Guía práctica para un día de comilonas en Nápoles

Nápoles es una de esas ciudades italianas que generan amores y odios a partes iguales, como suele ocurrir con gran parte de las urbes del sur de Italia. Al contrario de lo que ocurre con Venecia o Florencia, que generan consensos a la hora de enamorar al personal, o de Milán, que suele provocar indiferencia, Nápoles es uno de esos rincones del mundo que amas u odias –como Nueva York Moscú o Sevilla–, ambas cosas rotundamente y sin matices. Y es que una vez tomas un Vueling la bulliciosa ciudad italiana y tratas de desenvolverte en su característico caos entiendes que Nápoles no admite términos medios, que aquí o juegas o mejor ni empiezas la partida.

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Hay muchos motivos para amar Nápoles. Su precioso casco antiguo empedrado, siempre vivo y efervescente, el griterío, el bullicio, ese caos en el que tan bien se las apañan los napolitanos mientras tú paseas por sus calles presa de un permanente miedo a morir, su belleza decadente, su riqueza monumental, sus tascas tan alejadas del moderneo de otras capitales o de las altivas avenidas milanesas. Nápoles es compleja y caótica, bella en su locura, y cuenta aún con joyas arquitectónicas que demuestran que en su día fue un imperio en manos españolas, durante el reinado de Carlos III.

Es, a su vez, un lugar a veces hostil e incomprensible, donde casi cualquier cosa resulta extraordinariamente difícil, sobre todo soportar las toneladas de condescendencia –en el mejor de los casos– con que, si eres mujer, están siempre dispuestos a obsequiarte los napolitanos. Su caos a veces abruma, y si no tenemos el cuerpo para grandes festivales puede que nos acabe resultando excesivo.

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Dicho esto, lo que no se puede discutir sobre la capital italiana es que se come de escándalo. Y además no encontraremos, por fortuna, ni un atisbo de locales con ínfulas en los que reina el postureo y la palabrería. Buenas pizzas, grandes vinos, platos de pasta escandalosos, pescados de excepción y dulces sencillotes y ricos. ¿Vas a estar apenas 24 horas en Nápoles? Aquí va una mini-guía para comer de maravilla sin dejarte la semanada en el intento.

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Desayuno: Caffè Ciorfito

Nada mejor para empezar el día que atacar una de las pastas emblemáticas de la ciudad junto con un buen cappucino: la sfogliatella, que aquí se sirve melosa y crujiente, en su punto. Este hojaldre relleno de ricotta es un desayuno riquísimo –aunque aquí se come a todas horas–, muy típico de la ciudad, que va a apetecernos en todo momento. La pequeña terraza de Ciorfito, una minúscula cafetería del centro con una amplia oferta de dulces es el lugar ideal para empezar a arrancar en un local ambientado y agradable con varias ofertas de packs para desayunar que satisfarán a cualquier paladar. Atención también a sus cannoli.  

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Comida: Trattoria Nenella

Procura pasarte a una hora temprana o tener un plan B para la espera, porque en este lugar suele haber colas. Es turístico, sí, incluso los camareros protagonizan un show en que bailan junto a las clientas –el día de nuestra visita fue al ritmo, no es broma, de The Time of My Life, elevación incluida de varias damiselas que pasaban por allí–, pero tiene ese swing tan italiano que va a robarnos el corazón. Tiene, además, unos platos de pasta deliciosos y bastarán unos sencillos espaguetis con tomate y albahaca para mostrarnos ese nosequé de la auténtica cocina italiana que marca la diferencia.

Platos sin parafernalia, sencillas ensaladas y una cocina casera tradicional de batalla marcan la carta de este local siempre ambientado cuya puesta en escena nos dejará de piedra: vasos de plástico, manteles de papel, espacio regulín entre mesas, comensales cercanos chillando, niños correteando felices… En definitiva, es difícil no amar Nenella.

Trattoria Nenella. Vico Lungo Teatro Nuovo, 103/104/105

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Merienda: Scaturchio
No importa que la comida haya sido profusa: aquí se cocina tan bien la pasta que nos sienta estupendamente, y pasado un ratito nos quedará un hueco para uno de los populares babà al ron que abundan en los escaparates de las numerosas pastelerías que encontramos a lo largo y ancho de la ciudad. Es hora de parar en Scaturchio, un local de aspecto clásico y señorial con una hermosa terraza en la que disfrutar de las buenas temperaturas con que nos obsequia durante casi todo el año la ciudad. Estas populares pastas de ron –cuidado, porque son fuertecitas: no van a convencer a todos los paladares– son una buena manera de hacerlo.

Venga va, otra opción, que la merienda es irresistible en Nápoles. ¿Qué tal un pastelillo o un tiramisú en la terraza del señorial Gambrinus, un café centenario que en su día albergó al señorío local y que hoy en día mantiene ese aire atemporal y elegante de los viejos locales con solera?  Su tiramisú no está mal –aunque no es el mejor que hemos probado–, pero sus pastelitos, que parecen recién salidos de la casa de Hansel y Gretel, nos van a llamar por nuestro nombre.

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Scaturchio. Piazza S. Domenico Maggiore, 19.
Gambrinus. Via Chiaia, 1/2.

Cena: Di Matteo

Hay varias pizzerías en Nápoles que se encuentran entre las más aclamadas de la ciudad tanto para los autóctonos como para turistas (Da Michele, Starita, Toto Sorbillo…). Nosotros escogimos Di Matteo, ubicada en una bonita callejuela, siempre animada, donde tuvimos que hacer cola para ocupar una mesa en su ajetreado comedor de la primera planta. Vasos de plástico, un vino que dejaba mucho que desear, manteles de papel y poca parafernalia en materia de puesta en escena son las principales características de un restaurante que, sin embargo, sirve unas pizzas excepcionales.

Su margarita, de masa fina, sabores compensados y buena materia prima, es precisamente eso que soñamos cuando pensamos en la pizza perfecta y que tan raramente encontramos en nuestras ciudades. Pues aquí te la sirven como si nada, como si a ellos no les costase ni lo más mínimo elaborar una receta que hace devanarse los sesos a tantos cocineros alrededor del mundo: la pizza perfecta, se dice pronto. Eso sí, si lo que buscas es intimidad y una cena romántica en un entorno chic, sal pitando de Di Matteo.

Di Matteo. Via dei Tribunali, 94.

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La primera: Libreria Berisio

No todo en Nápoles son tabernas de batalla y vino peleón en vasos de plástico. También encontramos locales de vocación hipster y cosmopolita, que reúnen al moderneo local entre sofisticados cócteles y estanterías repletas de libros. Libreria Berisio es un buen lugar para dejarse caer al comenzar la noche y tomarse la primera, que debe ser por fuerza un cóctel creativo elaborado con buen pulso por su solvente equipo. El local destila encanto y su oferta funciona a cualquier hora del día, ya que es librería y coctelería a la vez –aunque no hay que perderse su interesante selección de vinos–, y presume siempre de un ambiente sofisticado y cultureta.

Los que amen las librerías-café, deberían desplazarse también hasta la animada Piazza Bellini –en realidad también los que no, pues es el centro neurálgico de la vida nocturna en la ciudad– y reservar mesa en la terraza del bonito Caffè Letterario Intra Moenia, que ofrece sesiones de música en vivo los miércoles por la noche, entre otras actividades.

Libreria Berisio. Via Port’Alba, 28.
Caffè Letterario Intra Moenia. Piazza Bellini, 70.

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Para acabar la noche: Perditempo

Nuestro lugar favorito de Nápoles es este pequeño local, que cuenta con más actividad en la calle que en su interior, que ostenta con orgullo la categoría de antro aunque es en realidad un café literario con aire de tiempos pasados. De esos antros siempre sorprendentes en los que cada noche pasan cosas, frecuentado por un público variopinto que va desde viejos punks jubilados a chavalillos trans de pelo azul, grupos de amigas, gays de mediana edad, parejas de siniestros o citas Tinder en busca de la penúltima.

Todos conviven con armonía en uno de los baretos más animados de la ciudad, donde dentro suena la música –desde jazz a tecno o bossa nova: el eclecticismo musical es equivalente al de su parroquia–,  y la gente baila en su sala repleta de libros. Recomendamos encarecidamente una visita nocturna, pero por la tarde puede ser también un rincón ideal para hacer un alto en el camino y leer, vino en mano, la obra de Leopardi.

Perditempo. Via S. Pietro a Maiella, 8

Fotografïas: ©Aura Bachs

Laura Conde
Laura Conde

Como directora de la revista Guía del Ocio BCN se recorrió gran parte de restaurantes de Barcelona y escribió sobre ellos durante siete años. Es autora del libro ‘La felicidad en una croqueta’ (Now Books, 2014) y de 'Hecho en casa' (Now Books, 2015). En la actualidad escribe y habla, las dos cosas que más le gusta hacer además de comer, en diversos medios.

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