Rápida escapada a Nápoles

Ya conocéis Venecia, Roma y Florencia… ¿por qué no cambiar un poco y poner rumbo a Nápoles? Esa ciudad a cuyo nombre mucha gente suele responder con una mueca, influenciada por el sinfín de tópicos peyorativos que le atribuyen: suciedad, mafia, hurto, blablablá. No saben lo que se pierden.

Sí, Nápoles es intensa, caótica, ruidosa, rota. Y sin embargo, enamora, cautiva, fascina. Es simple, cercana y cálida; es la Italia auténtica, tal y como la imaginamos a través de las películas. Con su gente, que se comunica con pasión, subiendo los decibelios, con un acento cantante y un lenguaje gestual exagerado. Aquí las tradiciones están bien arraigadas, también las supersticiones y la religión, que ha dejado mella en la arquitectura, los edificios y las costumbres devotas de los habitantes de la capital de Campani.

Tampoco se puede pasar por alto su gastronomía, rica en diversidad, de origen humilde y deliciosa. En resumen, en Nápoles hay mucho que ver, probar y hacer durante una escapada con Vueling. Nosotros lo hemos comprobado y, para empezar a dar pistas, comenzamos con el alojamiento. Nos hospedamos en un ‘bed and breakfast’ muy recomendable, ‘Chez Caroline’ (Via Salvator Rosa 339), céntrico y cuya dueña os tratará como si fuera vuestra abuela, regañándoos si no dormís o no coméis lo suficiente .

¿Qué ver?

“Hay tanto aquí que no sé porque la gente va a Capri”, te sueltan a la que pueden los napolitanos. Y es cierto. Aunque se puede ir a pasar el día a Capri tras una horita de trayecto en ferry, Nápoles se merece toda la atención porque toda la urbe es, en sí, un museo. Tiene lo que estas ciudades que fueron centro de poderío y riqueza en otros tiempos: una mezcla de encanto, esplendor anticuado, majestuosidad y mucha dosis de nostalgia que es casi palpable. Es un viaje en el tiempo y la historia, para lo bueno y para lo malo.

Empujar la puerta de cualquier edificio es vislumbrar lo que antaño fueron palacetes que hoy se caen a pedazos, jardines secretos con olor a jazmín, repletos de limoneros y naranjeros. Lo mismo puedes visitar la fortaleza militar Castell dell’Ovo, que recorrer el encantador litoral por la Via Riviera Chiai, sentarte al medio de la Piazza del Plebiscitto, donde se encuentra la gran iglesia de San Francesco di Paola, dar un paseo por las encantadoras callejuelas del Centro Antico o del barrio Español, donde verás colgando en tenderos improvisados bragas, sábanas, sujetadores y vaqueros, o bajar a cuarenta metros de profundidad y descubrir las entrañas de la ciudad: Napoli Subterránea, una visita que ofrece un paseo por la historia romana, la época medieval y la etapa más contemporánea desde sus fundaciones.

En Nápoles también hay que ver, sí o sí, el cementerio della Fontanelle (Via Fontanelle, 80), una terrorífica gruta donde están dispuestos miles de huesos humanos que descansan aquí para la eternidad. Son los restos mortales de miles de personas que sucumbieron a la epidemia de cólera en 1836 y que los supervivientes trajeron aquí para darles una sepultura digna para que pudieran descansar en paz. Aun hoy en día sigue intacta la costumbre de traerles ofrendas para ganarse el cielo, y quizá un poco de suerte mientras esperan su paso ante San Pedro. Una buena muestra de que la religión -y superstición- se vive y siente con fervor, como también lo demuestran estas creencias místicas, los santos altares en cada esquina y los crucifijos que se perciben en los comedores de las viviendas a pie de calle, siempre orneados con velas y flores.

Tampoco se puede pasar por alto que el centro de la ciudad alberga iglesia tras iglesia, siendo las principales visitas en Nápoles. Las más famosas son Santa Maria Donnaregina Nuova, Chiesa San Giovanni a Carbonara, Chiesa San Domenico Maggiore, todas ellas en el casco antiguo.

Y si aún queremos más historia, de visita imprescindible son las impresionantes ruinas de Pompeya. A 45 minutos en tren desde el centro de Nápoles, nos plantamos 2.000 años atrás, en una ciudad de la Antigua Romana erradicada y conservada por la lava del cercano volcán Vesubio (al que podéis acceder andando para observar las impresionantes vistas a la zona) y que pillo desprevenidos a los habitantes de esta localidad. La visita es agotadora –especialmente los días de calor- (contad casi un día) pero cautivadora. Choca la modernidad del sistema de vida en esta localidad, con infraestructuras, construcciones, e incluso, costumbres muy similares a nuestra época. La mayoría de las figuras humanas, que con sus gestos de dolor muestran el horror de la catástrofe que acabó con Pompeya, no se encuentran aquí sino en el impresionante Museo de Arqueología de Nápoles (Piazza Museo, 19), repleto de vestigios milenarios y de suma importancia en la historia de la humanidad.

¿Dónde comer?

Pero si algo caracteriza Nápoles es su gastronomía, y lo que sorprende es que cualquier garrito de barrio os hará tocar el cielo, especialmente con sus pizzas, especialidad local que difiere de las del resto del mundo por su masa fina y volátil. Simple, a la imagen de su gente, es a menudo servida en su versión Margarita o con pocos ingredientes más. Se mantiene así fiel a sus orígenes de plato pobre pero que sacia. Y veréis que en Nápoles pasa un fenómeno muy curioso. Por mucho que os sintáis llenos, hinchados, saciados, y por mucho que repitáis un habitual “esta noche no ceno”, os será imposible parar de devorar pizzas. Las encuentras por todos lados y están tan buenas que es imposible resistirse.

La compañera Belén Parra ya recopiló las mejores direcciones de la ciudad en este post: Nápoles en 5 pizzerías. Añadiría también visitar, como no, la ultra celebre Antica Pizzeria Da Michele por la que han pasado un sinfín de rostros famosos, entre ellos la actriz Julia Roberts, que grabó aquí escenas de la película Come, ama, reza. Eso sí, armaos de paciencia ya que la cola puede durar hasta dos horas. Pero sus pizzas (solo tienen dos tipos: la margarita y la marinara) son una delicia que cuesta no más de 6 euros.

La pasta no es para menos. Qué os vamos a contar… ¡estamos en Italia! Y las mejores recetas de pasta de Nápoles las degustaréis en la mesa del Europeo, un restaurante regentado por la misma familia desde 1852 cuya especialidad son las salsas a base de pescado y marisco. ¡Para llorar de alegría! Avisamos que os será muy difícil elegir qué plato probar en la carta y que es muy probable que repitáis visita a este establecimiento.

Para acabar, hablemos de los dulces locales, entre los que recomendamos especialmente las gigantescas bolas de cremosos helados artesanos servidos en un brioche de Soave (Via Scarlatti 130) y de Chalet Ciro (Via Caracciolo al final de la Riviera di Chiaia); el sorbete de limón de Gay-Odin, que solo se encuentra en primavera y se elabora con los limones de la Costa de Amalfi, al sur de Nápoles, una especie gigante y con un aroma y sabor increíble; la torta de pastiera (masa brisa, crema de ricotta y trigo cocido, aromatizada con agua de azahar) del Gran Bar Riviera (Riviera di Chiaia, 183); los ‘mini babàs’, una especie de brioche preparada con huevo y mantequilla que una vez horneada se emborracha con un jarabe de ron, y los ‘riccia’ (hojaldre relleno con queso ricota) de Scaturchio (Piazza San Domenico Magiore, 19); y los ‘sfogliatelle’ de Pintauro (Via Toledo, 275).

Imposible pasar por alto el café, intenso, fuerte y con un punto amargo como tiene que ser. El más famoso se puede disfrutar en el mítico Bar México (que se encuentra en la bonita Piazza Giuseppe Garibaldi, 72), donde también podréis comprar para llevar, a modo de souvenir, paquetes de café molido. Otra variante cafetera es el ‘caldo-freddo’, un espresso al que añaden un poco de crema de vainilla helada y un hilito de chocolate deshecho y caliente. Se bebe sin remover previamente para disfrutar en boca del contraste de sabores, texturas y temperaturas. ¿Dónde? En el Bar Mastracchio (Via Tofa, 4). Cuesta 1 euro, así que podréis repetir tanto como queráis. Y cuidadito, es un vicio.

Laia Zieger
Laia Zieger

Una periodista francesa ‘expatriée a Barcelona’ que ha trabajado en El País y El Periódico de Catalunya, colabora con medios de ambos lados del Pirineo, y coordina el portal www.vinacora.com. Es autora del libro ‘Portraits de Barcelone’ (Hikari Editions, 2016).

2 Comments
  1. Muy buena nota y me ayudo muchísimo a entender aún más la excelente gastronomía de Nápoles. Muy bien escrito pensado y narrado. Felicitaciones

  2. Hola
    Somos 2, Vamos a estar unos días en Napoles entre ellos la noche del 31 de diciembre y no sabemos donde cenar.
    Nos han asustado un poco con que hay tiroteos con muertos. Debemos preocuparnos? Nuestro hotel esta en Villa Foria mas o menos a la altura del 100. Es seguro ir andando hasta el castillo nuevo para cenar alli y ver los fuegos artifiales?
    Podríais recomendarnos un restaurante bonito y agradable?
    Muchas gracias

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