Korpilombolo, el pequeño restaurante de nombre imposible - Gastronomistas

Korpilombolo, el pequeño restaurante de nombre imposible

Dicen los expertos en marketing que una de las claves del éxito de todo negocio es bautizarlo con un nombre fácil de recordar y de pronunciar. En este caso, este restaurante no se ha dejado influir por normas marketinianas, eso está claro, puesto que su nombre, fácil no es. Al menos para los que no somos nórdicos o suecos. Y es que Korpilombolo es el nombre de un municipio del norte de Suecia. De aquella región es Annete Wagberg, que junto a su compañero, el catalán Pau López Solés, dan vida a esta pequeña joya gastronómica de solo ocho mesas.

Reubicado en el municipio empordanés de L’Escala (Girona) —antes ocupaban un local mucho más amplio en la misma localidad—, este pequeño restaurante es uno de los más frecuentados y exitosos de la zona. No en vano, de su diminuta cocina surgen auténticas virguerías culinarias, basadas en un producto de la zona fresco y de excelente calidad, ataviados con algunas sorprendentes pinceladas nórdicas. La fusión de sus creadores se refleja en platillos técnicamente perfectos, cuidados y suculentos. Korpilombolo ofrece una carta de tapas o medias raciones brillante. Anette recomienda elegir entre cuatro y seis, dependiendo del apetito, pero sin olvidar que habrá que dejar hueco para el postre, un imprescindible.

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Sardinas marinadas en caviar de uvas con y aceite de carbón

Cuando le preguntamos a Pau qué tipo de cocina elabora, nos responde con una onomatopeya: “buff”. Y es que, este cocinero parco en palabras donde mejor se expresa es en los fogones a través de una cocina sencilla, honesta, de proximidad, fresca y creativa aunque exenta de florituras incomprensibles. “La creatividad la justifico –explica— en el hecho que siempre procuramos ser originales creando cosas nuevas o dando la vuelta a los clásicos de toda la vida, como la escudilla sólida o los calçots, que se comen con cuchara”.

Entrando en materia, impresionantes todos los platillos elaborados con el producto local pro excelencia, las anchoas de l’Escala. Desde la terrina de foie y anchoas con confitura de higos, hasta el brick de camembert con crema de anchoas y confitura de tomate o el helado de aguacate con anchoas, crujiente de pan y tomate confitado. Muy recomendables las bravas —muy personales—, la panceta a baja temperatura con vieiras y salsa de mango, el huevo a 65º con bacalao, guisantes a la catalana al perfume de trufa blanca, el magret ‘5 Aglans’ con cacao trufado o el Black angus de Nebraska. Y como decíamos, los postres, imprescindibles, como la sopa de vainilla con crujiente de regaliz salado.

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Calamar con cuscús y verduras y sopa de vainilla con crujiente de regaliz salado

Tan llamativa es su oferta gastronómica como el hecho que ellos dos solos se encarguen completamente de ella, sin camareros ni ayudantes de cocina. Un mano a mano que fluye sin escatimar sonrisas ni explicaciones. Pau, en la cocina, concentrado, y Anette en la sala, con su sorprendente calidez, atienden a unos comensales atraídos por una gastronomía más que exquisita. Ella también es la encargada de la bodega, con más de medio centenar de referencias pese a lo diminuto del local. Muchos vinos de la zona, pero también de otras DO, ideales para combinar con la frescura de esta cocina del restaurante de nombre imposible y cocina increíble, Korpilombolo.

Korpilombolo
Ample, 40. L’Escala (Girona)
Tel. 972 77 32 95
Horario: de jueves a sábado de 13 a 15.30h y de 20 a 22.30h. Domingos hasta las 15.30h.

Isabel Acevedo

Empezó a coquetear con el periodismo gastronómico en 2005 con el libro Sabores de Barcelona (Ed. Amat) pero donde más aprendió fue como subdirectora del mítico ‘El Pipiripao’. Hoy, asesora a restaurantes y empresas de hostelería en comunicación y RRSS. Es autora del blog www.gastropekes.com.