80 grados: bocados pequeños, sabor grande

Es curiosa la historia de 80 grados: un restaurante inspirado en la cocina a baja temperatura que, a raíz de su éxito en un barrio nuevo como Las Tablas, ha acabado abriendo un nuevo local en el centro. Parece la historia al revés de muchos establecimientos, que debutan en las cercanías del kilómetro 0 para, en caso de tener éxito, multiplicarse en barrios y ensanches. Ocupa un localazo en Manuela Malasaña, el que albergara el Nina, uno de los que popularizaran el brunch en Madrid hace una década y al que le tocó, a partir de la crisis, vivir una decadencia de la que ya no se recuperó.

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Visitamos el nuevo local, que aún no tiene un mes de vida y la verdad es que parece que va viento en popa. Su idea: miniplatos individuales que permiten probar gran parte de la carta de una sentada. Un mediodía entre semana el aspecto era de un restaurante con una clientela consolidada. Pero para entrar en detalle, vamos a jugar con la temperatura como ellos hacen, siguiendo su ejemplo, y sometámoslo a nuestro gastrotermómetro:

Leche con galletas

En ebullición. Vamos a señalar como lo más caliente el postre… que paradójicamente es frío. Su leche con chocolate con galletas deconstruída en dos cremas, una marrón clarita y otra negra que se mezclan con la cuchara y se juntan en el paladar, nos lleva a toda velocidad hacia los recuerdos de la infancia. Una forma perfecta de recuperar esas meriendas de tazón de Cola Cao dentro del que triturábamos galletas María como si no hubiera mañana para formar una pasta deliciosa y un poco guarrindonga. Guilty pleasure, que lo llaman.

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Hot hot hot. En un momento en el que las hamburguesas están hasta en la sopa (mira: es lo que falta, una burger soup), 80 grados presenta su concepto xs y nos convence. Presentada en un envase industrial de poliestireno como los que se usaban antes en las cadenas de hamburgueserías, lleva cebolla roja, rúcula, tomatito cherry  y viene dentro de una mini chapata que, pese al dedo de ketchup, llega a la mesa crujiente. La carne, muy correcta, se beneficia de unos estupendos compañeros de viaje.

Calima suave. Nos gusta mucha que en 80 grados el menú de mediodía sea tan completo: prácticamente todos los platos de la carta pueden probarse combinándolos en la comida de lunes a viernes y a un precio módico. Además, la propuesta, de acuerdo con el tamaño de las raciones, incluye cuatro raciones xs. Todo un ejemplo para esos restaurantes que se sacan de la manga un menú que nada tiene que ver con lo que tienen en carta.

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Templado, templado. Varios de los platos llegan a la mesa en formato de minicazuelitas estilo Le Creuset en versión diminuta. Es el caso de los ñoquis en salsa de setas y parmesano. El plato funciona bastante bien porque los ñoquis tienen el punto de cocción perfecto, un poco más allá de al dente, lo que hace que, envueltos en la salsa, resulten muy cremosos. Dentro de la cazuela vienen un par de champiñones que no son boletus, pero que hacen de perfectos secundarios.

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Del tiempo. La ensaladilla rusa aquí es de color verde. ¿Por qué? Porque la mayonesa se sustituye por una salsa de perejil que le otorga un color pistacho bastante curioso. Más allá de la tonalidad (que puede hacer más o menos gracia), lo cierto es que no llega a aportar demasiado sabor y la ensaladilla se queda en tierra de nadie porque lo que debería hacerla diferente no acaba de cuajar. De sabor está bien, nada que objetar, aunque lo cierto es que esperábamos un poquito más.

Fresquito mañanero. En 80 grados todos los platos, salvo el postre, llegan al mismo tiempo a la mesa. Es la filosofía del local, pero no estamos seguros de que sea lo más acertado. Primero: porque si comes lentamente, es posible que alguna de las raciones se enfríe en el camino. Segundo: porque acabas mezclando sabores cuando a lo mejor no te apetece… Está bien que no creas en primeros y segundos, pero mejor dar a elegir al comensal.

Pingüino de Longhi. Con una situación privilegiada, unas cristaleras espectaculares a la calle Manuela Malasaña y unos techos altos altísimos, hubiéramos esperado un poquito más en el apartado decorativo. Ladrillo visto y toques de madera para un minimalismo que, a la larga, resulta un poco frío. Aunque mejor esto que algunas estridencias de colorinchis que ya no nos ponen nada de nada…

80 grados. Manuela Malasaña, 10. Teléfono 914 458 351.

Horario: De lunes a jueves, de 13.30 a 16.30 y de 20.30 a 00.00. Viernes, de 13.30 a 16.30 y de 20.30 a 02.00. Sábados, de 13.30 a 02.00 y Domingos de 13.30 a 00.00.

Precio medio: 20-25 euros (carta). 13 euros (menú).

www.ochentagrados.com

Banda sonora. Radio Futura – 37 grados.

Javier Sánchez
Javier Sánchez

Lleva comiendo prácticamente toda su vida, así que sabe de lo que habla. Un hombre, un reto: conocer TODOS los restaurantes de Madrid. Sigue en ello y empeñado en descubrir las últimas tendencias gastronómicas como coordinador de Cocinatis.com junto a Laura Conde, en el blog de gastronomía Oído Cocina de Yahoo! y como colaborador en sitios como Dominical, VICE o distintos medios del Grupo Prisa.

5 Comments
  1. Sinceramente UNA GRAN DECEPCIÓN Y EL PEOR SERVICIO EN MUCHO TIEMPO, había comido numerosas ocasiones en el de lAs tablas, y me había gustado mucho, ayer comimos en el de la calle Manuela Malasaña y nos quisieron servir tan rápido porque querían cerrar que:
    comimos en menos de 15 minutos, y para nosotras era una comida de navidad tranquila, si quieres cerrar no me des mesas, y si me la das no me desde comer así.
    Trajeron los platos calientes antes de traer los platos fríos, concretamente el huevo trufado , y además estaba frío, como si les hubiera sobrado de otro servicio, cuando se le pidió al camarero que lo trajeron mas tarde , se dijo que eran lentejas que en el restaurante se servia así, DEBE SER EL PRIMERO DEL MUNDO QUE SIRVE UN HUEVO FRIO SIN CUBIERTOS
    Te recogían los platos sin haber terminado de comer y sin tener la bebida terminada.
    EN DEFINITIVA UN AGOBIO, MAL SERVIDO, FRIO, JAMAS VOLVERÉ A ESTE RESTAURANTE Y POR SUPUESTO NO LO RECOMIENDO.

    1. Hola Rocío. Nosotros estuvimos entre semana y la verdad es que todo fue bastante bien. Pero es posible que los fines de semana la cosa sea diferente… no lo dudo. Como tú dices, en el de Las Tablas todo había ido como la seda y la verdad es que es el mismo concepto. Gracias por tu comentario.

  2. Acudimos 2 veces a este restaurante en la calle Dos de Mayo, puesto que al leer las críticas nos apeteció probarlo.
    La primera vez que fuimos el ambiente nos resultó agradable, la música ambiente suave, la comida pese a ser escasa está bien cocinada y el precio un poco caro para lo que se ofrecía.
    En la segunda vez fuimos con motivo del día de los enamorados, reservamos mesa con varios días de antelación, y nos ofrecieron una mesa con horario restringido de 13:30 a 14:15 h, puesto que el resto de horarios estaba todo lleno. No nos importó acercarnos tan temprano, lo que nos disgustó fue el nivel acústico de la música ambiente. Como nos era imposible entendernos en un tono audible, le indicamos a la camarera que bajara el volumen a lo que nos contestó que no se podía bajar puesto que estaba configurado para que no se pudiera tocar. Como la música estaba a un volumen exagerado, lejos de lo que se podría entender como romántico, íntimo y acogedor, nos levantamos de la mesa para dar una queja a la encargada. Ésta nos dijo textualmente que no se podía bajar puesto que era un “disco restaurante” y que si queríamos podíamos cancelar la reserva puesto que ya lo tenían todo reservado.
    Como es lógico nos fuimos con la sensación de haber sufrido un mal servicio por parte de esta empresa y con la promesa futura de no volver. Esta actitud nos costó estar 2 horas mirando restaurantes en la zona para terminar comiendo en cualquier sitio, muy lejos del sitio especial que buscábamos en ese día. ¡Gracias por amargarnos el día señores de 80 grados!
    Personalmente no lo recomiendo, más cuando tienen esta política de desatención y burla al cliente.

  3. Sinceramente, no volveré. Todo muy cool pero La Cocina es media. La originalidad de la presentación no me sirve, entre otras cosas, porque la atención deja bastante que desear. Lentos. E incluso con contestaciones poco apropiadas. .

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