De ruta Martini por Malasaña

Hay pocos barrios más vermuteros que Malasaña. Da igual que sea la hora del aperitivo o la del afterwork, a los jóvenes disfrutones que atestan sus terrazas, se acodan en sus barras o comparten mesas con Wifi incorporado, nada les gusta más que un Martini recién servido, con su hielo y su rodaja de cítrico. Nos pasamos por cuatro de los locales indispensables de este entramado de calles del centro de Madrid en el que la animación nunca cesa.

Sidi

Lleva abierto desde 1943 y eso lo convierte en uno de los referentes del barrio. Precisamente esa mezcla de tradición, autenticidad y bonhomía lo han convertido en uno de los preferidos de los más modernos de la zona. Por la tarde se puede ver cómo comparten barra un vecino de toda la vida con un joven de barba poblada y camisa de leñador. En un ambiente neocastizo como este, el vermut con su aclamado pincho de tortilla de patata es un clásico que no falla. Los días de partido, el ambiente adquiere niveles legendarios. Para los que quieran conocer el auténtico alma malasañera es parada obligada. Calle del Barco, 15.

El bigote del Greco

Una de las arterias que desembocan en la concurrida Plaza del Dos de Mayo, la calle Ruiz, cuenta con un último tramo privilegiado. Son apenas unos metros, cerrados al tráfico, donde se han hecho fuertes terrazas y veladores. Ahí, en ese pequeño paraíso para disfrutar al fresco de un vermut, se encuentra El bigote del Greco. Según la hora del día puede resultar complicado conseguir mesa, pero para el que lo logre, hay premio: la posibilidad de asistir, mientras se disfruta con calma de un Martini, del espectáculo interminable de jóvenes en bicicletas fixie o monopatines retro. Para comer, platos griegos como el keftedakia (hamburguesas de carne picada con tzatziki), tostas o tartas caseras. Calle Ruiz, 3.

bar sidi malasaña
Bar Sidi.

La Copla

Como arrancada de un pueblo andaluz, esta taberna resulta única en Malasaña: sus grandes tinajas decorativas, su decoración a base de iconos copleros y su ambiente a media luz crean ese no-se-qué que te hace sentir como en casa. Situada en una de las calles que conecta dos arterias principales del barrio, como son Pez y Espíritu Santo, es un lugar ideal para desconectar del bullicio malasañero y refugiarse en uno de sus taburetes de madera, vermut en mano. La carta de tapas es, claro está, muy cañí: tortillas y cazuelitas variadas, como la de caracoles, dan autenticidad a un local con un sótano al que merece la pena asomarse… y hasta aquí podemos escribir. Jesús del Valle, 1.

Delisco

En medio del ajetreo de la calle Fuencarral, se agradece tener el ensanche que sale al paso a la altura del número 43. Poblado por bares y terrazas, es un oasis entre compras que permite relajarse antes de continuar camino hacia Gran Vía. Delisco es un restaurante de cocina de mercado, con un diseño moderno y funcional en rojo y negro, que también cuenta con mesitas al aire libre. Es el lugar perfecto para tomar un Martini y reponer fuerzas antes de seguir sacándole brillo a la Visa.  Especializados en barbacoa y hamburguesas, también tienen crepes salados de lo más pintón o clásicos del tapeo como croquetas y huevos rotos. Fuencarral, 43.

taberna la copla malasaña
Taberna La Copla.

Banda sonora. Omni – Cold vermouth

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Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

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