. Me gusta la hiperactividad de esta mujer. Me alienta y me inquieta a partes iguales, pero me causa admiración. Diría que en ciertas ocasiones, incluso envidia. De la sana y de la cochina. Se lo digo en cuanto tengo la ocasión. Tras los besos de rigor y mientras espero mesa.
El local está lleno. No es algo que me asombre, pero reconozco que tampoco lo esperaba. Es viernes al mediodía, el menú está por encima del precio medio en Barcelona y la cocina que aquí se practica no está para muchas historias. Quizás sea esto último lo que lleve a la gente a comer fuera de casa. De alguna forma, están en el lugar adecuado.

Los 6 entrantes del menú 30.
Los 6 entrantes del menú 30.

Encuentro el restaurante cambiado. Renovado. Como a Ada. Decía que me alegra su buen momento. Sobre todo porque es una mujer directa, práctica y en su día ‘outsider’. Porque hace y deshace a su antojo en sus negocios. Y aunque se deja aconsejar, luego siempre acaba tirando “pel dret”, que diría ella. La había visto por última vez en un anuncio de Calgonit, en una de esas odiosas pausas publicitarias de Punto Pelota -sí, una tiene sus debilidades-. Le saco el tema y me revela que esa promoción le ha venido de perlas. Que ni me imagino la de gente que acaba viniendo al restaurante por ese anuncio. Pues no. La verdad es que jamás lo hubiera imaginado…

Semproniana sigue reinventándose. El local es ahora más hogar que nunca. Incorpora muebles reutilizados, electrodomésticos tuneados, ‘cataticos’ y bricolaje de la propietaria -y de su compañero Santi, supongo-. Incluso las paredes del fondo de la sala están adornadas con el dibujo del interiorismo real de ‘chez Ada‘. La tiza también se desliza a partir del marco de acceso a la cocina. “Son raíces”, me advierten. Es una seña de identidad más. Cocina de raíces. De producto. De buen producto. Del de los proveedores de siempre. Cocina sin fecha de caducidad a través de los tiempos. Y aun así, la despensa es aquí más perecedera que en muchos otros lados. Por eso las fórmulas de degustación que propone la casa son bastante ‘abiertas’. Es decir, que en muchos casos la elección final queda en manos de la cocina.

Como Ada apuesta por no complicarse la vida y por recurrir cada día al mercado para lo justo y necesario, hay una carta fija con platos sin riesgos que van rotando según el calendario. A partir de éstos y de otros guiños como esa K de tortilla de patatas -hay que resolver la ‘inKógnita’-, la cocinera elabora los diferentes menús: de 20 (porque ése será el precio que te costará la cena), de 30 o dícese de degustación (es el de mayor precio, pero a su vez el más completo) e incluso otro que elabora en base a la edad del comensal (hasta los 30 años), que es la que determinará el coste de la cena. Me convenció especialmente la ensalada de cuscús con tomates secos y albahaca; y me decepcionó el postre. Sólo a la carta puedes decidir el tamaño de las raciones de tus platos, que aquí son como las tallas: S, M y XL. Agradezco a Ada que pese a estos tiempos de vacas flacas haya obviado la XS…

Blanco y negro de chocolate (con piruleta de limón).

La regla general se sustenta en unos básicos: picoteo infalible, pastas, pescados y carnes. O lo que es lo mismo: coca con jamón, macarrón relleno de butifarra negra, arroz con sobrasada y queso, atún con lima y magret de pato o chuletónAda cocina como en su casa (también para los niños). Y encima, es una perfecta anfitriona.

 

Lo mejor: Las raciones adaptadas al apetito (S, M y XL) de la carta y el planteamiento casero de toda la oferta gastronómica.

Lo mejorable: Los postres.

 

Semproniana. Rosselló, 148.
Teléfono: 934 53 18 20.
Horario: de 13:30h a 16h y de 21h a 23:30h. Cierra domingos y lunes, sólo de noche.
Precio medio: 20 euros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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