7 errores que cometes al alimentar a tus hijos

Algo estamos haciendo mal. Muy mal. Según la OMS ya hay en el mundo más de 170 millones de niños y jóvenes menores de 18 años con problemas de obesidad y sobrepeso. Y el problema va en ascenso: calcula que en 2030 el 89% de la población tendrá sobrepeso. Alarmante. Es hora de tomarnos en serio la alimentación de nuestros hijos. Gracias a la doctora Paloma Gil y su libro Los niños sí comen verdura (Libros Cúpula) hemos descubierto estos 6 errores que vamos a subsanar a la de ya:

No educar su paladar

Una dieta saludable debe incluir verdura en cada comida, ya sea como plato principal, acompañamiento o en forma de salsa o puré. Así que les guste o no, tus hijos deben de comer verduras. “No se trata de obligarlos a comer tapándoles la nariz -explica la doctora Gil-, pero sí de que al menos la prueben y de que entiendan que la alimentación es una disciplina tan importante como la educación. No se trata de imponer, sino de convencer”, explica.

No predicar con el ejemplo

Comprenderás que si le intentas convencer para comer ese plato de brócoli mientras tú estás comiendo pizza, tu disciplina tendrá una credibilidad nula. Muchos niños actúan por imitación: dadles ejemplo comiendo verdura toda la familia (importante este detalle de comer todos juntos el mismo menú).

Darles demasiadas proteínas

Los niños de hoy comen un exceso de proteínas e hidratos en forma de azúcares simples, tan presentes en los ultraprocesados. Algunos estudios demuestran que este exceso de proteína provoca más riesgo de obesidad futura. Aparte, al quedar más saciados es más fácil que dejen de comer la parte vegetal. Ten en cuenta que un niño tiene suficiente con 100-150 gramos de proteína al día (todo el día, no por comida y por cena). Mejor que esta proteína sea de calidad: huevos, pescado, proteínas vegetales (legumbres, quinoa…) y no tanta carne.

Permitirles beber refrescos y zumos

Agua, agua y más agua. Es lo que deben beber los niños para una correcta hidratación. Solo con eso ganaríamos mucho terreno a la obesidad y a los problemas dentales. Vade retro a las bebidas azucaradas: refrescos, zumos de fruta y otras bebidas industriales. No valen los refrescos sin azúcar y sin calorías: cada vez más estudios demuestran que son negativos a la larga. En cuanto al zumo preparado en casa, pierde muchos nutrientes de la fruta, así que mejor la pieza entera antes que exprimida. La leche, si no es intolerante a la lactosa, es muy adecuada para el crecimiento de sus huesos, entre otras cosas. Ojo con eso de seguir las modas a la ligera: según la doctora Paloma Gil, a los niños dos o tres vasos de leche al día les produce más beneficios que perjuicios.

Dejarle decidir el menú

¿Te apetece una cremita de verduras? Flaco favor hacemos a nuestros hijos si les andamos preguntando si quieren comer esto o aquello. Lo más fácil es que te digan que prefieren unas croquetas o una pizza. En la cocina -como en muchos otros aspectos- mandan los padres.

Premiar y castigar

La comida no es un premio ni un castigo. Hacemos que los niños liguen la comida a las emociones. Craso error. Especialmente si ofrecemos como recompensa chucherías, dulces y comida ultraprocesada.

Ponerle a dieta

¿Qué pasa si tu hijo sufre sobrepeso? Ni se te ocurra ponerle a régimen. No debe comer menos, si no mejor. Debe tomar una dieta saludable, equilibrada, junto con toda la familia (importante que tenga el mismo menú que todos), aumentar su tiempo destinado a la actividad física, evitar el picoteo y quizás reducir esos caprichos ricos en azúcar. Poco a poco irá ajustando su peso.

 

 

Foto apertura: Kazuen on Unsplash

Gastronomistas
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