Saborea las ‘Arrels’ de Menorca

“Ella es de Marbella y yo, de Menorca“, soltó Mercedes Milà en referencia a otra periodista con la que quiso entrar en polémica. Sin añadir nada más, se le entendió todo. “No me cansaré nunca de defender Menorca”, afirmaría en su participación en el programa En Companyia, de IB3. La isla balear atesora sin duda un halo especial que a cuantos la pisamos y conocemos sobre el terreno, nos cautiva a cada paso. Podría decirse de otros tantos paraísos mediterráneos, pero cada uno tiene el suyo y yo tengo una debilidad especial por Menorca.

Gastronomistas me dio la oportunidad de vivirla fugaz e intensamente hace ya un tiempo.  Junto a la colega Silvia Artaza la recorrí de Este a Oeste y de Norte a Sur hasta que aprendimos de memoria todas sus rotondas. También conocimos las diferencias entre el ginet y la pomada; el secreto de una buena mahonesa -¡poco aceite!-el sabor de la abombada ensaimada local; el proceso de elaboración de la miel y de las mermeladas menorquinas, de los quesos con denominación de origen y de la cerveza artesana; el crecimiento sostenible de la huerta ecológica; los mercados de producto al aire libre; los exquisitos embutidos de cerdo; la luz de las salinas… Por no hablar de sus magníficos pescados. Entendí entonces el valor, els valors y el amor propio de una isla a la que Mallorca no puede hacer sombra aunque sea la mayor de las Baleares.

Así lo ha demostrado la reciente feria Arrels, que ha servido para reivindicar de manera brillante el patrimonio y la riqueza gastronómica de Menorca. Productores jóvenes, veteranos y reciclados, chefs aún sin estrella pero con mucho talento, residentes y ciudadanos comprometidos con la isla se dieron cita en Mahón para evidenciar el potencial de sus 700 metros cuadrados de superficie. Arrels consiguió atraer a cuantos quieren Menorca, la trabajan y la sufren a la par que la disfrutan; a los que la admiran en la distancia; y a los que aún no la conocen como deberían. Entre todos, habría que acabar con la estacionalidad de la isla pero ya no sólo como destino turístico. Depende de propios y extraños conseguirlo. Enclaves, parajes, Llocs, productos y cocineros -como los menorquines Felip Llufriu, del que ya os hablé por aquí, o Joan Bagur, de quien es el plato que encabeza este post- no faltan para hacerlo posible.

Huevo de oca con foie, colmenillas y longaniza menorquina en Sa Pedrera des Pujol.

 

La particular versión de la caldereta de langosta en el Mon Restaurant.

 

Arroz de calaveras y langosta, en el restaurante Sa Llagosta.

 

Bep Llufriu elabora artesanalmente los quesos de certificación ecológica Es Tudons a partir de sus vacas.

 

Tres quesos de Menorca están entre los mejores de España, como este Hijo F. Quintana curado.

 

Una de las diferentes paradas de producto ecológico menorquín en la feria Arrels.
Belén Parra

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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