Cuando dices marisquería, muchos piensan en sitios solemnes, elitistas, y en cuentas que te dejan temblando. Ya no. Tenemos en Barcelona muy buenos sitios donde comer marisco en un ambiente más informal y a precios razonables. Sitios muy recomendables que quieren acercar el marisco y otros productos marineros al gran público. Toma nota porque te van a encantar tanto como a nosotros.
Batea

Os hablamos de este restaurante cuando abrió en 2022 y automáticamente se convirtió para nosotros en una de las mejores aperturas del año. Estuvimos recientemente y reiteramos en lo maravilloso que es este lugar: uno de mis sitios favoritos de Barcelona y, además, céntrico a más no poder; está en Gran Vía, entre Rambla Catalunya y Passeig de Gràcia. Este proyecto del chef gallego Manu Nuñez y de su pareja, la jefa de sala y mixóloga Marta Morales, lo tiene todo: un interiorismo cool y acogedor, con mucho rollo, un servicio afable y atento pero no invasivo y una cocina que es una explosión de sabor del primer al último bocado. Sabores en los que siempre se cuela una nota sorprendente y una textura inesperada.
En los bajos del hotel Avenida Palace pero con entrada independiente, Batea se presenta como una «marisquería bistró». Me parece una buena definición. Un bistronómico donde la cocina del mar es protagonista, aunque cuenta con algunas otras opciones. Su carta es corta, divertida y cambiante, según la temporada y la lonja, que se mueve entre el atlántico y el mediterráneo. Uno de sus imprescindibles es la Mariscada fría, que incluye tres bocados sorprendentes por comensal -de una gilda marina a un profiterol o una mousse de mejillón en escabeche- que van cambiando. La empanada crujiente de atún Bluefin, la tortilla estilo Betanzos con topping de calamar, croqueta de cocido gallego con tartar, ceviche de pescado de lonja, navajas con una salsa adictiva, tacos marineros, un pulpo meloso… Querrás probar todos los platos, con razón, y no te decepcionará ninguno.
Manu Nuñez y Marta Morales están detrás de otro gran restaurante de Barcelona: Besta, que también te recomendamos mucho.
Batea. Gran Vía de les Corts Catalanes, 606.
Taberna Nardi

Esta taberna de mar del Born, impulsada por Martín Pimentel como “hermana pequeña” de Bar Pimentel, se presenta como una marisquería irreverente y moderna donde la despensa marina española y el toque mediterráneo son los protagonistas absolutos. El espacio acompaña: minimalista, con una barra muy protagonista, un aparador de pescado fresco y las sugerencias del día escritas a mano, como mandan los cánones del buen tapeo marino.
Aquí la cocina se mueve entre la lonja, la plancha y la robata, con una propuesta que quiere respetar el producto pero sin caer en formalismos ni rigideces. Hay platos que de verdad despiertan el apetito, como los embutidos de mar, los huevos rotos con gamba roja y chips, el brioche con tartar de atún Balfegó y salmorejo cordobés, el pincho moruno de merluza, las rabas o las croquetas de tinta de calamar. También hay sitio para la cuchara y el fondo, como demuestra su carrillera de mar con parmentier de patata. Pero fíjate sobre todo en si en sus sugerencias del día tienen parpatana: viene a ser el chuletón del mar y es una delicia pura. Se acompaña todo de una selección de vinos naturales con mucha chispa.
Nardi. Corders, 11.
Mundial Bar

Esta histórica casa del Born, fundada en 1925, vuelve de la mano de Grup Confiteria reivindicando precisamente lo que la hizo grande: su condición de marisquería popular de barrio, con tapas, platillos y platos de pescado y marisco a precios populares. Y eso, en una ciudad donde cada vez cuesta más encontrar lugares con memoria y carácter, se agradece muchísimo.
Lo bonito es que no han intentado convertirlo en otra cosa. Al contrario: han querido respetar el alma del local, su arquitectura y su poso, desde la barra de mármol y las estanterías con botellas hasta las mesas de mármol y hierro y un mural de seis metros reproducido a partir de fotos históricas. El resultado promete ese equilibrio tan difícil entre bar con historia y dirección apetecible para el foodie de hoy: un sitio con encanto, con relato y con una propuesta que invita a entregarse al tapeo marino sin ceremonias, pero con toda la gracia.
Mundial Bar. Plaça de Sant Agustí Vell, 1.
Lluritu

Lluritu lleva tiempo demostrando que comer marisco en Barcelona puede ser una experiencia festiva, bastante informal y muy satisfactoria. La casa se define como una marisquería de gama media, con ambiente desenfadado e incluso festivo, y esa descripción le encaja perfectamente. Aquí no se viene a una comida encorsetada ni a una ceremonia del mantel, sino a disfrutar del producto con alegría, a compartir, a pringarse un poco y a salir con la sensación de haber comido muy bien.
La clave de Lluritu está en la brasa y la plancha, en la carta corta y especializada y en esa voluntad de dejar que el producto se luzca sin demasiada distracción. Navajas, sepionets, mejillones a la brasa, ostras, tellinas, escamarlans… todo invita a una comida de picoteo marino muy bien pensada, con ese punto adictivo de los sitios donde querrías pedir “una cosita más” todo el rato. Tienen tres direcciones en la ciudad.
Lluritu. Torrent de les Flors, 71; Virtut, 11; y Passeig de Sant Joan, 72, Barcelona.
