Volando voy, comiendo vengo

Menudo viaje a Santander. Menudo vuelo. Por varias razones. Había algunas que ya sabía, hubo otra que no. Había algunas maravillosas, hubo otra que no. Pero cuando estaba de camino al aeropuerto ya iba disfrutando del viaje por todo lo que sabía. ‘Volando voy, volando vengo’, iba cantando para mis adentros (¡grande Kiko Veneno!). Lo que no sabía (y no estaba previsto y no me gustó) os lo contaré al final de este post.

¿Y qué sabía? Pues que en cuanto el avión despegara de Barcelona y alcanzara la altitud suficiente, aparecerían tras la cortinilla que separa el habitáculo de los pilotos y las azafatas del resto del avión dos cocineros con estrella Michelinlos cántabros Fernando Sainz de la Maza (El Serbal) y Nacho Solana (Solana). Iban a servir una tapa cada uno. Pasé el arco de seguridad con el colmillo afilado y ningún agente me dio el alto. No se dieron cuenta de lo peligroso que puede ser un diente tan incisivo y con tantas ganas de morder. También, claro, iba salivando. ¡Iba a disfrutar de dos estrellas Michelin y en las nubes! Los flying chefs, les llamaron. Guay.

Y, como yo, todo el pasaje (unos 130 pasajeros, muchos de ellos jubilados del Imserso de excursión) estaba al tanto del miniágape, que fue un showcooking en el que no hubo fogones ni cuchillos. Un reto al que no le echaron dos huevos porque sus creaciones no los necesitaban. Les bastó con el talento que tienen y con buen producto cantábrico, que de eso se iba el rollo, de promocionar Cantabria como destino gastronómico, con Vueling como socio de la performance porque acaba de unir Barcelona y Santander con tres vuelos semanales.

SHOWCOOKING BARCELONA. 5 NOV 13SAMSUNGPues eso, que no le echaron huevos porque hicieron otra cosa. Sainz de la Maza preparó una de anchoa con queso de vaca Las Garmillas y salmón ahumado, y Solana le echó pulpo al asunto, servido en un escabeche y acompañado con puré de patata y huevas de trucha. Mientras hablaban y cocinaban con lo que podían, los pasajeros del vuelo VY-1590 del 5 de noviembre iban dándole a las tapas, servidas en unas latas de conservas.

SAMSUNGY para que no faltara de nada, un vinito blanco (50% albariño y 50% godello), el Yenda de la modesta y romántica bodega Sel d’Aiz, cuyas viñas en plena montaña fui a ver al día siguiente en una jornada de vuelta intensa, porque también visité la quesería La Jarradilla (atención al queso divirín, sobre todo al que ha sido curado durante 70 días, me encantó) y al restaurante de Solana, cuya delicadeza merece que le renueven la estrella el próximo 20 de noviembre en una gala en el Guggenheim de Bilbao (ahí estaré yo para contarlo en El Periódico de Catalunya).

El mismo día del vuelo comí en El Serbal y cené en Bodega del Riojano, ambos en Santander. Este último es un restaurante de obligada visita del que escribiré un post cualquier día de estos porque lo merece. Solo os diré que le llaman el ‘museo redondo’ porque está lleno de barricas de vino pintadas por grandes artistas. La verdad es que el viaje me demostró que Cantabria es un buen destino gastronómico que va más allá de los típicos platos de puchero que uno puede esperar. De hecho, ya hemos hablado de algún local en Gastronomistas.com. La Bicicleta, que visitó Belén Parra, es uno de ellos.

Ah, pensaréis… Este tipo nos cuenta lo bueno y no lo malo, lo que ya sabía antes de subir al avión y lo que no, se lo calla… Pues no, os lo diré: pocos minutos después de acabar la comida a bordo, las turbulencias nos hicieron subir y bajar, ir de derecha a izquierda como si estuviéramos en una montaña rusa de Port Aventura. Un ‘postre’ de lo más indigesto. Subía y bajaba la comida por mi cuerpo, y a punto estuve de descubrirle otro sentido a la palabra posgusto.

Por suerte, los pilotos posaron el avión sobre la pista con oficio. Aterricé para escribirlo.

 

 

Las fotos en las que aparecen los chefs son de Lara Revilla.

 

 

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

2 Comments
  1. Chacón no, cachón. Creo que te ha traicionado el subconsciente de tanto oír el apellido, que se parece mucho ciertamente. Cachón lo decimos (creo) sólo en Santander. En el resto de lugares se le suele llamar sepia! (Con excepciones: en Laredo se le llama Jibia, en Bilbao, Choco…)

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