Cómo hacer que Andreíta se coma el pollo

Si este post se hubiera publicado unos años atrás, cuando Belén Esteban se peleaba con su hija para que se comiera el pollo, el maldito pollo, seguro que no habría llegado a tal nivel de desesperación. Pero eso sí, nos habríamos quedado sin su mítico grito: “¡Andreíta, cómete el pollo!“.

Si la princesa del pueblo hubiera seguido el decálogo que nos ha preparado Ada Parellada, Andreíta se habría comido el pollo, las patatas, la verdura, el postre y lo que le hubiera dicho su madre. Igual que cualquier hija de vecina. Porque no siempre pueden disfrutar de lo que más les gusta (a mí me encantaba la imbatible tortilla de patata de mi madre, a la que le dediqué un post).

Como Ada es una crack en la cocina incluso rodeada de niños, monta el taller Patacutxi en el restaurante Semproniana cada sábado (Rosselló, 148) desde hace 11 años (comienza ya la nueva temporada). Doy fe, estuve allí y vi cómo los niños disfrutaban cocinando y luego, comiendo. Aunque aquel día no hubo pollo.

Estos son sus 10 mandamientos. Ya sabéis, si tenéis hijos, sobrinos, ahijados, nietos, lo que sea que no supere el metro cincuenta, debéis tomar nota. Palabra de Ada.

 

El pirata de los macarrones.1. NO OBSESIONARSE CON UN ALIMENTO U OTRO. Si a un niño no le gusta un alimento determinado no deberíamos insistir, sino buscar otro del mismo grupo de alimentos que proporcione nutrientes similares. Si a Andreíta no le gustan las lentejas y en cambio tolera los garbanzos, pues empezamos con garbanzos y ya iremos introduciendo las lentejas poco a poco.

2. DESCUBRIR QUE LOS ALIMENTOS DESPIERTAN LOS SENTIDOS. En ningún caso hay que considerarlos cajas de nutrientes ni medicinas, lo que no ayuda al niño a interesarse por ellos. Si tenemos unas zanahorias en el plato hablaremos de su color intenso, de su textura crujiente, de su sabor a tierra dulce, de su forma de cohete o de coche de carreras. No conozco ningún adulto que recuerde con nostalgia “los hidratos de carbono que le preparaba su abuela” pero todos añoramos el aroma de los bizcochos que se cocían en el horno.

3. COCINAR JUNTOS. Dejar manipular los alimentos a los niños, dando rienda suelta a su creatividad, les anima a probar alimentos que antes rechazaban categóricamente.

4. PLANEAR JUNTOS EL MENÚ DEL DÍA SIGUIENTE. Mientras cenamos podemos hablar de qué cocinaremos al día siguiente, involucrando a los niños en el proceso culinario desde el inicio.

Lo más parecido a una tertulia de sobremesa.5. COMER SIEMPRE JUNTOS… siempre que sea compatible con los horarios. Cuando comemos / cenamos juntos aprovecharemos para hablar de lo que hay en el plato (de los alimentos, de cómo los hemos cocinado…).

6. NUNCA USAREMOS LA MESA PARA REGAÑAR. La mesa es la zona de confort, la zona de equilibrio familiar. La comida / cena siempre tiene que ser alegre, el momento para contarnos cómo ha ido el día, qué anécdotas han  pasado… Si usamos la comida / cena para regañar, muchos alimentos tendrán sabor amargo y será muy difícil no asociarlos con una mala experiencia.

7. COMER TODOS LO MISMO. No consideraremos que Andreíta no sabrá apreciar nuestras gambas ni consideraremos que no necesitamos hidratos de carbono. El día que hay sopa de pasta todos comemos sopa de pasta y también el día que hay paella de bogavante.

8. TODO LO QUE COMEMOS NOS ENCANTA. Los adultos debemos celebrar todo lo que hay en la mesa. Si los niños nos ven comer con fruición y disfrutando los alimentos es más fácil que se animen a probarlos.

9. NO CAMBIAR EL MENÚ. No nos vamos a adaptar a los gustos de Andreíta, sino que Andreíta se va a adaptar a nuestros gustos. El menú que nosotros diseñamos responde a las necesidades nutricionales de la familia. Si Andreíta no acepta un plato de los que salen a la mesa no discutimos por ello. Simplemente ‘negociamos’ una cata: una cucharada, dos, las que decidamos entre las dos partes.

10. NO DELEGAMOS EN LA ESCUELA NUESTRA RESPONSABILIDAD DE EDUCAR. Los padres somos los responsables de enseñar a comer a nuestros hijos. En ningún caso esperaremos que los niños prueben alimentos nuevos en la escuela. La primera vez que nuestros hijos prueben la lechuga –por decir uno de los alimentos típicos– lo harán en casa, nunca en la escuela.

 

(la foto que abre el post es de Santi Cogolludo).

 

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

2 Comments
  1. Hola!

    Muchísimas gracias por el post! Seguro que ahora Andreíta ya come pollos muy grandes. Por decoro y porque seguro que estamos en horario infantil no escribiré la palabra que denomina un gran pollo.

    Hasta pronto!

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