Cantabria: 7 paradas donde comer bien

Hemos pasado un fin de semana largo en Cantabria, y esto es lo que hemos probado durante nuestra escapada para visitar lugares conocidos (Santander y Santillana del Mar, por ejemplo) y otros menos turísticos (las cuevas de Covalanas, Reinosa, el castillo de Argüeso, por poner otros ejemplos).

1. Bodega del Riojano (Santander)

Este es uno de los restaurantes más especiales de Santander. Porque propone cocina casera bien hecha en un entorno artístico, ya que las barricas de vino que decoran las dos salas están pintadas por artistas de nivel: Ràfols-Casamada, Ramón Calderón, Antoni Clavé, Oswaldo Guayasamil, Eduardo Gruber, Manuel Viola, Miguel Ibarz…  Ojito a tu alrededor, pues, mientras comes esos platos de toda la vida como las alubias rojas, los pimientos rellenos de carne, el bacalao con tomate y, por supuesto, faltaría más, cómo no olvidarse de ellas: las rabas (es la foto que abre este post). De lo mejorcito de la ciudad. Vale la pena, de verdad. Río de la Pila, 5. Santander.

2. El Muelle del Centro Botín (Santander)

El nuevo reclamo turístico de Santander es el Centro Botín, un espectacular edificio proyectado por el premio Pritzker Renzo Piano que tiene unas fabulosas vistas a la bahía desde lo más alto. A ras de suelo, hay otro gancho, el bar-cafetería que regenta el cocinero Jesús Sánchez (dos estrellas Michelin por Cenador de Amós). Aquí hace cocina de lo más popular, desde la hora del desayuno hasta la noche, cuando también sirve copas. Su propuesta gastronómica, para resumirla en una frase (la suya) sería esta: desayunos y meriendas con pan artesano, repostería casera y tapas con un toque cántabro. Muelle de Albareda, Paseo de Pereda, s/n. Santander.

3. Parador de Santillana Gil Blas (Santillana del Mar)

Dicen que Santillana del Mar es el pueblo de las tres mentiras porque no es santa, no es llana y no tiene mar. Resulta que las tres cosas son verdad (incluso hay mar en su término municipal, aunque un poquito lejos). Lo que sí sé es que tiene rincones chulos donde comer o cenar, como el Parador Gil Blas, que ocupa una casa solariega del siglo XVII y otra de construcción posterior. En su restaurante, llamado El Jardín de Gil Blas, no esperes cocina de autor de altos vuelos, pero sí un menú de cocina tradicional cántabra con platos como el cocido montañés, el solomillo de ternera tudanca a la parrilla con pisto de verduras y pastel de patatas, la suprema de rodaballo, quesos cántabros y postres caseros como la tarta Santa Juliana y la torrija pasiega con helado de sorbete. Plaza de Ramón Pelayo, 11. Santillana del Mar.

4. El Pasaje de los Nobles (Santillana del Mar)

En Santillana del Mar hay muchos nombres que evocan épocas de esplendor de la nobleza. Por ejemplo, me alojé en el hotel Casa del Marqués (calle del Cantón, 26) y cené en el El Pasaje de los Nobles. Allí elaboran una cocina de producto muy bien presentada en un ambiente recogido y super agradable. Parece que estés en el salón de una casa particular, y no solo por la decoración, sino por el trato de los camareros. Se nota que saben cómo hacerlo, porque sus propietarios pertenecen a la cuarta generación de una familia que trabaja en El Pasaje de los Nobles haciendo felices a los visitantes de este bonito enclave turístico. Las anchoas de Santoña con pimientos asados y las zamburiñas a la plancha formaron parte de una cena de las que no me importaría repetir. Calle de la Carrera, 6. Santillana del Mar.

5. Casa Quevedo (Santillana del Mar)

Un establecimiento histórico en un enclave histórico. Su leche y sus sobaos, quesadas y sus bizcochos elaborados siguiendo una receta secreta para que absorban la leche y sigan siendo esponjosos son motivo de peregrinación obligada. Dicen que la suya es una de las mejores leches de España, y lo mismo habrá que escribir sobre las piezas que salen de su obrador, vistas las colas que se forman frente a su puesto, ubicado junto a la colegiata de Santillana del Mar. Calle del Río, s/n. Santillana del Mar.

6. El Pericote de Tanos (Torrelavega)

Aquí juegan con ventaja. Y está bien que así sea: dado que su responsable, César Muriedas, tiene una “estrecha relación familiar con la ganadería cántabra”, ha sabido elegir buenas carnes para crear una carta no apta para vegetarianos (aunque hay ensaladas y bacalao y pescado del día). Y así se ha posicionado como uno de los mejores asadores de la zona. Saben madurar la carne y saben trabajarla con el fuego. Entre otras, tienen carne pinta, muy jugosa y tierna; carne de vaca machorra (al no haber parido, su carne no ha sido sometida al estrés de un parto y su textura es casi cremosa), y la escasísima carne de buey. Además de una buena carta de vinos, hacen vermut casero. Avenida de Fernández Vallejo, 51. Torrelavega.

7. Casa Vejo (Reinosa)

Esta pastelería es célebre Reinosa y parte del extranjero por unos dulces hojaldres llamados reinosas (saben mucho a mantequilla y están de auténtico vicio) pero también por sus otros dulces artesanos, que sirven recién horneados. El local, que cuenta con restaurante y cafetería, mola por su aire retro, que por momentos puede recordar a los bares de carretera de Estados Unidos. Esos neones… Calle Mayor, 32. Reinosa.

Ferran Imedio
Ferran Imedio

En los últimos dos años ha visitado más de 300 restaurantes, pero su colesterol sigue en niveles normales. Esta rareza sin explicación biológica le permite seguir escribiendo sobre gastronomía en El Periódico de Catalunya, donde antes fue responsable de la sección de Gente y ahora, de Cocina's de la revista 'On Barcelona'.

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