Ruta por Róterdam, la ciudad inventada

Eclipsada por Ámsterdam, no muchos piensan en la otra gran ciudad holandesa, Róterdam, como destino para una escapada. Poco a poco, sin embargo, está siendo descubierta, especialmente por los amantes de la arquitectura y de las últimas tendencias. Hemos querido comprobar en persona sus bondades y allá que nos plantamos con Vueling en una escapada de viernes a lunes para poder traeros esta ruta por Róterdam, la ciudad inventada.

Lo primero que llama la atención es que Róterdam es una ciudad hecha a sí misma, la reinvención y la osadía están en su esencia. Durante la Segunda Guerra Mundial fue destruida en su totalidad y, en lugar de renacer volviendo a construir los edificios históricos decidió hacer un borrón y cuenta nueva para limpiar heridas y apostar por lo nuevo y por la modernidad. Dicen desde entonces que Róterdam es la ciudad sin corazón y, por la noche, luces rojas incrustadas en el suelo recuerdan las bombas que la mutilaron, pero no lograron acabar con ella.

Escultura “La ciudad destruida”

Convertida luego en el puerto marítimo más grande de Europa, la cosa quedó en una ciudad industrial y un pelín gris. Pero Róterdam, experta como pocas en eso de renovarse, empezó a apostar cada vez más fuerte por la arquitectura, por el arte y por todo aquello que supiera a vanguardia. Tanto es así, que se ha convertido en un paraíso arquitectónico: no importa lo raro que sea un proyecto, Róterdam seguro que se atreve. Ahí están las Casas Cubo, el “edificio-tetris” de Rem Koolhaas –De Rotterdam-, el puente Erasmusbrug, la estación Central de Róterdam, la fábrica Van Nelle (a pocos kilómetros de la ciudad) o la organización caritativa Pauluskerk para dar buena fe.

La Centraal Station de Róterdam.

Hoy día, Róterdam es una ciudad cool, joven, multicultural y emprendedora que vale la pena explorar sin ideas preconcebidas (y, un poquito de por favor, sin compararla con Ámsterdam; distan mucho de parecerse). Si te animas, esperamos ayudarte con esta guía por sus diferentes zonas de moda y sus sitios imprescindibles:

Laurenskwartier y el mercado más moderno del mundo, Markthall

El barrio de Laurens es, en pequeña escala, un buen ejemplo de los contrastes de Róterdam. Conserva uno de los pocos vestigios de la ciudad, la medieval iglesia de San Lorenzo o Laurenskerk. Muy cerca, uno de los lugares que hay que ver sí o sí: las Casas Cubo que, diseñadas en 1984 por Piet Blom dan muestra del carácter rompedor de su arquitectura. Un bosque de apartamentos cúbicos, grises y amarillos, que te hacen preguntarte una y otra vez cómo viven dentro. Se puede visitar uno de ellos para salir de dudas. Y al lado la nueva joya de Róterdam: Markthall, un vanguardista y enorme mercado cubierto firmado por MVRDV que acoge 150 paradas, 15 tiendas, 8 restaurantes, 228 apartamentos y una colorista obra de arte en su techo, The Horn of Plenty (de Arno Coenen e Iris Roskam). Una visita imprescindible para foodies. Además, los martes y sábados se celebra al lado un mercado exterior.

Desde aquí vale la pena acercarse a otra zona, Oude Haven (Puerto Viejo) -repleto de terrazas con vistas a otro de los pocos vestigios de la ciudad, la Witte Huis (Casa Blanca)- y si hace buen tiempo acercarse a comer a Aloha, un encantador restaurante con vistas al río Mosa en un antiguo parque de atracciones acuático. Si tienes la suerte de un día de sol, desde su terraza vas a estar de fábula. Puedes pedir su propuesta de bandeja con degustación de tapas Golden Platter y, sobre todo, acabar con uno de sus estupendos cafés, que ellos mismos tuestan.

De arriba a abajo: el vanguardista mercado Markthal, las curiosas Casas Cubo de Piet Blom, la terraza del restaurante Aloha y vista de la Witte Huis en el Oude Haven.

Katendrecht o cómo ser hispter en Róterdam

Este antiguo y sórdido distrito marinero se ha convertido en uno de los barrios residenciales de moda, con una pequeña pero interesantísima área foodie. En esta península se ubica también uno de los hoteles más encantadores y peculiares de la ciudad, el SS Rotterdam, ubicado en un barco transoceánico de los años 50 (luego barco de cruceros). Aquí te sientes como la Kate Winslet de Titanic: duermes en uno de sus camarotes (convenientemente ampliados y reformados), puedes admirar su exquisita decoración vintage (recomendable reservar una de sus visitas guiadas) y tomar un cóctel en su Lido Terrace con vistas al mar y al skyline.

La zona foodie de Katendrecht se concentra en pocas calles. Una de las direcciones imprescindibles es Fenix Food Factory, un mercado hipster ubicado en un antiguo almacén junto al muelle. Acoge desde una cervecería artesana (Kaapse Brouwers), a una quesería (Kaasmakers) o una estupenda panadería (Jordy’s Bakery). Al lado, uno de los espacios más fascinantes de la ciudad: Posse Espressobar, mezcla de librería, restaurante, cafetería, galería de arte, taller artístico y tienda. En su terraza cuenta con un vagón donde celebrar cenas privadas en petit comité. No se puede ser más creativo.

En los alrededores, restaurantes también muy recomendables: el creativo De Matroos en het Meisje (decorado con preciosa cerámica azul de Delfts), el francés Bistrot du Bac, el tailandés Deli Bird, el marinero Vilokaal KAAP o el peruano Ceviche y Maas. Cruzando el puente Rijnhavenbrug, rumbo a la futurista península de Kop van Zuid, podrás cenar en el encantador y siempre animado restaurante del hotel New York, desde donde antaño muchos se embarcaban rumbo a las Américas. En su ecléctica carta no faltan ostras, sushi, carnes y pescados.

De arriba a abajo: el hotel-barco SS Rotterdam, el mercado hipster Fenix Food Factory, el creativo restaurante y galería de arte Pose y postre del restaurante del Hotel New York.

Hoogkwartier, el barrio emergente

Uno de los “places to be” en Róterdam ahora mismo es este barrio ubicado a pocos minutos paseando del Markthal. Dos zonas son aquí clave: la calle Hoogstraat, con un montón de tiendas, bares, restaurantes y demás espacios recomendables, y el edificio Het Industriegebouw, joya del renacimiento de la ciudad tras su destrucción en la Guerra Mundial, diseñado en 1952 por Hugh Maaskant y Willem van Tijen.

En Het Industriegebow encontrarás tiendas que volverán locos a los amantes del diseño como la concept store Groos (con productos 100% de Róterdam, desde delicatessen a joyas, arte y moda) o la zapatería VICO Movement, y hostpots foodies como el mexicano Alfredo’s Taqueria, el bar de desayunos By Jarmusch, la pizzería napolitana Old Scuola o el novísimo Héroine. En la calle Hoogstraat encontrarás curiosidades como una cocktail boutique, Barrelproof, o una cafetería con deliciosos pasteles con guiños asiáticos, Round&Round.

De arriba a abajo: el edificio Het Industriegebow, la tienda Groos, detalle de los bancos de Hoogkwartier y pizarra de la cocktail boutique Barrelproof.

Witte de With y el Museumpark: por amor al arte

Epicentro de la escena arty más underground de Róterdam, la calle de Witte de With es de las más animadas de la ciudad, especialmente por la noche. Esta zona venía ser un poco lo que es el barrio rojo de Ámsterdam pero, hace unos años, se prohibieron los okupas y Róterdam les permitió legalizarse a través de galerías de arte creativas. Así por ejemplo nació WORM, una de las instituciones culturales más enérgicas de la ciudad junto con el centro de arte contemporáneo Witte de With. El street art está muy presente en las calles de Róterdam, con ejemplos como el colorista colectivo de nueve artistas Lastplak o el famoso Daan Botlek. Existe una plataforma, Rewriters, que busca promoverlo y si te bajas su app te guiarán por algunas de las joyas artísticas callejeras de la ciudad. Si quieres cenar en esta zona te recomendamos Supermercado, un restaurante muy de moda que mezcla tacos mexicanos con ceviche peruano y súper hamburguesas.

Cerca de Witte de With está el Museumpark, con cuatro de los museos más recomendables de RóterdamMuseo Boijmans van Beuningen, Kunsthal, Chabot Museum y el Instituto de Arquitectura de los Países Bajos– y la Terraza de las Esculturas, un agradable paseo al aire libre salpicado de esculturas.

De arriba a abajo: terraza del centro cultural Worm, obra street art del colectivo Lastplak, restaurante Supermercado y una de las piezas de la Terraza de las Esculturas.

El norte de Róterdam, camino a la creatividad

Otro ejemplo ineludible del carácter emprendedor y creativo de los roterdameses es el Luchtsingel, un puente peatonal de madera que fue el primer proyecto de urbanismo financiado mediante crowdfounding. Cada lama de este puente amarillo y de 390 metros lleva la inscripción de los que aportaron algo de dinero para construirlo. Su objetivo: unir tres zonas del norte de Róterdam separadas entre sí por culpa de las vías del tren y que ahora se han convertido en lugares llenos de vida.

Desde las oficinas creativas de Schieblock a la ambientada terraza Annabel -donde tomar una copa al ritmo de música electrónica- o los restaurantes y tiendas bajo los arcos de la estación Hofplein. En estos arcos se encuentran los mejores restaurantes de la ciudad: por un lado De Jong y, por otro, FG Food Labs (una estrella Michelin) y FG Restaurant (dos estrellas Michelin). El chef François Geurds experimenta en el primero lo que luego -una vez pulido- acabará en el segundo. Este mismo cocinero cuenta con un restaurante más económico, FG Bistro, y acaba de abrir otro dedicado a la “pizza japonesa” FG Okonomiyaki Bar.

Más al norte de la ciudad encontrarás otras zonas animadas como la muy de moda calle de Zwaanshals.

De arriba a abajo: puente Luchtsingel, la ambientada terraza Annabel, los arcos de Hofplein y restaurante FG Lab.

Acabamos la ruta con otros de los sitios más turísticos de Róterdam: Delsfhaven, último rincón del viejo Róterdam; la torre Euromast, siempre los hay que buscan las fotos a vista de pájaro; o Lijnbaan, su principal arteria comercial. Más información: rotterdam.info

¡Buen viaje!

 

Isabel Loscertales
Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.

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