5 paradas dulces imprescindibles en París

París motiva una y mil escapadas, en mi caso con la gastronomía siempre como pretexto. La última fue hace apenas unas semanas, aprovechando el 10º aniversario del restaurante Frenchie, al que llegué desde Sants en el tren más madrugador de Renfe-Sncf. La estancia fue tan rápida como el plácido trayecto de alta velocidad, pero suficiente como para volver sobre esas paradas dulces que ya se me hacen imprescindibles en cada visita a la capital francesa. Comparto las direcciones por si os apetece degustar sus tentaciones, bien sûr:

Los nidos de Maison Aleph. Esta Casa sintetiza el máximo sabor en la mínima expresión. Sus nidos de cabello de ángel crujientes, dorados con mantequilla y endulzados con texturas cremosas de los más diversos sabores son una delicia. Se devoran en un suspiro y valen lo suyo, sí… pero el bocado merece mucho la pena. El local es tan minúsculo como las creaciones de Myriam Sabet, quien ha sabido revalorizar la pastelería típica turca y levantina para distinguirse en una ciudad con muchísima competencia.

 

Los bombones de Le Chocolat Alain Ducasse. Del gran maestro francés sólo hay que esperar creaciones a la altura de su exitosa carrera, así que imaginad cómo están sus chocolates… Los trabaja en formato bombón y tableta hasta ofrecer una amplísima gama de producto. Sus pralinés “à l’ancienne” resultan finísimos en boca; en especial el de coco tostado y el de cacahuete, que se pueden adquirir incluso por unidades. En este último viaje los redescubrí en el hotel Pulitzer Paris, donde tienen a bien obsequiarlos a sus huéspedes cual ‘detallazo’ de bienvenida.

 

Los macarones de Pierre Hermé. Para mi gusto, no tienen paragón en París ni en ningún otro lugar. Las suyas son piezas de pastelería redondas más allá de su forma; perfectas. De textura crujiente y cremosa a partes iguales, saben a lo que indican que saben y cuestan lo que valen.
Gustos fijos y clásicos se combinan con otros de temporada como los de su colección Les Jardins para hacer de cada surtido chez Pierre Hermé uno de los más aplaudidos en todo el mundo.

 

Las frutas de Cédric Grolet. El chef pastelero francés más influyente ahora mismo salpica sus muros digitales, pero también la vitrina de su flamante apertura en el hotel Le Meurice con trampantojos frutales e individuales o entremets de inspiración clásica que son pura artesanía.
Sus presentaciones dotan a la pastelería de esa fantasía necesaria con la que hacerla aún más deseable.

 

El cinnamon roll de Circus Bakery. A dos pasos de Notre-Dame da gusto detenerse en esta panadería con obrador a la vista, donde elaboran a diario bollos de canela que se agotan como los cronuts de Dominique Ansel. Recién horneados, al igual que los distintos panes de la marca, aquí podrás acompañar tu bollo de canela (fina) de un buen café y un mejor cappuccino.

 

En todos los casos preparan igualmente cada propuesta para llevar; lo que hace aún más entretenido el tren de vuelta.

Belén Parra
Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.

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