Tres errores que no hay que cometer con los huevos

El huevo es uno de los alimentos más consumidos en nuestro país. Y si bien dominamos sus aplicaciones en recetas (aquí te hemos ofrecido muchas, como los cloud eggs, tan de moda), poco sabemos de cómo conservarlo. He aquí unos consejos:

No hay que saltarse de ninguna manera la fecha de caducidad

Los huevos son una de las primeras causas de infección alimentaria de origen bacteriano. Así que no hay  que saltarse su fecha límite de consumo. En caso de que ésta se haya borrado o si proceden de la granja del vecino y por lo tanto su fecha no es indicada, se recomienda poner en práctica el truco de vaso de agua fría para garantizar su buen estado: sumergir el huevo en un vaso de agua fría. Si se hunde está bueno, si sale a flote lo tiramos ipso facto.

Siguiendo la normativa de la Unión Europea, cada paquete de huevos debe tener indicada su fecha de caducidad (unos 28 días tras la puesta), el modo de cría de la gallina, tamaño del huevo (XL: más de 73 gramos; L: 63-73 gramos; M: 53-63 gramos; S: menos de 53 gramos) y la recomendación de conservación.

En cuanto al calendario de consumo ideal, desde un punto de vista gustativo es preferible una semana tras la puesta para los huevo duros o escalfados; dos semanas para las tortillas y tres semanas para la repostería. Pero es solo una cuestión de sabor, ya que se pueden consumir de igual manera sin riesgo durante el plazo indicado en su pack. Por otra parte, desde un punto de vista de categoría, ninguno se conserva mejor que el otro, ni tampoco los de criadero son más longevos que los ecológicos o camperos. En cuanto al sabor y color, eso es otro tema…

 

Ojo con la cáscara

¿Los huevos parecen lisos y limpios? Falso, amiguito. Solemos subestimar la suciedad de la cáscara, y es que, contrariamente a países como Estados Unidos donde, por ejemplo, los limpian antes de empaquetarlos aquí el huevo no se suele lavar tras su puesta, cosa que favorece que las bacterias se infiltren en el interior. Por eso siempre es preferible observar el estado de la cáscara antes de la cocción: si tiene grietas o esta rota, hay riesgo de contaminación, así que es preferible tirarlo. En esta línea, es un gran error romper el huevo en el mismo borde de la sartén ya que si trocitos de cáscara se caen en la misma puede contaminar la receta.

 

Conservación: en frío o en seco

En lo que a conservación se refiere, hay dos corrientes: la tradicional, que se decanta por guardarlos en un armario o almacén seco, y quienes apuestan por dejarlos en la nevera, en frío. En este último caso, es importante conservarlos en su caja de origen, lejos de cualquier alimento con fuerte olor, ya que la cáscara, al ser porosa, puede transmitir al huevo un sabor desagradable.

 

A título indicativo, es también es interesante saber descifrar los dígitos impresos sobre la cáscara:

El primero indica la forma de cría de la gallina (3: Gallinas criadas en jaulas; 2: Gallinas criadas en suelo; 1: Gallinas camperas; 0: procedencia ecológica). Los dos siguientes dígitos indican el país de origen del producto (España, ES). Los siguientes dos la provincia y los tres siguientes, el municipio de procedencia coincidiendo con el código postal. Los que quedan hacen referencia al número de identificación de la granja de la que proceden.

Y si quieres saber más, lee este post de Ferran Imedio: 9 claves para saber un huevo del huevo.

 

Laia Zieger
Laia Zieger

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que ha trabajado en El País y El Periódico de Catalunya, colabora con medios de ambos lados del Pirineo, y coordina el portal www.vinovidavici.com. Es autora del libro ‘Portraits de Barcelone’ (Hikari Editions, 2016).

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