Paco Pérez, ¡con un par!

Probablemente aún no hayas escuchado hablar del nuevo restaurante L’Eggs, pero pronto lo harás y, seguramente, con muy buenas referencias. Aún en pleno rodaje (sólo lleva una semana abierto y “oficialmente” no se inaugurará hasta septiembre), los Gastronomistas hemos sido de los primeros en probarlo. Que detrás de este bonito local esté la firma de Paco Pérez es todo un aval y sus precios asequibles, una buena muestra de cómo los grandes cocineros se están adaptando a los nuevos tiempos. Paco está imparable. A sus cuatro estrellas Michelin (dos en Miramar de Llançà y dos en Enoteca, en el hotel Arts de Barcelona), se suman las buenas críticas de sus arroces y cocina marinera en The Mirror, en el hotel homónimo de Barcelona, y su internacionalización gracias al recién abierto 5 by Paco Pérez en el hotel Das Stue de Berlín. Su primera experiencia con la cocina dirigida al gran público fue con las hamburguesas gourmet de La Royale (Plaza del Camp, 5. Barcelona) y le ha debido gustar. En la misma línea de ofrecer una cocina de primera calidad pero ‘mainstream’, con unos platos más accesibles en formato y precio, y abierto a todas horas, abre L’Eggs.

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Huevos en ravioli de patata, con plato oval.

Lo nuevo de Paco Pérez ocupa el espacio del que fue el mítico Fernández primero, Els Jardinets de Gràcia después (del televisivo chef catalán Ismael Prados), en el final del Paseo de Gracia y principio de Gran de Gracia. Como apunta su nombre, aquí el ingrediente estrella es el huevo en sus diferentes versiones: fritos, revueltos, al plato, en tortilla, ‘souffle’, salados, dulces, clásicos, vanguardistas… Todos los que utilizan son ecológicos y de corral, seleccionados por la tienda online Genuinus. La carta se divide en varios apartados: huevos fritos; tortillas; huevos clásicos y modernos; revueltos; hasta los güevos (con elaboraciones en el que el huevo no es el protagonista); para acompañar; arroz y carne; y, para acabar, a nadie le amarga un dulce (postres).

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Las alitas deshuesadas saben mejor.
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La cocotte, sabrosa de caérsete la lagrimilla.

Nos recibieron con un aperitivo cortesía de la casa, un cebiche de gambas, y seguimos con algunos de los platos que nos recomendaron. Para empezar, croquetas de yema de huevo (5 €/6 uds.), crujientes por fuera y suaves y exquisitas por dentro, y una tortilla de bacalao y pil-pil (9,50 €), acompañada por un bouquet de lechugas sabiamente presentado aparte para no mezclar aliño en el plato. Aun siendo correcta, quizás por clásica la tortilla no sorprende tanto como los platos que probamos a continuación: una sabrosísima cocotte en salsa perigueaux, foie y panceta (7 €); unas alitas de pollo con salsa picante y Pack Choi (6,50 €/5 uds) que, deshuesadas se deshacían en la boca; y un huevo en ravioli de patata, salmorejo canario y espaldita de conejo (12 €), cuya combinación resulta sencillamente fantástica. ¡Cómo no iba a quedar aburrida la tortilla después de eso! Volveremos otro día para catar sus huevos fritos de codorniz sobre tuétano a la brasa, guindilla, cebolleta y judías verdes (12 €), los huevos de pato en salsa Pekín (8 €) y cualquiera de sus revueltos elaborados con sifón de espuma de huevo (6 y 8 €). Rematamos la cena con un souffle de chocolate al que le faltó el helado de avellanas (se había acabado, cosas de los inicios suponemos; habrá que regresar para probarlo completo junto con su pastel tibio de mascarpone con helado de leche de oveja y frutos rojos).

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Los cócteles frutales con topping.

El ambiente invita a acabar la cena con uno de los cócteles ideados por el bartender y mixólogo Javier Caballero, que se ha encargado de idear la carta y de formar a los camareros. Él mismo nos asesoró en base a nuestros gustos particulares y nos sirvió un Basil Bramble, con ginebra, albahaca y mora, y un L’eggs Julep, con bourbon, piña y menta (8 € cada uno), refrescantes y suaves. Sus copas suelen llevar un topping para limpiar la boca y disfrutar aún más del momento alcohólico.

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El comedor, con la cocina a la vista (aunque a medias).

Además de los aciertos tanto en la carta de comida como en la de bebida, otro de los encantos de L’Eggs es su decoración, aunque es todo muy incipiente y aún tienen previstos varios cambios. Llevada a cabo por Azul Tierra, es moderna, acogedora y muy divertida con sus diversos guiños a un gallinero (dos de las paredes están forradas de paja) y a otros detalles rústicos. También la vajilla hace alguna alusión y tiene la forma de su ingrediente fetiche. El amplio comedor (caben unos 120 comensales) se divide en tres zonas: la antesala con barra de cócteles y mesas altas; la del fondo con vistas a la cocina y un semireservado. La planta baja aún no la han reformado pero tienen previsto hacerla en un futuro, con intención de darle un aire más canalla, quizás para tomar copas. De momento, la utilizan para cenas de grupos; para ellos ofrecen cuatro menús de 38 €, 39 €, 42€ ó 51 € (con vino y café incluidos). Si prefieres el aire libre, reserva en su coqueta terraza en ‘Els Jardinets’.

Lo mejor: poder cenar a un precio razonable en una carta creada por Paco Pérez y explorar la enorme versatilidad del huevo, humilde ingrediente pero grande donde los haya.

Lo mejorable: los típicos de la falta de rodaje, como que se les hubiera acabado los helados de dos de los postres; la tela de los sofás que pica si llevas minifalda.

 

L’Eggs.

Passeig de Gràcia, 116.

Tel. 93 238 48 46.

Horario: “abiertos casi siempre” reza su tarjeta. Cocina ininterrumpida de 8 a 24 horas.

Precio medio: 30-35 €.

 

Isabel Loscertales
Isabel Loscertales

Prueba nuevos restaurantes con la misma pasión con la que devora un buen libro o visita una expo. Responsable de la sección de cultura y ocio en la revista Woman Madame Figaro, trata de descubrir nuevas tendencias y de promulgar que lo culinario está de moda.

3 Comments
  1. La semana pasada me quejaba de lo decepcionante que había sido el restaurante Loria pero esta semana hemos disfrutado mucho en l’Eggs. Tanto la comida como el servicio muy bien. El local con una decoración muy acogedora. Tal y como solicite nos pusieron una mesa cuadrada para poder hablar entre todos ya que éramos nueve. Muy atentos. Un éxito. Gracias.

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