¿Qué tienen que ver las fermentaciones con el follar?

Fact freak del día: reconozco abiertamente que soy de los que cree que el vino es una metáfora perfecta de todas y cada una de las facetas del ser humano.

Nace, crece, alcanza su madurez, decae y muere. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la muerte sino el estado final de un progresivo e inexorable proceso de oxidación? Biológicamente, hablamos de lo mismo.

En esta ocasión me adentro en terrenos ‘parejiles’ y ‘emolujuriosos’ para ejemplificar cinco inquietantes similitudes entre nuestras relaciones de pareja y el mundo del vino:

1- EL MISMO OBJETIVO

Sobrevivir a una relación estable y elaborar un buen vino requieren, conceptualmente y muy en esencia, lo mismo: encontrar un equilibrio y trabajar una estructura lo suficientemente sólida que permita a las partes evolucionar conjuntamente. Suplir las carencias del otro, potenciar sus virtudes y crecer en armonía hasta que el inevitable proceso oxidativo les separe

2- ¿SINGLE O EN COUPAGE?

Del mismo modo que existen variedades que están destinadas a entenderse y otras que no tanto, ocurre lo mismo con las personas. Y como las personas, existen versos libres. Rebeldes sin causa, monovarietales muy canallas con la personalidad suficiente como para andar de singles por la vida. Irremediablemente atractivos, ojito con estos: si los pruebas, vas a querer más.

  • Tintos: Cabernets (sauvignon/franc), syrah, merlot, pinot noir
  • Blancos: chardonnay, riesling, sauvignon blanc, chenin blanc, xarel·lo.

3- ESTRUCTURA

La clave de una buena evolución recae en la estructura. Lo que en nuestras relaciones son los cimientos (el sentido común, el puro amor y la confianza); en los vinos la estructura determinará el éxito de su longevidad y salud.

Está compuesta por:

El cuerpo:

  • Azúcar: El cariño y la dulzura. La atracción.
  • Alcohol: La rutina y la estabilidad. A veces un mal necesario, a veces una bendición.
  • Fruta y aroma: Cuerpo, carnalidad y deseo.
  • Taninos: La ironía, la sátira, la tensión.

La acidez:

  • Adelgaza a los vinos. Les resta cuerpo. Es el nervio, el carácter, el dinamismo, la chispa y la necesaria patada en el culo ocasional.

4- DE LA ADOLESCENCIA A LA MADUREZ

Como en el amor, los vinos adolescentes son pura intensidad, pasión, exuberancia y la carga de fruta soporta su estructura. Con el paso del tiempo, la madurez se abre paso, se pierde pasión pero se gana estabilidad, experiencia, matices y complejidad expresiva:

  • En los tintos, la fruta madura se alía con la hoja de tabaco, el café, las especias dulces y el chocolate.
  • Los blancos juguetean con los frutos secos, la fruta de hueso madura, la miel y ocasionales notas de repostería.

5- LA FERMENTACIÓN MALOLÁCTICA Y EL SEXO DE RECONCILIACIÓN

Y es que a veces el ácido málico nos “puede” y nos lleva a situaciones desagradables. La maloláctica, como follar, nos ayudará a limar asperezas, reducir la amarga carga tánica y esa desagradable sensación astringente, reestableciendo el equilibrio para seguir evolucionando juntos. Y sí, además da gustito.

De modo que si tu pareja tiene la acidez subida y ese puntito amargo -bien sea porque provenga de climas fríos o ande justito de madurez- necesitarás compensarlo con tu dulzura natural. Y si ni por esas funciona lo vuestro, déjate llevar, líate la manta a la cabeza y piérdela después por un monovarietal… ¡La cabeza, que no la manta!

Rafa Moreno
Rafa Moreno

Editor de Contenidos y Social Media Strategist. Guionista de formación, escritor de vocación y 'wine lover' por convicción. Soñador frecuente, viajero ocasional. No le gusta bailar.

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