En el bolsillo, un mapa de EEUU y la obra En la carretera de Jack Kerouac, y en la playlist clásicos como Born to be Wild, Highway to Hell, Hotel California, Summertime, Viva las Vegas, The ring of Fire, Surfing USA, etc., sonando a todo trapo. Como acompañantes, un buen grupito de colegas con los que compartir uno de los mejores viajes que se puede hacer, por lo menos una vez en la vida. De Chicago a Los Ángeles, de Illinois a California, pasando por Arizona, Tejas, Nuevo México, Oklahoma, bienvenidos a un road trip por la Ruta 66.

El trayecto es largo. Precisamente unos 4.000 kilómetros de carretera (contar como mínimo dos semanas y media de viaje) que no parece tener fin y que discurre entre ciudades ‘yankees’ con enormes rascacielos, valles desérticos, gasolineras y pueblos fantasma, rocas y cactus milenarios, carcasas de coche oxidadas tiradas al borde de la carretera y neones, muchos neones (incluso de aquellos estropeados que parpadean indicando ‘no vacancy’ en la puerta de algún motel chunguito).
Todo es escenario de película, aunque aquí la realidad supera la ficción.
Y entre estos paisajes que recuerdan crímenes atroces, persecuciones angustiosas, viajes entre amigas alocadas, se alzan diners y fast food perdidos en lugares remotos desde hace décadas. Vestigios y reliquias de una época en que la Ruta 66 fue la vía de tránsito comercial entre un punto y otro del país.
Los regentan familias enteras ayudadas por alguna que otra camarera vestida con la tradicional bata y diadema a juego. En la barra color rosa o azul pastel suelen aferrarse los típicos personajes salidos de no-se-sabe-dónde y que si no fuera porque en la ruta todo parece molón, darían miedo, de verdad.

El denominador común de los locales de la Ruta 66 es la poca variedad de la carta: carne a la barbacoa, burgers descomunales, patatas fritas, cakes y batidos, por regla general. Los platos suelen caracterizarse por sus tamaños gigantescos. Otro detalle que comparten estos locales de mala muerte es que resulta poco probable encontrarse con guiris, ya que la mayor parte de la conocida ‘Mother Road’ se encuentra demasiado alejada de cualquier atracción turística. Por ello, siguen siendo muy auténticos y, ya sea por su estética, sus personajes, la experiencia que ofrecen o su oferta culinaria (doy fe de que una buena hamburguesa es algo realmente tremendo), estos locales se merecen una visita.
Además, si pertenecéis a este grupo de guays que se autoproclaman ‘foodies’, el viaje merece aún más la pena porque en la 66 nacieron los hoy más conocidos conceptos de restauración rápida. Casi todo se ha inventado aquí: los ‘soda fountains’, los ‘drive-thru’ o ‘drive-in’ (comida al volante), los ‘truck stops’, los ‘round the clock service’ (locales de comida las 24 horas).
Aquí van algunas de las instituciones que no hay que perderse de Chicago a Amarillo, primera parte de la Ruta…

Maid-Rite Sandwich Shop. 118 N Pasfield St – Springfield, Illinois. Fue el primer local en servir comida a clientes sentados en su coche (‘Drive-in’, como se conoce en España). De hecho, alardea de esta especificidad histórica en un rótulo gigantesco. Su especialidad son las hamburguesas súper tuneadas con cebolla frita, beicon y todos estos ‘toppings’ sanísimos.

Donut Drive-In. 6525 Chippewa St – St. Louis, Missouri. Los donuts de este establecimiento son considerados los mejores de la ciudad, siendo el más solicitado el que lleva un glaseado a base de chocolate. Y ni rastro de cronuts ni ostias.
Clanton’s Cafe. 319 E Illinois Ave – Vinita, Oklahoma. Abierto en 1927, es el restaurante familiar más antiguo del estado. Famoso por su pollo frito, que es considerado por los expertos como el mejor de toda la Ruta 66.
Midpoint Café. Interstate 40 – Adrian, Texas. Tres parámetros han dado fama a este local: 1) Como su nombre indica (‘el café del medio’, en castellano) se encuentra justo a medio camino entre Chicago y Los Ángeles. 2) Su colección de coches vintage aparcados en sus alrededores y el personal del local han inspirado los escenarios y protagonistas de la película de aimación Cars (tanto es así que los camareros comparten nombre con los protagonistas de cuatro ruedas del largometraje). 3) Su plato estrella es The ugly crust pies -la tarta fea pero crujiente-. El mejor (y seguramente más ultra calórico) postre que he probado en mi vida, convencida de que nunca podría acabar con él (y lo hice, con la ayuda de cuatro amigos, sin remordimiento alguno hasta que volví a subir en una báscula). ¿Los ingredientes? Chocolate caliente, helado de vainilla, cerezas confitadas, nuez de Macadamia, caramel, nata… ¡booooomba! La recuerdocon tanto cariño, que os aseguro que de fea no tiene nada.


Big Texan Steak Ranch. 7701 E Interstate 40 – Amarillo, Texas. Para que la visita salga a cuenta, hay que llegar a este local hambriento y con el pantalón desabrochado: te regalan el bistec de más de 2 kilos, especialidad de la casa, si te lo zampas con sus acompañamientos en menos de una hora cronometrada. Ojito, no es tan fácil como lo parece. Pero el precio del plato, unos 70 dólares, motiva bastante a darle caña al estómago.
*Una segunda parte presentará mañana nuestras recomendaciones de Amarillo a Los Ángeles, final de la Ruta.
4 comentarios
Felicidades por tu artículo. Las palabras me han transportado a las carreteras polvorientas que recorrí en un pasado no muy lejano. Describes el viaje mítico con precisión centrándote en uno de sus aspectos más imponentes: el estómago. Larga vida a la Ruta 66
Con una sonrisa al leer el artículo y recordar que yo también viví esa mítica ruta. Solamente el que haya vivido la experiencia puede saber de que habla realmente, pero toca felicitarte por saber sintetizar la esencia gastronómica de la ruta. Hacéis un gran trabajo, seguid así!
Grandes recuerdos y divertidos momentos son los que se pasan en este fantastico viaje… Inolvidable parar a tomar un café y dejarse llevar por ese mundo de años no tan lejanos en el que pareces vivir en una película, y acabas tomando un buen batido al son del rock&roll más genuino. Muy buen artículo en el que se refleja una buena mezcla de gastronomía e historia americana. Felicidades!!
Ahora si me has convencido, no me cabe la menor duda de que tengo que hacer ese viaje.
Felicidades un articulo fantastico!
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