No te confundas, ¡no es lo mismo!

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La entrada a Can Boneta, tan cálida como su cocina

Vale, el enésimo bar de tapas guays en Barcelona, otro más. Qué pesao está todo el mundo inventando la pólvora. Por favor, lector, hoy no nos acuses de esto. Fuimos a Can Boneta porque el cocinero Pep Nogué nos invitó. Vimos que su cartel rezaba “Plats, platets i platillos”. En la carta hay bravas y croquetas, sí, pero no tataki ni tartar, como correspondería a cualquier carta de tapería in barcelonesa. Nos gustó Can Boneta porque de repente encontramos tapas y medias raciones originales, con el sello de Nogué, un cocinero al que conozco bien como autor de mil recetas en mi revista, pero cuya cocina no se podía probar hasta ahora en la ciudad. Hoy esto puede ser gracias a su colaboración con Joan Boneta, el chef de este restaurante que abrió apenas hace un mes, y la historia tiene miga. Boneta fue alumno de Nogué en la escuela de cocina Bell Art, de la calle Aribau. Nogué vio en él las cualidades de un buen cocinero, conectaron y, cuando Boneta deicidió abrir su restaurante, colaboraron juntos en el concepto del local. Eso que podría parecer tan previsible lo es menos cuando sabemos que Boneta no es un joven de 25 años, sino que había trabajado toda su vida como arquitecto y que ahora cumple el sueño de su vida: vivir de la cocina.

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Menudos bikinis de queso azul e higos…

“Tenemos que hacer algo diferente”, le dijo Nogué, y él lo aceptó. Lo curioso —en una ciudad de replicantes gastronómicos— es que ellos realmente lo han hecho. Las tapas de Can Boneta —de estilo inequívocamente ‘nogueriano’— sólo se sirven allí. Buscad en otro restaurante barcelonés el chorizo de buey con cebolla agriducle: no lo váis encontrar. Y menos elaborado a partir de carne de un buey criado por Nogué. Su ensaladilla, tan liviana —con poca patata, verduras cocidas al dente y lactonesa en lugar de mayonesa—, también tiene personalidad propia. Punto y aparte merece su tortilla de patatas y cebolla con butifarra blanca, tan única,: se presenta en forma y textura de blinis (como en rodajas), pero conserva intacto el sabor de estos tres ingredientes. Porque además los ingredientes son muy escogidos: que si embutidos de Jordi Vilarrasa, de Olot, que si leche de oveja ripollesa de Manel Marcè, de Siurana d’Empordà, quesos de artesanos catalanes… Un apartado muy singular de su carta es el de bikinis, que merece probar cuando vayáis. Probamos el bikini de queso azul e higos, pero también tenéis el de bull negre y queso Garrotxa, el de queso de pasta blanda y trufa, el de sobrasada y queso mahón

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¿Habéis probado nunca el chorizo de buey?

Los platos más contundentes son la demostración de que Joan Boneta aprendió mucho en sus clases. Son suculentos, para nada pretenciosos, pero golosos como los que más. El enorme canelón de pato con higos triunfó —¡canelón de pato! Otra rareza—. Pero lo que hay que pedir o sí o sí son los humildes macarrones, porque su ragù de ternera es de verdad, su queso es bueno y los penne rigatte están escogidos con criterio. Y yo, que me muero por los macarrones de Josep Maria Freixa y los de Carles Gaig —en eso soy muy crío— creo que los encumbraré en el top five de mejores macarrones barceloneses. Nos sirvieron de postre un Pijama 2.0 en el que los ingredientes tradicionales de este postre aparecían juntos y revueltos como un homenaje al postre tradicional. Y probamos un inaudito helado de tortell de Olot que les prepara especialmente la heladería Corvitto de Torroella de Montgrí que, por si no lo sabéis, fue la que despertó el talento creador de Jordi Roca, hoy Mejor Pastelero del Mundo.

Su carta de vinos tampoco es común, simplemente porque no existe y porque han optado por una solución original: cada mes servirán vinos de una bodega diferente. En su primer mes de vida sirven los de un vinicultor novel como ellos: AT Roca, de la DO Penedès.

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El chef Joan Boneta junto a Pep Nogué, a la izquierda, y su hermano, Toni Boneta, a la derecha

Se nota que a Joan Boneta —acompañado en el restaurante por su hermano Toni— ya le gustaba cocinar y comer bien mientras profesionalmente se debatía entre planos y materiales de construcción. “Siempre me gustaba ir de restaurantes, pero nunca a los más caros. Me gustaba descubrir sitios donde comer bien a precios asequibles”, y eso ha inspirado Can Boneta. Y claro, el resultado ha sido tan gastropopular que en Gastronomistas no podíamos dejar de recomendarlo, porque sin apoyo de campañas de comunicación, sin inversores rusos, sin famosos a sus espaldas, en Barcelona ha abierto un restaurante que se atreve a ofrecer platos diferentes. Finalemte, esta vez no es lo mismo: ¡ya tocaba!

Lo mejor: Esos macarrones al ragù. Y las tapas que no sirven en ningún otro sitio.

Lo mejorable: Que no abran para desayunar. Con lo que disfrutaríamos con sus bikinis

Mi ubicación
Cómo llegar

Can Boneta
Balmes, 139.
08007 Barcelona
Tel. 93 218 31 93

Horarios: abre los lunes (comida) y de martes a sábado (comidas y cenas). Cierra los domingos.
Precio medio: 25 €

 

 

Josep Sucarrats
Josep Sucarrats

Lo más fácil es que os lo encontréis comiendo, escribiendo o hablando, tres de las actividades que más le gustan practicar. Director de la revista gastronómica Cuina, también es colaborador habitual de Catalunya Ràdio, de la revista Time Out Barcelona y de varios medios más. Es coautor del libro ‘Històries de la Barcelona Gormanda’ (Angle Editorial, 2014) y de 'Teoria y práctica del vermut' (Now Books, 2015).

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