Cinco de los mejores restaurantes de la Costa Brava
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5 buenos (o buenísimos) restaurantes de la Costa Brava

No es este un año muy proclive a salir del país para hacer turismo. Así que te propongo (re)descubrir rincones que muchos guiris sueñan con visitar y que tenemos muy a mano. Eso sí, a través de la gastronomía. En este post te recomendamos cinco buenos restaurantes de la Costa Brava. De los mejores que hay por relación calidad-precio, aunque alguno se te salga un poco de presupuesto. Pero hay muchísimos más, ¡eh! Esta es una miniselección en una zona donde siempre comerás de fábula.

Comenzamos en Cadaqués, en el norte, y vamos bajando por Torrent (a menos de 10 kilómetros del mar a la altura de Pals), Llafranc y Calella de Palafrugell hasta acabar en Santa Cristina d’Aro. Cada uno con su propio estilo, pero cada uno muy recomendable. Saca el babero, el boli y el papel, y apunta. Y antes o después de comer o cenar en alguno de ellos, no olvides visitar el lugar donde están ubicados porque son de postal.

1. Compartir (Cadaqués)

Cuando tres supercocineros como los exjefes de cocina de El Bulli Oriol Castro, Mateu Casañas y Eduard Xatruch se juntan para montar un restaurante, ¿qué puede salir mal? Nada, como demuestran con Disfrutar (Barcelona, dos estrellas Michelin) y Compartir (Cadaqués).

Hoy os hablo sobre este último, que propone cocina mediterránea muy bien trabajada con algún que otro eco bulliniano a precios sorprendentemente contenidos para el altísimo nivel del producto, los platos y el servicio. Como bien dice Mateu, “hacemos cocina de 7,5 pero intentando alcanzar el 10 en ese rango”.

@Francesc Guillamet

Yo, modestamente, diría que llegan al 11. Por eso aparece en esta lista restaurantes de la Costa Brava que me encantan. Porque sus platos para compartir son para volverse loquito. Ya no te digo si pides el menú degustación, cuyas creaciones salen de la carta y cuyo precio es de 70 € sin bebidas, o te hacen uno a medida. Entonces, necesitarás la camisa de fuerza.

Por cierto, su bodega es top pero te recomiendo el vino que hacen ellos con Celler Espelt Viticultors: El vi dels amics, elaborado con garnacha gris de viñas a 100 metros del mar ubicadas ahí al lado, entre cala Montjoi y Roses. Un vino natural criado en ánfora muy fresco y salino.

Vamos a los platos: color y sabor desbordantes en la ensalada de tomate y mango con su vinagreta de curri verde con albahaca y sorpresa de sabores marinos en las ostras con crema fría de limón y albahaca.

Mediterráneo y Japón en su clásico canelón de atún (lo sirven desde que abrieron, en 2012): es un sashimi de atún con tartar por dentro y forma de canelón que va aderezado con almendra, albahaca, aceite esferificado (ay, El Bulli, qué recuerdos y qué herencia), alcaparras…

Triple salto mortal con nosecuantas piruetas en las anchoas de L’Escala y la versión del mató (no es queso sino una mousse fría de leche de almendras rematada con miel de abeto, aceite de trufa negra, piñones tostados y sal maldon). Vas alternando anchoa y mató y vas flipando al descubrir que ese triple salto mortal (combinar el amargo del falso mató, el dulce de la miel y el salino de las anchoas) funciona de manera deslumbrante.

Versión de vitello tonato del que deberían tomar nota en Italia: carpaccio de ternera cocinado a baja temperatura, con encurtidos por encima y atún en espuma (otro guiño bulliniano). Productazo y poca intervención en las navajas con vinagreta de ceps y piñones y en las gambas del Cap de Creus a la brasa con aceite de ajo y asado de pollo.

¿Sigo? Sigo. ahora con uno de sus platos nuevos: sepietas a la brutesca con gelatina de trompetas de la muerte, parmentier trufada y rossinyols confitados. Va, ya acabo: salmonete con puré de suquet. Mismo sabor, diferente formato.

Y de postre, dos divertimentos: un plátano hecho por un creador de fallas valencianas que contiene cookies de cacao, sorbete de plátano, gelatina de lima y espuma de yogur, y unos
bombones de chocolate líquido y sorbete de grosella negra.

Lo siento, pero tenía la obligación moral de compartir extensamente el trabajazo de Compartir en un post, y qué mejor este sobre cinco de los mejores restaurantes de la Costa Brava.


2. Mas de Torrent (Torrent)

Para Barcelona, es una pena que Ramon Freixa despliegue su sentido y sensibilidad en Madrid. En el restaurante que lleva su nombre en el hotel Único luce dos estrellas Michelin. Por fortuna, los catalanes tienen una buena versión de su trabajo en Mas de Torrent, uno de los mejores hoteles de la Costa Brava, aunque no está en la misma costa sino a menos de 10 kilómetros del mar a la altura de Pals.

Allí propone platos apegados al territorio que ejecuta en su nombre, y con extrema solvencia, Lucía Gargallo. Una demostración de lo maravillosamente rico que puede llegar a ser el entorno si pasa por las manos adecuadas.

Ya te aviso de antemano. Mas de Torrent es un restaurante para darse un capricho, un homenaje. El precio medio ronda los 65 euracos pero hay un menú de mediodía que sale por 38 y que empieza por una ensalada catalana y se remata con un arroz. Pero de vez en cuando los autohomenajes son más que necesarios: y si es en su terraza-jardín con vistas a Pals y Begur, mejor que mejor.

La carta es extensa, así que me centraré en los platos que probé sin olvidarme de esa cesta de panes que son pura tentación (de curri con cebolla, hojaldrado con romero…) ni de ese aperitivo con pan tostado de Pals, mantequilla de garum y espinas de anchoas fritas.

La croqueta de asado con jamón ibérico de sabor hiperconcentrado y meloso precedió al tartar de gambas de Palamós con gazpacho de cereza y una cereza mimética que en realidad es queso fresco. Un plato de una delicadeza conmovedora tanto a nivel visual como de sabor.

Otro hit es el pulpo salteado con tirabeques, aguacate y judías. El pulpo está de moda y uno ya empieza a cansarse de verlo en todas las cartas pero te aseguro que este lo pedirías siempre: tierno y sabroso hasta decir basta, brilla también por el contraste del crujiente de los tirabeques.

Bien por las alcachofas a la brasa con polvo de jamón y una suave salsa de menta y muuuuy bien por el arroz de pichón con langostinos, un mar y montaña impecable que, siendo seco, guarda un punto jugoso ideal. Por cierto, con el pichón hacen un paté que también llega a la mesa. La comida acaba con un cochinillo confitado con patatas y cebollitas impecable. Uno tras otro, todos los platos te recuerdan que has acertado al incluir Mas de Torrent como uno de los restaurantes de la Costa Brava que hay que probar.

Recomiendo dejarse aconsejar por el sumiller, el sagaz Ion Bogdan (bravo por esa bodega con vinos del territorio) y/o pedir pedir alguno de los cócteles que firma Manel Vehí, del aclamado Boia Nit de Cadaqués.


3. Far Nomo (Llafranc)

Sigo de ruta por buenos restaurantes de la Costa Brava. Veo una luz que llega del cielo, y puede ser una señal divina o el faro de Sant Sebastià, en Llafranc. En mi caso fue lo segundo porque estaba por la zona y sabía que allí arriba está Far Nomo, uno de los restaurantes de Grupo Nomo, que tanto triunfa en Barcelona con su comida japonesa adaptada al gusto local. Y no era una señal divina pero podría haberlo sido porque las vistas desde este acantilado te dejan con la boca abierta.

Y ya que estás con esta mueca te recomiendo que aproveches para zampar los platos del restaurante. No te preocupes: a pesar de ser un regalo para los ojos, aquí no te pasará eso de que también se paga por las vistas, algo tan habitual en otros sitios. En realidad, su política de siempre también se aplica aquí: precios contenidos con una calidad notable. Por 30-35 euros sales más que satisfecho. De hecho, es la misma carta que en el resto de locales del grupo. Aunque al estar bajo el faro, tiene un sabor especial.

Como conozco la mayoría de platos, el día de mi visita volví a caer en la tentación del edamame trufado. Y celebré el okonomi omelette, que viene a ser la pizza japonesa okonomiyaki pero en este caso la base es de tortilla de huevo; por encima, pulpo, salsa okonomiyaki y bonito deshidratado.

Probé el desconocido -para mí- y contundente tsukune yaki: huevo frito y albóndigas de wagyu con trufa negra rallada sobre unos fideos kataifi (de arroz, fritos y crujientes). Y le di al kama toro: parpatana de atún marinado sobre una bolita de arroz que a su vez reposa sobre una lámina de alga nori y sésamo. ¿Qué plato es ese? ¿Temaki?

Y rematé la cena con gyozas de butifarra y verduras y de butifarra del perol con ceps y foie rallado por encima, y sashimi de foie flambeado con cebollino y de pez mantequilla con trufa.

Dos consejos: acude al atardecer para que contemples en su plenitud la puesta de sol y lleva una chaquetita por si acaso porque allí arriba puede hacer rasqui.


4. Tragamar (Calella de Palafrugell)

Dicen los habituales de Calella de Palafrugell que se vuelve a comer bien en Tragamar. Doy fe, hasta el punto que debería formar parte de cualquier lista de buenos restaurantes de la Costa Brava. La llegada del chef menorquín Adrià Pascual, en septiembre del año pasado, y la posterior incorporación de Marc Vidal como jefe de sala le han dado un nuevo aire a este restaurante que no podría tener mejor nombre: está casi en la arena de una de las playitas del pueblo.

Tragamar huele a mar. Y sabe a mar en sus platos frescos con toques modernos. Ejemplos: la tostada de tartar de ostra y gamba de Palamós como aperitivo y el tartar de tomate con anchoa de l’Escala y helado de mostaza tan rico como promete su resultan presentación.

El chef toca con solvencia todos los palos y el arroz es otro de sus must. El de gambas lo flipas: en la paella tiene el grosor de un grano y la cocción, con un casi socarrat, es perfecta. Como si fueran pepitas de oro, no querrás dejar nada de nada, como si fuera un tesoro, que lo es.

También toca la montaña, y más que bien. Por ejemplo, su croqueta de pollo rustido y jamón podría servir de salvavidas si flotara en el agua de tan dennnssssa que es.

Además de la carta, hay sugerencias semanales y, cada día, les llega pescado salvaje que cocinan, según el tipo de captura y tamaño, a la sal, frito o al horno. Todo ello puedes pedirlo en agosto a cualquier hora porque hacen horario ininterrumpido.

En fin, podrías sentir envidia de los bañistas que tienes a cinco metros pero me temo que en este caso la cosa va al revés y son ellos los que se cambiarían por ti, sobre todo si rematas el ágape con un pastel de queso con gorgonzola y un heladito de té matcha. Pero tiene remedio: o reservan mesa o piden una paella para llevar, que tampoco es mal plan.


5. Las Palmeras (Santa Cristina d’Aro)

Acabo la ruta por cinco buenos restaurantes de la Costa Brava en un lugar nuevo y desconocido: Las Palmeras. Es efímero porque se ubica en La Santa, el market veraniego de Santa Cristina d’Aro que lo peta en el Empordà. Música en directo, puestos de ropa y artesanía, food trucks… Y desde este verano, un tranquilo restaurante en un rincón del recinto, junto a la casa club de la hípica que acoge este festival de ocio familiar.

Allí está la jovencísima chef Júlia Podall defendiendo una carta llena de platos sugerentes y estimulantes como el ravioli de wanton de carrillera de cerdo con crema de boletus y caldo de carne y mermelada de naranja, que es para mojar pan y dedos, y los frescos y apetecibles dados de atún con sandía marinada con salsa misura (vinagre de arroz, azúcar, soja y aceite), tomate y, para darle crujiente al tema, almendra garrapiñada.

Antes de atacar el súper pastel de queso no está de más pedir el canelón de brandada de bacalao envuelto en calabacín con daditos de manzana y mayonesa de cítricos, y el ceviche de escórpora, al que le faltaba un poquito de acidez el día de mi visita.

Un detalle menor tratándose de esta cocinera vocacional que apunta maneras y tiene las cosas y la cabeza claras. Me apunto su nombre.

Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en 'Cata Mayor', el canal especializado de 'El Periódico de Catalunya', y en 'On Barcelona', la sección de ocio del mismo diario. Antes, había sido responsable de la sección de Gente, donde ya contaba qué se cocía y qué se comía por ahí.

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