Galo Celta, los huevos que conquistan a los grandes chefs

¿Qué pone de acuerdo a Martín Berasategui, Iván Domínguez o Pepe Solla? Los huevos ‘de oro’ de Galo Celta, que provienen del norte de Pontevedra. Allí, David Sueiro regenta una explotación avícola ecológica única en España, en la que se producen unos huevos de una calidad extraordinaria. El gallego David Sueiro forma parte de esa legión de pequeños emprendedores que se está ocupando de rescatar formas y medios de vida tradicionales en el entorno rural. Hace seis años puso en marcha la empresa Galo Celta en su localidad natal, Villa de Cruces (Pontevedra), a menos de 50 km de Santiago de Compostela, una explotación en la que cría en total libertad pulardas, gallinas ponedoras y gallos de Mos –raza autóctona gallega recuperada en los últimos años–. Sus aves campan con tranquilidad por un amplio terreno recuperado en el entorno natural de Añobre, antiguamente en desuso, donde se alimentan de forma sana y natural y crecen lentamente.

La alimentación de las aves, combinada con el ejercicio y la genética, influye en el producto final. Los huevos de sus 3.000 gallinas ponedoras –responsables de una puesta cada tres días, lo que se considera un ritmo lento y respetuoso– son de una calidad suprema, con unas cualidades organolépticas únicas: “la yema es pura crema, melosa y brillante, sin apenas agua y con más ácido oleico. Son muy sabrosos y se podrían comer incluso directamente, sin cocinar”, afirma David.

Estas buenas prácticas han permitido que sean los primeros huevos de nuestro país
con huella ambiental calculada: una certificación que garantiza que el impacto que se genera en el medio ambiente, directa o indirectamente, a lo largo de todo el ciclo de vida del producto es mínimo –tras el análisis de diferentes factores, como el consumo de recursos hídricos o la destrucción de la capa de ozono, entre otros–. Al final de su vida útil, la gallina se sacrifica para aprovecharse la carne y el fabuloso caldo que proporciona su carcasa. No acortan el ciclo de vida de las aves, ya que esperan entre siete y nueve meses para sacrificarlas –mientras que en las granjas industriales no se suelen superar los 30 días–. Así, Galo Celta también produce embutidos artesanos de gallo de corral (pechuga curada, fuet y chorizo) y vende gallos y pulardas despiezados y como carne picada –la cual comercializan en forma de hamburguesas–. Gracias a este sistema natural de cría, los productos de Galo Celta son jugosos, bajos en grasa, ricos en proteínas, hierro y ácidos oleicos Omega 3 y 6. “Estamos orgullosos de contribuir a la conservación de la cultura y las tradiciones del ámbito rural gallego, recuperando una sabiduría popular transmitida de generación en generación en las aldeas”, continúa
David. “Lo que hacemos aquí no tiene nada que ver con la agricultura o ganadería industrial. Ponemos en valor la calidad de lo humilde y lo local, nuestras ‘viejas cosas buenas’. Producimos a pequeña escala y fomentamos la honestidad, la lentitud y el buen gusto”.


Galo Celta es uno de los productores que participan del Mercado de la Cosecha, una iniciativa de compromiso social de apoyo al ámbito rural gallego promovida por la empresa Hijos de Rivera.  Además, sus productos están disponibles en el Club del Gourmet de El Corte Inglés y en tiendas especializadas (media docena de huevos, 4,95 euros).

Banda sonora. Travis – Coming around

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