Los sábados cocinan los niños

Digamos las cosas por su nombre, queridos padres. ¿Cuántas veces habéis ido a un restaurante con vuestros hijos y habéis deseado perderlos de vista durante un buen rato? ¿Cuántas veces os habéis levantado de la mesa porque el nene no para de correr arriba y abajo, cuántas veces se os ha indigestado la comida porque el ‘rey de la casa’ se ha tirado encima medio plato porque estaba jugando, cuántas veces habéis pedido disculpas a los clientes de al lado, o a los camareros, porque al chaval le ha dado por gritar, por llorar, por cantar? En definitiva, ¿cuántas veces habrías pagado 10 euros más por tenerlo entretenido y feliz en un restaurante de verdad, no de esos en los que te dan un menú infantil con escalopa, patatas fritas y columpios de postre en el jardín? Porque tú quieres disfrutar de la buena comida, ¿no?

imageLa gastronomista Laura Conde apuntó varias soluciones para las milfsters, esas madres modernas con descendencia, que en este post encontrán locales ‘niños-friendly’. Yo, tras pasar por la cocina del Mandarin Oriental con mis compañeros gastronomistas, aporto otra idea: el Semproniana. Allí, por esos 10 euros de más, es decir, por 20 euros, dan de comer a los niños y, durante dos horas, chas, los hacen desaparecer de tu vista como por arte de magia. Ni un grito, ni una bronca, ni un mal gesto… Tú puedes disfrutar de la carta de un buen restaurante como este (con platos talla S, L y XL), dirigido por Ada Parellada, y ellos se ponen el delantal, se calzan el gorro de chef que ellos mismos se han personalizado y se dedican a cocinar con la ayuda de dos pacientes y experimentadas monitoras. Sí, ese día, cocinan ellos. Ese día, no hay niños. Y vosotros y ellos, encantados, claro.

imageEl establecimiento tiene una sala, el llamado taller Patacutxi, donde acogen a los críos. Allí preparan platos sencillos en los que, sobre todo, priman dos cosas: que los ingredientes sean blandos para que les cueste poco trabajo manipularlos y que las recetas les obliguen a mezclar, estirar, amasar, batir, picar… Es decir, ‘marranear’. Les encanta ponerse hasta arriba de harina, meter los dedos en el chocolate deshecho, ver como con cuatro cosas son capaces de hacer un brownie de maizena (eso fue el día estuve yo) o un bacalao con piquillos, o un calzone. Son platos que se rematan en el horno porque aquí no juegan con fuego.

Hay que tener arte con el chocolate.Y minutos después, tachán tachán, Ada Parellada saca del horno sus brownies.Mientras comen (pasta, hamburguesas, sopas de letras, patatas fritas y otros platos que no les gustan tanto pero que en Semproniana saben disfrazar como lentejas, espinacas, atún, huevos duros, pescado azul…), sus creaciones se rematan en el horno y, al acabar, los envuelven como si fuera un regalo y los llevan felices y contentos a sus padres para que vean de lo que son capaces de hacer. Que es mucho más de lo que podéis imaginar.

... es que les encanta el chocolate.El equipo de cocina, al completo.El taller, que está en marcha desde el año 2000 (saben lo que hacen, en fin), se celebra cada sábado del curso escolar y tiene un máximo de 15 plazas por sesión. Los niños deben tener entre 4 y 10 años. Si os convence la idea, os hago una reflexión, sobre todo a los padres vagos y prácticos: ¿Habéis pensado que, con un poco de suerte, vuestros hijos se aficionarán a la cocina y, dentro de unos años, cocinarán para vosotros? Yo lo tendría en cuenta, sobre todo si lo vuestro no son los fogones…

Semproniana
Rosselló, 148 (Barcelona).
Teléfono: 93 453 18 20.
Horario del taller: cada sábado de la temporada escolar, de 13.30 a 15.30 horas (se pide puntualidad).
Precio: 20 euros por niño, comida incluida.

 

 

 

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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