Nueve cosas que la cocina de Pablo Iglesias dice sobre Pablo Iglesias

Ana Rosa, intrépida como siempre, se fue a la casa de Pablo Iglesias para observar desde un punto de vista casi antropológico cómo vive el líder de Podemos. De la ruta de Ana Rosa por las dependencias de Pablo hemos sacado esta foto en la que el político toma el café en una cocina que nos dice múltiples cosas sobre el hombre que la ocupa. Tantas como estas nueve:

cocinaiglesias

1- Basta con echar un vistazo al look de Pablo Iglesias para saberlo, pero su cocina lo confirma: al líder de Podemos la estética le importa un pimiento. Preocuparse por algo tan superfluo como que las cosas sean bonitas es casta: la búsqueda de lo sublime a través de esa belleza capaz de trascender cualquier realidad, que tantos artistas han perseguido a lo largo de la Historia es, al fin, una pulsión burguesa. La belleza, amigos, nos aleja de la Revolución y Pablo lucha contra ella con enorme éxito gracias a sus dos grandes armas: su peinado y su cocina.

2- Pablo tiene la lavadora en la cocina, cosa que denota que nos hallamos en un ambiente humilde. La clase media convencional, esa que jamás votaría a Podemos, no concibe estar echando el suavizante mientras se fríen las croquetas, soportando el estrépito del centrifugado mientras hierven los espaguetis. La lavadora, creen, si nos vanagloriamos de ser personas medianamente normales, no puede estar colocada bajo ningún concepto en ningún otro lugar que no sea la galería.

Esto te obliga irremediablemente a tener galería, algo que no resulta tan sencillo para una gran parte de la población que frota, feliz, los cuellos de las camisas en la pica de los platos sin importarle haber perdido la batalla contra el precio del metro cuadrado. Humilde, sí, como el de tantos millones de españoles, con esos “muebles de la abuela” que tanto enternecían a Elvira Lindo en aquel artículo de El País en el que soñaba hace unos días con echar un polvo con Pablo: un despliegue, por cierto, de clasismo en toda regla, con ese aire subyacente de superioridad moral, ideológica y estética que suele emanar de la gauche divine ilustrada.

3- A menudo sus enemigos le acusan con mala fe de estar permanentemente enfurruñado, de que le faltan frescura y sentido del humor (como si el 20% de paro sólo pudiese ser aniquilado a base de chistes), de que frunce demasiado el ceño y parece estar siempre a punto de darnos una regañina por tener más zapatos de los que realmente necesitamos.

Y es que, ¿cómo no va a agriarte el carácter empezar cada día en un lugar así? No hay que creer en el feng-shui ni en las energías ni en el karma para saber que el entorno influye en nuestras emociones y que Pablo desayuna a diario en un lugar que te hace pensar de inmediato en el Síndrome del Edificio Enfermo. Y el halo ‘malrollero’ de este controvertido espacio no tiene nada que ver con la humildad, es otra cosa, pues todos hemos estado en espacios humildes y sin embargo agradables, probablemente nuestras propias casas.

4- Pablo usa Fairy, ergo Pablo lava los platos. No, no es una perogrullada. El hecho de que Pablo use Fairy y no un lavavajillas de marca blanca indica que estamos ante un hombre sabio, que prefiere invertir un dinerillo más en un buen producto y huir del pan para hoy y hambre para mañana que representan los detergentes para platos de marca blanca.

Tú lo sabes porque eres perro viejo, la vida te ha llevado a fregar muchos platos y alguna vez has picado con el lavavajillas Eroski para después recordar entre lamentos, demasiado tarde ya, que si hubieses escogido Fairy sólo necesitarías una gota. Y lo sabemos nosotros, lo saben tu madre y la mía, nuestras abuelas y todas aquellas personas que lavan platos con frecuencia. Porque, ¿sabrá Pedro Sánchez que Fairy es el mejor detergente para platos? ¿Fregará los platos Albert Rivera? ¿Fue la cocina de Bertín la única que ha pisado Rajoy en la última década? Nos aventuramos a responder a estas preguntas: en casa de Rajoy los lava la asistenta; Sánchez tiene lavavajillas pero sólo pone los platos el fin de semana, cuando se pone el polo; y Rivera come fuera o en casa de sus padres.

5- Pablo Iglesias está soltero. Decir que esa cocina grita a los cuatro vientos que está ocupada por un hombre soltero heterosexual de mediana edad es lo más carca, sexista, retrógrado, casta y de derechas que se puede decir y nos avergüenza profundamente que semejante afirmación salga de nosotros. Pero es la dolorosa verdad, que nos escupe a la cara que son demasiados siglos de patriarcado como para que Pablo se levante por la mañana corriendo a la floristería a comprar tulipanes frescos mientras se hornea un pan de espelta ecológica y se lamenta porque tiene un bad hair day.

6- Pablo usa Tatay. Gran marca de productos para el hogar, de lo mejorcito en cubos de basura, que indica que el líder de Podemos recicla escrupulosamente y no le importa invertir (volvemos al caso Fairy) en lo que realmente importa. No encontramos, obviamente, cubos de diseño pero tampoco cualquier cubo de bazar: los cubos de Pablo son funcionales y de calidad, y están estratégicamente colocados en medio de todo de manera que dirijas hacia donde dirijas tu mirada te los encuentres ahí, desafiantes, cosa que nos remite irremediablemente al punto 1.

7- Pablo no ha entendido que cualquiera que tenga un mínimo sentido de la proporción aconsejaría que, a ser posible, es recomendable colgar los pósters en paredes amplias, para que respiren, no se te vengan encima y no se coman el espacio. Que si en tantos años de historia del cine y la televisión nunca jamás nadie ha visto ninguna nevera con pósters es por algo, que en las neveras mejor poner dibujos de tus sobrinos, una foto de Leonard Cohen de joven o imanes horteras de viajes.

Pablo cree que la nevera es un lugar perfecto para colgar pósters, lo que corrobora que a/es un hombre con criterio propio, al que no le importa cabalgar en solitario frente a la obtusa mayoría, y b/el punto 1. Que le guste Tarantino, al fin, no dice, nada: ¿a quién no le gusta Tarantino? A Pedro Sánchez, probablemente, que es más de Garci.

8- Pablo es un hombre capaz de tomar decisiones arriesgadas, una cualidad que corresponde a nosotros decidir si es conveniente en un presidente del Gobierno, teniendo en cuenta que el que tenemos en la actualidad representa precisamente todo lo contrario. Y es que en la cocina hallamos, al menos, tres elecciones de lo más punk en materia de disposición de elementos en el espacio:

1/ poner los trapos de cocina en la silla, sabiendo que el asa del horno es el lugar mainstream para hacerlo. Es una decisión respetable, sí, pero absolutamente underground, una estampa que nos hace imaginarle poniéndole los cuernos a Merkel con una risilla en una foto oficial de los 15. Cabe destacar que al menos uno de los trapos es de Ikea, lo que le acerca un poco más a todos nosotros (¿alguien se imagina a Rajoy en Ikea?).

2/ poner las tablas de cortar tras el grifo es otro gesto heterodoxo que nos habla de una persona a la que no le importa que queden totalmente salpicadas cuando friega y, lo peor, ocupen el lugar que en el imaginario colectivo de las clases medias debería ocupar la botella de Fairy, la cual sin embargo posa el soledad en un rincón. Ahí lo dejamos.

3/ poner la bayeta húmeda doblada ante la pica. Este gesto nos dice que Pablo es de esas personas inquietantes que doblan la bayeta, aún húmeda, a las que no importan memeces como la humedad y las bacterias.

9- Pese a la humildad, el feísmo y ese halo working class que destila cada rincón de este espacio, nos resulta inevitable pensar que tras Podemos no se halla precisamente un grueso electoral procedente de esa izquierda trabajadora que ha sudado gota a gota cada una de las baldosas desconchadas de su cocina. La de Podemos es, a todas luces, una izquierda recién llegada a esto de la izquierda, ya sea por edad (esos jóvenes universitarios del 15-M) o por filiación (esos profesionales liberales que superan la treintena y que empezaron a ser de izquierdas cuando la crisis les enseñó las orejas, esos que parecen interesarse por Podemos del mismo modo que lo hacen por Sufjan Stevens o por el veganismo), con sus correspondientes excepciones, faltaría más.

Es por ello que lo que de verdad nos dice a grito limpio la cocina de Pablo, esa en la que sueña con retozar Elvira Lindo sin saber que probablemente Pablo no la tocaría ni con un palo, lo que de verdad nos pregunta ese pedazo de realidad que parece diseñada por Fernando León de Aranoa es dónde demonios está Alberto Garzón. Y por qué, entre unos y otros, entre todos los que nos están montando este circo llamado campaña electoral, prefieren mantenerle al margen.

Laura Conde
Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.

3 Comments
  1. En el artículo se olvida de mencionar que su casa es VPO, cuando el individuo cobra más de 10.000 € al mes. Otros con menos recursos esperan por vivienda oficial aún. Se olvida la autora de mencionar que Pablo Iglesias es un privilegiado que ha gozado de becas de estudio en otros países, por lo que no es uno más de la clase media ni media-baja. Se olvida la autora mencionar algunas cuestiones relacionadas con la higiene, el orden.Indica juicios de valor sobre las veces que pisa la cocina Rajoy, ¡qué sabrás!. El artículo es una indisimulada loa a Iglesias, mostrando un personaje como otro cualquiera perteneciente a una clase trabajadora a la que nunca ha pertenecido. Entrando en la opinión; la mía es que la cocina del personaje indica un carácter descuidado, desordenado y con falta de higiene; es de esperar, que si algún día gobierna, no haga con España lo que hace con su cocina.

    1. ¿Pero qué pasa, que si gozas de una beca ya eres de clase alta? Las becas son para la gente que se esfuerza y menos recursos económicos tienen. Pensemos un poco, por favor.

  2. En el aspecto periodístico, un magnífico artículo sobre la cocina de P. Iglesias.
    Como todos los que he tenido ocasión de leer de esta periodista, rebosa muy agudas y divertidas observaciones que con tan deliciosa prosa y afilado estilete, dice lo que quiere decir de forma tan encantadora como amena de leer.
    Otra cosa es el fondo y el poso de sus apreciaciones sobre el mencionado y los daños colaterales para los demás que la autora considera necesarios para el mayor y mejor enjabonado de los afines.
    No pasa desapercibido hacia donde se dirigen las simpatías políticas de la periodista ni tampoco las antipatías dado el enjabonado de unos y el sutil tono de desprecio para los no afines.
    Estos, convencidos ellos de tener, (en exclusiva) la posesión de la Verdad Absoluta, el pijo-progre de pró cree tener superioridad moral sobre todo aquel que ose ver las cosas de forma diferente y considera imperdonable que además:
    No sea joven
    No se auto considere guapo
    No se auto-considere televisivo
    No se auto-considere buen tele predicador
    No vista con estudiado desaliño
    Todo lo expuesto es solamente otra forma de ver afines que ni siquiera pretende ser la buena. Pero lo importante es que el artículo es magnífico y me ha hecho pasar un buen rato.

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