Cómo evitar intoxicaciones alimentarias en tu propio hogar

Cómo evitar intoxicaciones alimentarias en tu propio hogar

Según TK Home Solutions, el 60% de las intoxicaciones alimentarias se producen en el propio hogar. De promedio, dos de cada diez personas sufren un episodio anual y, seis de cada diez, lo sufren por malos hábitos dentro de casa.
Las probabilidades, además, aumentan durante el verano, pues las bacterias proliferan más fácilmente con temperaturas entre 30 y 37 grados. De hecho, según esta compañía líder en salvaescaleras para el hogar, en verano las intoxicaciones alimentarias aumentan un 25%. De ahí que hayan elaborado un compendio de consejos imprescindibles para evitar estas intoxicaciones, que si bien no acostumbran a ser graves, sí muy molestas. Cuatro son los grandes tips, a los que añaden otros consejos, en una guía muy recomendable:

Lavar

Puede parecer una obviedad, pero a pesar de ello no todo el mundo lo cumple. Lavarse bien las manos antes de manipular alimentos sería el primer mandamiento. Igual de importante es limpiar la encimera donde cocinemos, las tablas de cortar, los cuchillos y los utensilios que vayamos a usar.
Lo que no hay que lavar son las carnes: tampoco el pollo. Si deseamos lavar un huevo sucio, es esencial hacerlo justo antes de cascarlo y consumirlo inmediatamente.
Otro importante transmisor de virus y bacterias que cabe mantener impoluto: el paño de cocina y las bayetas. Hay que cambiarlos a menudo y, preferiblemente, usar papel de cocina desechable al cocinar alimentos crudos.

 

Separar

La contaminación cruzada tiene lugar cuando se emplea el mismo cuchillo o la misma tabla de cortar para carnes o pescados y alimentos que se consumen sin cocinar, como los ingredientes de una ensalada.
Otra posibilidad de contaminación cruzada es poner la tortilla en el mismo plato donde hemos batido el huevo sin haberlo lavado antes o el filete frito donde estaba antes crudo.
En la nevera o el congelador y en el carrito de la compra, es importante que las carnes, el pollo, los huevos, el pescado y los mariscos se coloquen por separado, sin que se toquen con las verduras, las frutas y el resto de los alimentos. Todo debe almacenarse en recipientes, bolsas selladas o envases con tapa que eviten la posibilidad de que se derramen líquidos.

Cocinar

Los alimentos cocinados deben someterse a una temperatura suficiente: a más de 75 ºC durante al menos dos minutos.
Las comidas elaboradas con huevo crudo, como la mayonesa y otras salsas, deben consumirse inmediatamente y, si queda algo, guardarlo enseguida en la nevera.
Si volvemos a usar sobras ya cocinadas, hay que calentarlas durante dos minutos a 70 ºC (comprobar que el microondas alcanza esa temperatura), remover para asegurar el calentamiento uniforme y recalentar solo la porción que vaya a consumirse.

Refrigerar

La temperatura del frigorífico debería mantenerse a 4 o 5 ºC como mucho. Los alimentos que requieren frío deben meterse en la nevera en las dos horas siguientes tras ser comprados. No obstante, si es verano, mejor no esperar más de una hora. Esto significa que, cuando hagamos la compra, deberemos dejar para el final los productos que necesitan frío y volver a casa lo antes posible para ponerlos en la nevera.
Lo mismo cuando cocinemos: no esperemos más que el tiempo justo para que el alimento cocinado se enfríe y pongámoslo en la nevera o el congelador cuanto antes.
Los pescados que vayan a tomarse crudos, como los boquerones en vinagre, deben mantenerse previamente congelados durante 5 días a -20º.
Es preferible conservar los huevos en su envase original y no en la puerta, sino en la zona central del refrigerador.

Otros tips

– No probar la masa cruda de bizcochos o pizzas porque tanto las harinas como los huevos crudos pueden contener bacterias dañinas.
– Descongelar en la nevera con tiempo o, si hay prisa, bajo el chorro del agua fría o en el microondas, no a temperatura ambiente, ya que las bacterias se multiplican muy rápido.
– No marinar ni desalar alimentos en la encimera, sino dentro de la nevera y en recipientes tapados.
– No tomar la carne poco hecha, especialmente si se trata de pollo y cerdo, y cocinar las tortillas bien cuajadas.
– Lavar frutas y verduras siempre, aunque vayan a pelarse.
– En lugares en los que no haya garantías, tomar el agua embotellada y cualquier bebida sin cubitos de hielo.
– No fiarse solo del aspecto o el olor para determinar el buen estado de un alimento, hay que mirar las fechas de caducidad, y no probar los productos sospechosos: una pequeña cantidad puede enfermarnos.
– No aprovechar las partes sanas de los alimentos con moho. Algunos tipos de mohos no son dañinos, pero otros sí y, aunque no se aprecie en unas partes, puede estar ya extendido a todas.
– No guardar las sobras cocinadas más 3 de 4 días, y siempre en la nevera.
– La fecha de caducidad debe respetarse y hay que tener en cuenta que, una vez abiertos los envases, deben consumirse en 3 o 4 días. Diferente es, recuerda, la fecha de consumo preferente.
– Poner la fecha a los alimentos caseros cuando vayamos a congelarlos, siempre en recipientes limpios y cerrados.
– Vigilar especialmente los productos de más riesgo para las personas vulnerables: quesos frescos, zumos sin pasteurizar, productos animales poco hechos…
– No comer todos del mismo recipiente, servirse cada uno en su plato mediante cubiertos que se usen solo para servir.
– Desechar las latas abombadas o dañadas.
– Limpiar la nevera de forma regular y recoger inmediatamente los derrames de sangre y líquidos de los alimentos crudos.
– Si se sale de excursión o se lleva comida a la playa, los recipientes deben estar herméticamente cerrados, con tabletas de hielo o cubitos suficientes para mantener el frío.
– Mantener los alimentos fuera de las mascotas, que pueden ser portadoras de patógenos y parásitos.
– Exigir que en restaurantes, bares, cafés, pastelerías… los alimentos estén protegidos por vitrinas y refrigerados cuando así lo requieran.
Foto apertura: Karan Mandre en Unsplash
Gastronomistas

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