Vodka… ¿la nueva ginebra?

La respuesta es no. Rotundo. Ni el hot dog ni el vodka-tonic han conseguido alejar del trono a hamburguesas y gin-tonics, cuyo paradigma es en Barcelona sin duda alguna ese La Royale que llegó sin hacer ruido y que representa a la perfección todo lo que unos aman y otros odian de esta ciudad que a veces no encuentra el límite entre lo snob y lo cosmopolita (¿bistecs rusos a precio de wagyu? ¿pero estamos locos?, nos decía el otro día alguien en Twitter). Sí, this is Barcelona, el chiringuito playero más molón del Mediterráneo repleto ahora de hordas de canis europeos en bañador gracias al beneplácito de quienes contemplan la escena desde sus casas de L’Empordà convencidos de que el problema de tot plegat se llama España. Pero no nos desviemos del tema. El vodka se ha consolidado como el Bojan de los destilados y el gin-tonic sigue reinando pese a que algunos apuestan por el vodka-tonic, probablemente por esa simpatía hacia los outsiders que lleva a la gente a excentricidades como ser del Espanyol, votar a Llamazares o defender que Andy García era el más guapo de Ocean’s Eleven, pese a saber que es seco, puro, neutro, elegante, no tiene matices y no tiene aromas, pero que admite florituras a base de bien, y al fin y al cabo de eso se trata esta gran marcianada en la que felizmente todo vale que se da en llamar coctelería creativa.

Vaya por delante que a nosotros nos gusta el vodka-tonic. Básicamente porque cuando te estás metiendo entre pecho y espalda una cantidad de verdura que podría alimentar sin estrecheces a una familia durante un año y un chorro de tónica aromatizada el sabor del enebro te puede llegar a confundir. Que los gin-tonics nos gustan si son relativamente minimalistas (el tiempo y el surrealista panorama coctelero local nos han hecho cada vez más flexibles al respecto), pero cuando lo que hay en el vaso se parece más a un árbol tropical que a una bebida entonces es cuando echamos mano del vodka. O lo que es lo mismo: si hay filigrana, vodka; para todo lo demás, ginebra. Y con esta premisa nos hemos ido de ruta a probar vodka-tonics, solos pero a la vez acompañados, sintiéndonos más unidos que nunca al universo outsider, en comunión con todos los Rodríguez del mundo. Y estos son nuestros favoritos:

ultramarinosUltramarinos. En la calle Sant Pau está este establecimiento especializado en gin-tonics y vodka-tonics, que en menos de dos años se ha consolidado como un puntal de la zona capaz de acoger a todo ese espectro sociocultural que es el Raval contemporáneo. Aquí te encuentras desde artistas fracasados antipáticos a diseñadores escandinavos, fiesteros de toda índole, trabajadores de la zona, amas de casa, torneros-fresadores, músicos, guiris, lateros, blogueras… Todos tienen cabida, y lo que es más complicado, todos encajan, en este local muy ambientado con DJs los fines de semana, pocas mesas y una barra alargada que te está pidiendo a gritos que apoyes ambos codos, te pidas otra y le detalles tus múltiples desventuras existenciales al camarero. Sus propietarios elaboran personalmente los aderezos con mucho mimo en un laboratorio cercano y nos recomiendan acompañar el vodka con limón, cardamomo y menta, aunque también resulta excelente el kinoto (mandarina japonesa). Pese a todo, el gin-tonic continúa siendo, dicen, el caballo ganador con mucha diferencia.

maumauMau Mau. Sólo abren de jueves a sábado por la noche, cosa que complica las cosas para todos aquellos que prefieren darle al vodka a mediodía, pero la espera vale la pena. Aquí encontramos 15 vodkas Premium y unas veinte tónicas, y disponen de un vodka-tonic de la semana a 8 euros. Cuando apenas se hablaba del vodka-tonic, este local emblemático situado en las inmediaciones del Apolo, ya decidió apostar por este brebaje a sabiendas de que su público, urbanita, cultureta y treintañero, siempre dispuesto a abrazar la novedad y despreciar profundamente todo aquello que estaba de moda la semana pasada, iba a sentirse como pez en el agua con un combinado relativamente minoritario entre las manos. Y es que la frase “sólo molaba el primer disco” suena mejor cuando se dice mientras se sostiene, pongamos por caso, un Moscow Meal (un cóctel con vodka que arrasa entre la parroquia: con lima exprimida, cerveza de jengibre y un destilado Premium a elegir).

borneoBorneo. Es un clasicazo del Born, uno de esos lugares que se toma en serio la coctelería y que elabora vodka-tonics con sabiduría y mimo pero fundamentalmente con profesionalidad. El problema radica, nos explican, en la incultura ancestral patria hacia el mundo del vodka, un desconocimiento que actúa como una bola de nieve, pues provoca que la mayoría de vodkas que hallamos en la mayoría de locales sean, dicho sin tapujos, basura. Y es que cuando te las ves con un buen vodka te ocurre lo que le ocurrió a Ferran Imedio cuando se plantó a las dos de la tarde y sin haber desayunado ante el Ferrari de los vodkas, el maravilloso Ketel One. Y empiezas a entender, nos cuenta Ana, su propietaria, por qué en Estados Unidos los buenos restaurantes cuentan con su propia carta de vodkas. Aquí, como en la mayoría de establecimientos de la vieja hornada, huyen de la excesiva parafernalia y hacen suya la máxima de que menos es más: un poco de lima, un buen vodka de importación (el Grey Goose es uno de los más populares), un twist de lima… y a sumergirse en un mundo que, reconoce Ana, requiere algo más de pedagogía que el del gin-tonic pero acaba atrapando a quienes aceptan jugar.

 

 

Ultramarinos. Sant Pau, 126. T. 653 58 24 24

Mau Mau. Fontrodona, 35.

Borneo. Rec, 49. T.93 268 23 89

 

Laura Conde

Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. En la actualidad coordina mano a mano con Javier Sánchez www.cocinatis.com, el portal vertical de cocina de Antena 3, y escribe en diversas revistas, entre ellas Time Out Barcelona. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015).

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