AQ, más allá de la muralla de Tarragona

No diremos que sea una lástima que Tarragona tenga una gran muralla y no un muro porque el guiño seriéfilo a “Más allá del Muro” era el título con gancho predeterminado a esta crónica a la gran visita al restaurante AQ. Regentado por Ana Ruiz y Quintín Quinsac desde hace ya más de una década y localizado prácticamente a la sombra de la catedral de tan magna ciudad imperial, el restaurante AQ vive una segunda juventud en plena madurez existencial.

De ser un restaurante clásico de mantel y copa, digno aspirante cada año a entrar en el universo estrellado de Michelin, ha pasado a convertirse con un acierto indudable y un éxito asombroso en un restaurante informal en el que marcas tu elección con lápiz sobre un menú que esconde maravillas en cantidades ingentes.

AQUna reforma que ha dotado al local de un comedor muy amplio y una decoración desenfadada, lejos de la rigidez de un restaurante de los considerados “serios”. Un elegante salón privado al fondo y una apertura de la cocina al público prácticamente literal ya que se puede comer en la barra mientras se disfruta del trabajo de la chef y sus muchos ayudantes a escasos centímetros. Primera línea.

El cambio les ha sentado muy bien. Tanto Ana como Quintín manifiestan una alegría desbordante ante esta nueva etapa en la que se han convertido en un referente en el centro de Tarragona para familias completas (sin que su público anterior haya dejado de visitar el local) que buscan poder disfrutar de platos maravillosos y de calidad superior huyendo de locales para turistas de paella y kebab. Su cocina ha pasado de ser territorio de la chef y un ayudante a ser cuatro o cinco personas más en cada pase.

La muerte del menú degustación significó la flexibilidad de la oferta en AQ. Pasaron del formato clásico amichelinado a un formato mucho más rápido y flexible. Puedes ir a comer y gastar tanto 20 € por cabeza como 50 €. Todo dependerá del hambre con el que llegues a su mesa (por conocer la carta, se entiende).

Una carta con unas treinta referencias tanto de platos como de vinos que son más que suficientes para disfrutar al máximo de la visita. Algunos platos son individuales y otros para compartir, con lo que la flexibilidad de la que hablábamos anteriormente se vuelve a hacer patente en este nuevo giro de AQ.

En nuestra visita pudimos degustar varios platos para el recuerdo y un vino para la leyenda. Muy interesante poder iniciar la comida con unas patatas al mojo picón que nos trasladan a Canarias, zona de la que son grandes admiradores en este local. Unos callos con pulpo que para los admiradores de la casquería son de matrícula, por la originalidad de la propuesta y por ser un digno plato apto para mojar un kilo de pan como es preceptivo. El falso ravioli de gamba al ajillo que queda como icono vital del AQ de siempre y que es una delicada maravilla que debería comer todo el mundo que pone el pie en este local.

La fusión nostrada del ramen de escudella, que viene indicado como plato individual porque se mete la cuchara y eso siempre es un punto a favor del no compartir con cualquiera, pero que acaba siendo un festival de regueros de sopa por la mesa porque todo el mundo quiere probar. El canelón con salsa de ceps, maravilloso, sabroso, excelso en la ejecución para los amantes de la bechamel. La increíble costilla de cerdo ibérico a la brasa con salsa BBQ que es un festival carnívoro vikingo que haría palidecer al mismísimo Atila si hubiese amenazado Tarraco en su paseo por el Imperio.

Y el vino que acompañó casi la totalidad de la comida: un Mas d’en Compte, un blanco del Priorat de 2013, del Celler Cal Pla. Increíble elección de Quintín con la que intimamos tanto que incluso repetimos tras la primera botella. Magnífico acompañamiento de los que rompen esquemas, un blanco potente con cuerpo y contundencia suficiente como para aguantar casquería y carnes de todo tipo sin flaquear.

No es Tarragona una ciudad fácilmente reconocible para el barcelonés de pro. No es Tarragona una provincia que se visite como se merece. Se resiste a desaparecer una especie de estigma que hace que se siga viendo el sur del Principado como un territorio a evitar. Que lo bueno está en el norte, en la Costa Brava, en los Pirineos. Que al sur sólo van los que no pueden ir al norte. Si piensan así, se lo van a perder. Algo se mueve en el sur y no siempre es culpa de Florentino. No se pierdan esta cocina sin más efectismos, directa y honesta en un local que merece mucho la visita. A una hora de Barcelona.

AQ. Les Coques, 7.
43003 Tarragona.

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David Valdivia
David Valdivia

Lleva recorriendo bares trasnochados y restaurantes pasados de moda desde mucho antes de tener un blog. Mientras se dedicó al mismo se convirtió en 'influencer lowcost' y tras desaparecer sin dejar rastro ha retomado lo de impartir cátedra desde los micrófonos de Ràdio 4 cada semana. Se especializa en menús baratos y bocadillos grasientos porque el presupuesto no le da para más, pero sabe más cosas de las que parece.

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