Llámales nórdicos. O escandinavos. Nos referimos a esos locales bonitos y agradables, generalmente muy luminosos, con carísimo mobiliario de madera buena que en ocasiones parece que se hayan encontrado en la calle, flores frescas en las mesas, tacitas monas, camareros delgados y ligeramente displicentes, pastelillos caseros elaborados con harinas de espelta y zanahorias bio.

¿Más datos? Café generalmente bueno y algo caro, revistas de diseño, tipos con Mac y barba recién llegados de Nueva York trabajando en grandes proyectos que nos jugamos un brazo a que no les dan de comer, alguna radio antigua a modo de decoración, ‘smoothies’, bocatas (que aquí se llaman ‘sandwiches’ y son mucho más caros que los bocatas), un hilo musical decente y buen gusto a raudales hasta en la última de las cucharillas.

Este tipo de locales en los que echar una tarde tonta han aflorado como setas en la Barcelona de los últimos años, pues da la sensación de que han sabido adaptarse a las necesidades del barcelonés medio que ya no quiere/puede permitirse dedicar dos horas de su tiempo en un bar de menús y prefiere comerse un ‘sandwich’ (¿bocata?) y un zumo saludable al tiempo que responde unos mails.

La cocina, al fin, tampoco tiene nada de especial, porque de hecho muchos de estos locales ni siquiera la tienen, y aquí se juega en la liga del ambiente-decoración-buenrollito mientras nosotros sacamos al cascarrabias que llevamos dentro y pensamos que, al fin, es mucho más fácil comprarte unas lámparas molonas y colocarlas estratégicamente en el local de una antigua mercería de L’Eixample que ponerte a hacer unas croquetas o pillar el punto a unas almejas a la marinera.

Una de las bazas de estos locales es que tanta monería, claro, es carne de Instagram, lo que suele garantizarles un marketing mucho más efectivo que el que logra el pobre desgraciado que apuesta por hacer croquetas y cree que lo que más lo peta en decoración son las Galerías del Tresillo.

En cada esquina hay uno, especialmente en barrios como Gràcia o Sant Antoni, pero por diversos motivos nuestros preferidos son éstos.

Ugot

Ugot. Cafés en Barcelona. Gastronomistas
Este local de L’Eixample tiene bazas como unas cristaleras que permiten contemplar el ajetreo del barrio y disfrutar de la luz matinal, unos camareros simpáticos, un café más que bueno con la posibilidad de acompañarlo de bebidas vegetales y una oferta de pasteles ‘homemade’ increíbles entre los que destaca un ‘cheesecake’ que provoca desmayos.

Es el lugar ideal para hacer un ‘brunch’ dominical en el que las hamburguesas conviven con ensaladas multicolores o con alguna de sus recetas de huevos, y donde disfrutar de cada uno de los detalles de su exquisita decoración, desde el papel pintado de sus paredes a las tacitas del mostrador, la madera noble de las mesas, las lámparas antiguas y los moldes de repostería a modo de cuadros. Ugot tiene, además, alguna receta israelí interesante,  y una oferta de vermuts y meriendas, además de un plato del día. Y, a diferencia de otros, tiene alma, mucha alma.
Ugot. Viladomat, 138. Tel. 93 463 73 61.

Bacanal

Bacanal. Cafés en Barcelona. Gastronomistas

Este amplísimo café-bar-espacio de arte nos recuerda más a esos locales londinenses de estética industrial, algo fríos, que a la calidez de Ugot o de espacios como Tarannà o Mendl’s –donde, por cierto, sí que hacen unas croquetas estupendas. Consta de varias mesas, algunas de ellas a compartir, muy separadas entre ellas, y de tres grandes paredes que acogen exposiciones itinerantes que suelen permanecer en el local unos dos o tres meses.

La oferta va desde desayunos a tapas y una oferta de ‘brinners’ (‘breakfast’ + ‘dinner’, o lo que es lo mismo, que puedes zamparte un ‘pancake’ con Nutella las 9 de la noche mientras hojeas alguna revista de arquitectura). Tienen, también, una selección interesante de cócteles muy bien trabajados, en la que no vas a encontrar mojitos o margaritas pero sí invenciones curiosas que te harán de forma prácticamente personalizada. Cuentan, además, con una buena cantidad de producto ecológico aunque no todo, por eso de ajustar precios.
Bacanal. Sepúlveda, 164. Tel. 93 011 70 07.

Spice Café

Spice Café. Cafés en Barcelona. Gastronomistas
El problema de este mini establecimiento de Poble-Sec es que casi siempre está lleno, pues cuenta apenas con cuatro mesas que la gente del barrio suele rifarse a cualquier hora. Y es que su oferta de pasteles caseros, que van variando a diario, ha conquistado el corazón del vecindario y a según qué horas –sólo abren por las tardes– puede que ya se haya acabado nuestro preferido.

Spice Café tiene una gran mesa para compartir en la que podemos encontrar desde un grupo de abuelas a familias con niños; tiene, además, tés, zumos, sodas caseras, ‘cupcakes’, pasteles de todo tipo y una opción salada: la ‘quiche’, que va variando. Su chocolate caliente es una maravilla y, si el día lo permite, tomarlo en su banquito de la calle, desde el cual se contempla la vida en el barrio, es un auténtico lujo.
Spice Café. Margarit, 13. Tel. 93 624 33 59.

Orion

Orion. Cafés en Barcelona. Gastronomistas

Si hay alguien que domina el tema de crear locales monos con una oferta resultona, impecablemente decorados, esa es la gente de Kosmo. Este local de la calle Enric Granados fue de los primeros que entendió que el barcelonés medio prefiere tomarse una ensalada a las 4 de la tarde mientras consulta su Facebook que un bocata de lomo con queso en el bar de alguien que confía la decoración de sus locales a FácilMobel.  Después crearon Cometa, en Sant Antoni, con sus señores zumos de naranja y remolacha a precio de vuelo en jet privado a las Seychelles, y, más recientemente, ha llegado Orion, en la Gran Via, una especie de tierra de nadie en la que no tenemos claro que vaya a funcionar el invento. Un invento que no es otro que centrarse en el dulce y, al contrario que los otros dos locales, olvidar el salado: ‘brownies’, ‘cupcakes’, ‘carrot cakes’ y todo tipo de pastelería deliciosa en un local que, por algún motivo, les ha quedado bastante más frío que el resto.
Orion. Gran Via de les Corts Catalanes, 511. Tel. 93 408 89 86.

Laura Conde
Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.

2 Comments
  1. Cuanto odio albergas en tu interior querida Laura. Sería un ejercicio muy bonito que te parases a pensar el esfuerzo que invierten estas personas al frente de estos locales antes de juzgarlos sin conocimiento.

    Echa un vistazo a tus palabras y a como empleas tus adjetivos y dime quien responde a esta definición

    displicente
    Del lat. displĭcens, -entis, part. act. de displicēre ‘desagradar’.
    1. adj. Que desplace, desagrada y disgusta.
    2. adj. Desdeñoso, descontentadizo, desabrido o de mal humor. U. t. c. s.

    El “pobre desgraciado” que hace croquetas y que compra muebles en Galerias del Tresillo te pide un poco más de rigor periodístico, por favor.

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