El Grifo: vino canario en expansión

Los vinos del Grifo demuestran que no todo es tan negro como el paisaje ni tan “imposible” como lo pintan en Lanzarote. Al contrario. Ahí están las referencias y la Historia de la bodega más antigua de Canarias para poner y quitar razones con cada copa.

Panorámica de la bodega, rodeada de viñedos propios.

La transparencia de las botellas, libres en su mayoría de etiqueta, es el mejor mensaje que emiten estos vinos canarios. Atinada concentración de luz, aroma y especificidad de una tierra volcánica que lleva 244 años explotando de forma heroica sus limitados recursos.
El resultado de las vendimias del Grifo suele ser explosivo. Lo atesoran cuantos agotan cada producción en las islas afortunadas, donde se consume el 90% de sus vinos, pero también los premios que la bodega acumula en los últimos años.

Viñedos con distintas variedades locales de Lanzarote.

La añada de 2019 va asimismo por buen camino. Lo escuché decir de quienes están detrás de la proeza que supone cada botella mientras participaba de la última vendimia. Habrá que recordar bien este año, aunque a mí ya os digo que me costará olvidarlo.
Entre parras protegidas de los alisios mediante muros de piedra volcánica corroboré el trabajo manual y la implicación personal de cuantos impulsan la actividad de esta bodega. El Grifo abre por cierto sus puertas a todo el que quiera conocer el origen y la evolución de sus vinos. Lo hace a través del museo sugerido por el gran lanzaroteño César Manrique y erigido en las mismas instalaciones donde nació la bodega.

Museo del Grifo, en el corazón de Lanzarote.

No os perdáis la visita guiada ni el recorrido que concluye en el wine bar para la cata de las distintas referencias del Grifo, cuyo catálogo va en aumento pese a los más agoreros. Porque aunque incluso la propiedad se refiera a estos líquidos de Lanzarote como “vinos en extinción”, son más bien vinos en expansión. Lo reafirmo tras pisar no ya las uvas autóctonas que incluso aportan a esta bodega viticultores locales, sino la planta con las cámaras que enfrían los racimos, y también fermentan y maduran los diferentes prensados.

Con una plantilla joven, profesionalizada y empeñada en hacer de cada vinificación un listado de referencias únicas, los vinos del Grifo están llamados a expresar como ningunos la singularidad de Lanzarote. Hay mucha poética en cada copa, en especial si te la llevas a la boca entre cactus, ráfagas de viento y un horizonte tan sugerente como desconcertante. Así lo hice en más de una ocasión en el Caserío de Mozaga, una preciosa casa rural con un restaurante más que recomendable, vinculado también a la familia Otamendi.
La quinta generación de esta saga sigue decidida a impulsar sus vinos en el conjunto de la Península y el extranjero. Motivos tiene para justificar la ampliación de mercado, cuando el salto cualitativo ya está dado. El que más sale es el popular Seco de malvasía volcánica; si bien hay que tener igualmente presentes el Rosado de lágrima elaborado con listán negro, el tinto de Colección con poca estructura, el capricho de tono Orange e incluso la joya que representa Canari, elaborado con tres partidas de las añadas de 1956, 1970 y 1997.

Pronto habrá más y a buen seguro que también reconocidos nacional e internacionalmente. Del Grifo no para de salir (buen) vino. El ya incalificable Ferran Adrià está hoy precisamente en la bodega para apoyar la marca Saborea Lanzarote, que engloba también sus vinos. No se me ocurre nadie mejor para dar visibilidad a esta isla afortunada, con la que Adrià va siempre a juego al vestir íntegramente de negro.

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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