Enigma vuelve para no dejar de sorprendernos

El nuevo Enigma coquetea con la incógnita de lo que quiere ser

Enigma o, mejor dicho, Albert Adrià ha vuelto.
Esta misma semana y en elBarri donde empezó todo. Incluso el ocaso de un grupo de restaurantes que, de alguna forma, ya son historia.
Historia de una Barcelona gastronómica que el menor de los Adrià hizo brillar como pocos.

La reapertura de Enigma no sólo es una buena noticia para la ciudad.
Lo es también para quienes amamos esa forma de entender la gastronomía que va allá de alimentarnos.

Enigma es la expresión más genuina de la cocina vanguardista de Albert Adrià.
Es la sorpresa continua en términos de creatividad y la incertidumbre permanente ante lo que vendrá.
Ya ocurrió con el primer Enigma, que recompuso su fondo y forma hasta el final de sus días.
La incógnita como razón de ser.

Después de probar el nuevo Enigma tuvimos la sensación de no saber aún qué quiere ser el nuevo Enigma. Tampoco qué será del nuevo Enigma.
La incógnita como estado vital.

En Enigma no interesa tanto resolverla como dejar que nos asalte e invada a lo largo de cada servicio.
Aunque hayamos leído los enunciados de la/s carta/s -de “food” y “desserts”- o las crónicas de quienes también lo han probado.

De los rodajes de la preapertura a los de ayer mismo, seguro que han aparecido nuevas propuestas sobre la mesa o las barras. Tan sólo en cuestión de días.
Eso es también Enigma.

El torbellino de ideas que es Albert Adrià encuentra el mejor cobijo en su local más vanguardista. De interiorismo frío y formas cálidas en el servicio, Enigma es el culmen de la alta cocina más sugerente e innovadora.

El paseo por su laberíntica sala se mantiene gracias a sus dos nuevas estaciones de producto en crudo: Shinkai para el sushi, y Sua para las brasas.
Juntas conforman la conceptualización más interesante del nuevo Enigma.

El restaurante es ahora más bien diurno para el ‘fine dining’, mientras reserva su ‘comfort food’ para una suerte de tardeo que aún no acabamos de ver… pero que también tiene su público.
Porque el rollo es más ‘casual’, sobre todo en cuanto a comida y bebida.
Si te van las ‘smash burgers’ y los cócteles, el atardecer es tu momento.
Degustarás buenísima calidad de producto en el mismo Enigma y por un precio más que correcto de 17,30h a 21h.

Si por contra buscas al Adrià en estado puro, te esperan bocados en su mayoría livianos, de texturas mágicas, llamativas combinaciones y sabores rotundos.

Como su nube de maíz con lima, sus pizzas por porciones, sus espaguetis helados, sus densos caldos, esos mariscos sutilmente realzados para envolvernos en su frescura y una tarta de chocolate para el recuerdo.

 

De todo ello dimos cuenta mientras Albert Adrià pasaba por todas las mesas con su chaquetilla del añorado (primer) Pakta y el espíritu del vecino Tickets sobrevolaba el ambiente.

Enigma. Sepúlveda, 38-40. Barcelona.
De martes a sábado, de 13h a 21.30h.
Precio medio: 150€ la opción de ‘fine dining’. 

 

 

 

Belén Parra

La primera vez que se sentó a una mesa para contarlo en las páginas de El Mundo aún no se comía bien en los hoteles. Ha probado las mieles del oficio en una editorial gastronómica y en congresos especializados. Mata el hambre y la sed con las historias que encierran restaurantes, cocineros y emprendedores del buen vivir.