Viena, más allá del Weiner Schnitzel

Me he perdido Viena dos veces. Una porque decidí que no tenía tiempo. Otra porque consideré que no era el momento. Parece que la vida hace que Viena se escape. El mío no es el único caso. Pero también que te encuentres con ella en el momento menos esperado. De repente te ves frente a un mapa, con tres días y un destino por elegir. Hora de registrar historias pendientes.

Libreta en mano aterricé con las ganas puestas en encontrar una ciudad que bailara más allá del clásico Wiener Schnitzel (escalope vienés), las salchichas en los puestos callejeros o la tarta Sacher. Y encontré una ciudad clásica, con encantadores cafés de otra época, jardines, edificios señoriales y grandes avenidas. Pero también otra Viena que se mueve en mercados, museos y mesas escondidas entre libros o en románticos patios.

Naschmarkt

Es el mercado callejero más popular de Viena, con puestos permanentes de frutas, verduras, especias, quesos, carnes, dulces, panes… Abre todos los días (excepto domingos) y los sábados se ha convertido en un punto de encuentro de gente de todo tipo que, en cuanto sale el sol, llena las terrazas que se salpican entre venta de tomates y olor a cocina hindú. Y esto es porque los sábados Naschmarkt “crece” porque es día de rastro y se extiende con puestos de ropa de segunda mano y antigüedades. La actividad se concentra en la zona y se anima a ritmo de cerveza. Es el plan de sábado a media mañana si estás en Viena.

Un lugar recomendable para ir a comer y probar de aquí y de allá, desde cocina tradicional vienesa a todo tipo de sabores de corte internacional. Neni, por ejemplo, con especialidades de Oriente, la cocina ecológica de Tewa, desayunos en Deli o platos de pescado y marisco en Umar son algunas paradas recomendables.

En torno a Naschmarkt hay más cosas que rescatar. Como el barrio de Freihausviertel, al que puedes acceder desde Schleifmühlgasse. Café Amacord, perfecto si buscas la cocina popular de Viena acompañada de vinos de la zona, de buen ambiente y precios razonables; Babette’s, una librería gastronómica con menú de cocina fresca y casera; los desayunos (disponibles hasta las 5 de la tarde) de Point of Sale; las recetas francesas en Coté Sud; o la combinación de cocina con arte, cultura y sesiones de Dj de Zweitbester.

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MuseumsQuartier

El llamado Barrio de los Museos. Un recinto donde se da cita la cultura en todas sus expresiones -teatro, arquitectura, artes plásticas, danza, moda entre muchas otras- con un programa de actividades todo el año en torno a su enorme patio.

En invierno te puedes con encontrar un mercadillo de Navidad que nada tiene que ver con los tradicionales, en el que tomar glünwein (típico vino caliente) pero con música electrónica de fondo. Mientras que con el buen tiempo despliegan grandes hamacas de colores desde las que se disfrutar, por ejemplo, de festivales de cine al aire libre.

90.000 m2 y más de 60 instalaciones culturales que, por supuesto, también dejan sitio para la gastronomía, como Café Leopold, Kantine o Glacis Beisl, donde nosotros cenamos. Combina cocina internacional con especialidades más locales, de buen precio y ambiente. Está casi escondido a la trasera de MQ y eso le da un encanto especial. Búscalo.

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Spittelberg

Pegado a MuseumsQuartier hay un barrio que no se puede pasar por alto. Sus estrechas calles consiguen trasladarte a un lugar de cuento. Paseas. Escuchas música. La sigues y te encuentras con una lección de baile que no consigues clasificar. O con ventanas que asoman a estudios de pintura donde se está desarrollando una performance en toda regla. Cotilleas. Y te ves en un patio que de repente es un restaurante. Mesas llenas de velas, precios contenidos, cocina internacional y local, cervezas y vino. Amerlingbeisl.

Otros locales recomendables de la zona son Das Möbel, para un café, una cerveza o una copa de vino en un local en el que se vende todo el mobiliario; Trattoria da Paolo & Anna con cocina italiana casera; o Kussmaul, un restaurante de cocina regional y ecológica firmada por el chef Mario Bernatovic que se completa con espacio de bar y café-pâtisserie.

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A vueltas con el Weiner Schnitzel

Que ya que vas a Viena algo típico tendré que contarte. Digo yo. Por ejemplo, que el Weiner Schnitzel es un plato muy popular, un fino y enorme escalope que encontrarás en cualquier carta de corte vienés (nosotros lo tomamos en Plachuttas Gasthaus zur Oper, un local de hoy donde disfrutar de cocina vienesa de siempre). Que no dejes de parar en cualquiera de los dos puestos de Bitzinger (en Albertinaplatz y al lado de la Noria Gigante) a tomarte unas salchichas y una buena cerveza. Y que peques con una tarta Sacher y un Apfelstrudel que son dos de los postres típicos. La primera tiene su origen en el Hotel Sacher de Viena, donde se sigue peregrinando para disfrutarlo junto a un café.

Dónde dormir

E.EMBASSY_(6)_SmallEl traslado desde el aeropuerto hasta el centro se puede hacer cómodamente en tren. Hay línea directa hasta la parada Wien Mitte en el corazón de la ciudad. Es una zona perfecta para alojarse con amplias avenidas, actividad comercial, buenos accesos de transporte y muy bien localizada para manejarse a pie.

Recomendamos el Hotel Eurostars Embassy, un cuatro estrellas reformado recientemente donde nosotros nos alojamos. El servicio muy amable y un buffet desayuno variado y realmente rico. Las habitaciones son amplias, funcionales, y tanto camas como baño estupendos.

Viena suena bien, y no solo para los amantes de la ópera. Si eres más de Iván Ferreiro dejo que sea él y su hermano los que te lleven por las calles de una ciudad que quizá no esperas. La que yo he intentado rescatar aquí en clave gastronómica. Que no se te escape de nuevo.

Banda sonora: “En fin de la eternidad”. Iván Ferreiro. Todos los principios son finales disfrazados de oportunidades.

 

Silvia Artaza
Silvia Artaza

Adicta al queso y devota de la mencía. Actualmente coordina contenidos de estilo de vida en Gtresonline y reparte pluma en proyectos editoriales de la A.A. de la Real Academia de Gastronomía. Madrileña, enamorada de San Sebastián, a la que le apasiona comerse el mundo a bocados.

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