011 motivos para ‘conectar’ con Torino (o sea, Turín)

(Ring, ring)
-¿Pronto?
-¿Es la Città del gusto?

Pues sí. Turín es la ciudad del gusto. Y a las pruebas de degustarla nos remitimos. Conectar con ella es incluso más fácil que conocer su código telefónico (011). Basta recorrerla con apetito para quedarse a gusto. Os damos precisamente 011 motivos para pillar el primer vueling con destino Torino.

001. Los turineses aman tanto su ciudad como el spagnolo, por lo que no te extrañe si no sólo te hacen una radiografía orgullosa de su ciudad sino que se ofrecen a enseñártela, a aclararte cualquier duda y hasta a sacarte una sonrisa. A nosotros también nos pirra el italiano, claro.

002. Al igual que otras ciudades italianas tanto o más turísticas, Turín se puede recorrer a pie. Si la meteorología tuerce tus planes, opta por el bus, el metro, el tranvía o incluso el tren. Por opciones no será…

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El dulce típico de la ciudad

003. El gianduiotto. Es el dulce más representativo de la ciudad. Se elabora a partir de cacao y avellanas y según el proceso que siga el chocolatero y la proporción de los ingredientes es de mayor o menor calidad. Se vende también en diferentes tamaños. ¡Hay tantas (y buenas) chocolaterías en Torino! Son un monumento más. La recomendación: todas las creaciones del chocolatero Guido Castagna, con pastelería-boutique propia (via Maria Vittoria 27/c).

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Café, chocolate y crema de leche

004. ‘Cafetear’. De Turín son la cafetera Lavazza y los grandes cafés. En cada plaza encontrarás, por lo menos, uno. Clásicos, generalmente pomposos y hasta los topes. Siempre hay momento y excusa para tomarse un buen café.

Y si es con chocolate y crema de leche entonces ya tienes el célebre bicerin. Servido en copa, calentito y opcionalmente con nata. Debes tomártelo en el piccolo Al Bicerin (piazza della Consolata 5). Una delicia a 5 euros, eso sí.

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La Piazza San Carlo y el Caffè… ¡Torino!

005. La pizza será uno de los platos nacionales, pero en Turín prolifera la focaccia, elaborada también a partir de una enorme diversidad de ingredientes. La base: harina, agua y aceite. Porciones generosas por unos 3 euros. Sin duda, la mejor comida rápida. Prueba las de Lagrange (via Lagrange 11/f, via Sant’Agostino 6 y piazza Castello 153). ¿Eres incapaz de renunciar al ‘plato redondo’? Anota: Emporio Gastronómico (via Avogadro 2). Pizzas al horno a buen precio.

006.
Las plazas. Customizando el dicho: no hay plaza fea. Entre vías y corsos varios, intenta desembocar en alguna plaza. En Turín son monumentales, amplias y transitadas. Consejo. Que las grandes plazas te dejen ver también las pequeñas y su especial encanto. Busca la Emanuele Filiberto o la della Consolata (esconden pequeños grandes establecimientos que te gustarán).

007. Licencia para ‘gelatear’. Los helados de Alberto Marchetti son los mejores de Torino. Con diferentes establecimientos en la ciudad, lánzate a probar sus últimos sabores (o los más clásicos) sea invierno, verano o cualquier día de la semana. ¡Verás lo que es un ‘bel gelatone’ por apenas 2 euros! Y si prefieres las mezclas tipo un-día-es-un-día, decántate por el pallino (café espresso, bola de helado y nata montada). Pásate por el corso Vittorio Emanuele II 24 bis. Verás lo que es bueno.

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¿Helados (o) italianos?

008. No puedes irte de Turín sin probar la cocina piamontesa, la propia de la región. Dos direcciones concretas. Taberna Libraria (via Conte Giambattista Bogino 5), un establecimiento de corte clásico con un completo menú degustación, y Ristorante Consorzio (via Monte di Pietà 23), una trattoria moderna de carta corta que sigue los preceptos de slow food. Y además, dos escaparates de Barolos, Barbarescos, Moscatos d’Asti, Dolcettos d’Alba… ¡Qué vinos!

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¡Hora del vermut!

009. Vinos, vermut, cerveza artesana… En Turín se vive bien. Y se bebe bien, muy bien. Desde que Antonio Benedetto Carpano inventó el vermut en 1786 esta ciudad se ha convertido en el paraíso de los amantes de las buenas copas. Tres establecimientos que no puedes dejar de pisar. Anselmo (via Belfiore 14/C), local y marca de vermut excelente; Enoteca Bordò (via C. Ignazio Giulio 4/G), vinos y cervezas artesanas, como la turinesa Brew Up; L’Enoteca (via Amendola 8), una borrachera de producto y de glamour.

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Cine y gastronomía, gran maridaje

010. En toda Italia se come de cine y en Turín no iban a ser menos. Puedes comer a lo grande en Eataly (via Nizza 230/14), un ‘peliculón’. Por sus dimensiones, su amplia oferta de producto y la calidad de ese producto. Si buscas algo en concreto para degustar o para regalar, aquí lo encuentras seguro: pasta, arroz, chocolate y otros dulces, café, salsas y condimentos, libros de cocina, menaje…. Si añoras el sur, entra en el Pastis (piazza Emanuele Filiberto 9b), un local de aires retros y cocina siciliana con una buena relación calidad-precio-satisfacción. ‘Cine de autor’. Y acaba la ‘maratón’ en el restaurante del Museo Nazionale del Cinema (via Montebello, 20), situado en el interior de la Mole Antonelliana, símbolo del skyline de la ciudad. Una instalación de ‘Óscar’.

011. Destino XL. Torino es una ciudad ‘grande’ y ‘amable’. Sus gentes, su cultura, su riqueza, su belleza e incluso su facilidad para hacerte fáciles las cosas: a quien vive en ella, a quien la frecuenta con asiduidad y a quien la visita por primera vez. Amabilidad ante el extranjero, ante el desconocido, ante lo nuevo, ante el curioso, ante el enfermo… ¿Sabías que los grissini (colines) nacieron en esta ciudad para ayudar a alimentar al pequeño Vittorio Amedeo II, de salud enfermiza? Para comprar y comer panes a tutiplén: Perino Vesco (via Cavour 10), artesanos de verdad. La historia del tramezzino (un sándwich de pan blanco de molde ligeramente tostado relleno de diferentes combinaciones de ingredientes) te la contarán el Caffè Mulassano (piazza Castello 15), en la misma ubicación desde 1907. Y tras este delicioso bocado, los que quieras. En locales históricos o modernos, slow food o fast good, babyfriendlyTorino tiene tantas etiquetas como tú quieras ponerle, pero no la etiquetes mal. Es un gustazo de ciudad.

Carme Gasull
Carme Gasull

Se inició como periodista en la radio y con el gastrónomo Jordi Estadella en las cosas del comer. Hoy, modera ponencias y demostraciones culinarias en ferias y congresos, colabora en el programa 'Àrtic' de betevé y comparte experiencias en blogs diversos. Comisaria del proyecto 'Catalunya Regió Europea de la Gastronomia 2016', es autora de los libros 'Catalunya en el paladar' (Austral Media, 2004), 'Petita història de la Festa de la Ratafia' (Editorial Mediterrània, 2016) y 'El Safrà. Com preparar-lo 10 vegades' (Sd Edicions, 2018).

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